"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




7 de Agosto, 2006


A solas con todo el mundo

Publicado en De Otros. el 7 de Agosto, 2006, 23:52 por Juanjlp

De Charles Bukowski (1920-1994)

La carne cubre el hueso

y dentro le ponen

un cerebro y

a veces un alma,

y las mujere arrojan

jarrones contra las paredes

y los hombres beben

demasiado

y nadie encuentra al

otro

pero siguen

buscando

de cama

en cama.

la carne cubre

el hueso y la

carne busca

 algo mas que

 carne.

no hay ninguna

posibilidad:

estamos todos atrapados

por un destino

singular.

nadie encuentra jamás

al otro.

los tugurios se llenan

los vertederos se llenan

los manicomios se llenan

los hospitales se llenan

las tumbas se llenan

nada más

se llena.

.

.

.

No es muy edificante, pero quise compartirlo...

Arnaldo Calveyra

Publicado en De Otros. el 7 de Agosto, 2006, 23:48 por MScalona
Caminaba el hombre
Caminaba el hombre
llevado por su estrella,
no diferente al yuyo
que al agacharse
toca con la mano
hombre
atendido por su estrella,
forma dulce de tierra
por cuestas de retama
de loma en loma
hablado por los pájaros
herido por cinco pies de
tierra
como las nubes errantes
busca arroyo
donde aliviarse,
reflejarse
y la vara de nardo
de la luz
que lo conversa
brillante de verde
de hondonada
olías a
lentamente tierra,
la tierra curva
de Entre Ríos
llegada de su noche
una lumbre siempre pronta
que lo entibia
el hombre, el doble de su estrella
atraído por su sol
¿dónde los cinco pies
de tierra
que lo exaltan
en la voz de la calandria?
creencia dulce
de senderos.
***
***
ARNALDO CALVEYRA
Mansilla, Entre Ríos 1929.
Vive en París desde 1956.
El próximo viernes 8 de setiembre a las 19 hs
lee en el Parque España
en el Fest Poesía Rosario 2006

haikus sobre el bazar

Publicado en General el 7 de Agosto, 2006, 22:12 por Marcelo Sánchez

Vano esfuerzo.
Lo viejo flota siempre,
en el olvido.

Bajo el polvo,
los antiguos objetos
que nadie busca.

En ese lugar,
habita lo perdido.
Navego lento.

Tal vez el tiempo
no sea invencible,
Solo la muerte.

Nada regresa,
Todo se nos escurre,
y después morir.

Ella inmóvil,
sin esperar ya nada,
casi existe.

Hubo un mundo
donde tuve un lugar.
Y no es éste.

Rastro de nada,
asoman sus lagrimas.
Tal vez muy tarde

Lo que perdura,
lo decide el azar.
Raro destino.

Inocente paz
Descienden las persianas
Nadie pregunta.

Si-Tarea

Publicado en Cuentos el 7 de Agosto, 2006, 16:00 por Germán Minguei

Argumento para un relato fantástico.

 El niño mira atentamente el bazar que está cruzando la calle. Demora sus días contemplando casi alucinadamente el viejo inmueble de calle Roca al 200.

Algo infrecuente ocurre entre esas paredes, detrásdebajo de esa marquesina. Es muy niño y no sabe qué es una marquesina aunque la esté viendo. Tampoco alcanza a comprender la magnitud del milagro del que será testigo.

Intuye a su manera, a la manera de los niños,  que los clientes del bazar no son personas comunes.

Sabe de manera incierta que los dueños del anacrónico negocio son seres especiales.

Ignora, sin embargo, que entre las lámparas, ollas, sogas, papeles, artículos de tocador o repuestos

escolares están los objetos más buscados y maravillosos. Los clientes del bazar, los verdaderos clientes, saben que allí, en ese lugar, justo ahí, pueden encontrar la hoja perdido del libro de poemas, las muñecas extraviadas, los exámenes de la primaria, las fotos añejas, los recuerdos ocultos.

El niño, que es muy niño para tener olvidos, nostalgias o amores rotos, no sabe que los que entran en el bazar buscan algo preciso. Buscan un objeto exacto que han perdido en el tiempo. A nadie parece importarle el mecanismo mediante el cual las ollas gastadas aparecen relucientes y colgadas de un clavo, o los jabones están nuevamente envueltos y sin uso, o los regalos desenvueltos, esperando ser enviados, esta vez, al destinatario correcto.

Con atención obsesiva el niño observa cómo, cada mañana, o cada tarde, una pequeña multitud de nostálgicos y desalentados busca esa tabla de salvación de su naufragio particular.

No sabe todavía que él mismo estará buscándose una tarde gris.

Carlos Bagnato

MARQUESINA

Publicado en General el 7 de Agosto, 2006, 12:02 por Lorena Aguado

Mediante este posteo quiero felicitar a Don Scalona por la marquesina.

E  x  s  s  s  s  e  l  e  n  t e !!

Se me ocurren otras variantes a las palabras mas bellas:

- "No sabés la celulitis que tiene Dolores Barreiro"

- "Mañana te llamo"

- "no vamos a hacer nada que no quieras"

- "Me encantan las mayores de 30"

- "lo importante es lo de adentro"

ALGUIEN APORTA ALGUNA MAS???

Bazar

Publicado en General el 7 de Agosto, 2006, 11:32 por -luciano-

Otro más ... Qué es lo que buscan? Aparecen de golpe; son como hormigas negras. Este es el sexto y recién es martes. La semana pasada fueron nueve; y ninguno del Barrio. Tenía razón Don Cesar, es por la construcción. O seguro los mandan ellos. Pero conmigo no van a poder. Si ni siquiera llaman por teléfono. Una vez por semana estaría bien, pero nunca, ni para los cumpleaños.

- Querido, se te ofrece algo? 

- Gracias, estoy mirando nomás.

Miran, miran y no compran nada. Se piensan que no los reconozco. Pero por las malas no lo van a lograr. A mi no me va a pasar lo mismo, tengo derecho: vivo atrás, si no viviera atrás no se, pero yo vivo atrás. Pobre Don Cesar, si se hubiera mudado... pero no sabía. Y ahora hicieron ese edificio tan feo. Pero yo no se las voy a hacer tan fácil. Además, a dónde quieren que vaya?

- Disculpe, ésta olla plateada, cuánto vale?

- Cincuenta y siete pesos, contado efectivo ...

No se para que preguntás: muerto de hambre. Me hacen perder el tiempo. Y si me descuido un segundo, después falta algo. Qué me mira tanto? Qué es lo quieren? Ver si estoy por morir; no respetan ni a una pobre vieja.

- Nene, llevás algo o no? Apurate que estoy por cerrar.

- Pero son las seis. No abre hasta las ocho.

- Hoy cerramos  a las seis.

Si quiero cerrar ahora, cierro; irrespetuoso de porquería. Si no te vas, te saco con la escoba. Pobre Don Cesar, de haberse dado cuenta todavía estaría trabajando: si lo llamaban de todos lados, en el Colegio siempre se rompía alguna; todos los curas lo hicieron ir, y hoy con la Municipalidad se hubiera llenado de plata, si ahí escriben todo a máquina. Pero ya estaba viejo. Él también tenía siete nietos, o seis eran; decía que los veía los domingos; pobre, si me lo cruzaba en el parque, siempre solo. Se hacia el que no me veía.

Sí ... andate nomás y no saludés, mal educado; y deciles que de acá no me muevo; ni por toda la plata del mundo; por las malas no me van a sacar. Nunca vinieron tantos como estas dos semanas; es por la construcción, dicen que ya no queda lugar. Mirá, ahí viene otro. Son como hormigas negras. Este se vino de traje, como el de ayer, con su saquito marrón.

- Querido, volvé otro día. Ya estoy cerrando ...

Se piensan que me van asustar; aves de rapiña son. Todos igualitos, miran y no compran nada. Sí, seguro los mandan ellos. Si por lo menos llamaran por teléfono, o se dieran una vueltita; una vez por semana aunque sea; pero no. Mejor pongo llave, a ver si se mete otro. Total, si vienen pueden tocar timbre, saben que vivo atrás; aunque con la televisión casi no lo escucho; pero, por lo que hay para ver; por las dudas espero un rato más; quien sabe este año se acuerden, y me quieren dar la sorpresa; además ... mirá, recién está oscureciendo.

 

Envueltas en papel madera

Publicado en General el 7 de Agosto, 2006, 10:56 por lilian

.

Como en un torrente imparable

resbalaremos

sin los diques de la razón

los objetos, desde el principio de la memoria

desde cualquier circunvolución

desde vitrinas

se abalanzarán a las pupilas

con música

fragancias

voces

de a dos o tres

plumas-escuela-tinta-dedos

velas-tazas

goma de borrar nueva

volver a empezar

soplaremos restos

y aún quedarán huellas

se nos pedirá un esfuerzo

estampitas-enchufes

estaremos obligados a diferenciar

desde dónde llegan

adonde van

nos restregaremos los ojos

ahuyentando la invasión

de recuerdos

que buscan detenerse

naftalinas-palanganas

la yapa-la charla

escucharemos

la historia de "Las Tres Jotas"

Joaquín

Javier

Julián

tres hermanos...

y un vecino que no los sabía reconocer

daría el nombre

al laberinto

espacio de sueños

Javier era "el mío"

dirá Ángela, -la dueña-

nos sonreirá

desde ayer, remota,

-empecé a trabajar cuando aún no habían nacido-

implacables

las arañas las redes

y el tiempo.

El presente es nudo

¿ó vórtice?

Ollas-sogas-moldes-brillantina

"Pirex"-papel de forrar,

desaliento-aliento

el nuestro

el mío

espera-encuentro

estantes-cubiertos-

tapones de goma-herrumbre

fotos de bebés con jopos

-¿Quienes habrán sido?-

se abalanzarán

polvorientas

de a dos, tres, miles, las puertas mnémicas

¿cuál abrir?

¿por donde...?

húmedo umbrío

casi vegetal

las cosas que veremos

no estará ya

o no, todavía

o no estuvieron

nos aferraremos a alguna certeza

pese a estar advertidos

lo querremos escribir

custodios del secreto

-y subyugar-

nos tocaremos la cara

la cara en la mano

la continuidad del tacto

garantizará

que no hubo emboscada.

Yo sólo compraré lamparitas

-dijo que le molestaba esa luz tan intensa-

baldes-rótulos-plumeros

marquesina-andén

¿Volamos o nos empujaron?

Traeré las luces

-envueltas en papel madera-

gotas

del antiguo bazar... 

La vigencia del bazar ante la arremetida consumista del shopping

Publicado en General el 7 de Agosto, 2006, 1:14 por negrointenso

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La marquesina y la vidriera

antesala de otros tiempos.

Sólo

los viejos resiten,

algunos.

Los adultos se aburguesan

engordan, se lipoaspiran

inyectan colágeno,

usan chombas rosadas.

Reciclan, se adaptan o

cartel de demolición.

Abro la puerta

y compro un plato hondo

enlozado

y con flores

en el fondo

imagino mi sopa floreada.

Verónica Laurino.

:: Las góndolas sólo existen en Venecia ::

Publicado en General el 7 de Agosto, 2006, 0:36 por Lorena Aguado

Llegué. Él estaba apoyado sobre la vidriera del viejo bazar.

Tenía un saco azul.

Un saco azul y dos muletas.

Un saco azul, dos muletas y una sonrisa.

La sonrisa permaneció invariable por unos segundos luego de saludarme.

La sonrisa sostenida sin muletas, pese al frío.

El bazar tenía las puertas cerradas y una mujer adentro. Ella vivía ahí y nosotros queríamos entrar. Necesitábamos un palo de amasar, dos tazas con recetas de sopa impresas en inglés, y un adaptador para enchufes de 3 patas.

Al empujarla, una de las hojas de la puerta cedió silenciosamente y la mujer no se movió detrás del mostrador, reencarnando en maniquí.

Parecíamos colonizadores del Nuevo Mundo visitando un territorio civilizado y olvidado. Ateos, reparamos en las imágenes de mujeres santas sin sexo, congeladas en plano americano; resistiendo enmarcadas entre coladores, baterías de cocina y  plumeros.

En ese lugar el tiempo había sido interrumpido en plena conferencia de almanaques. Todo allí, el olor, los muebles, el retrato de la mujer muerta, la humedad, el polvo, era conservado con bolitas de naftalina que se vendían sueltas por kilo. Me imaginé pidiendo 200 gramos de repelente de polillas y caí en la cuenta de que esa actitud no encajaba conmigo.

Él y yo nos comportábamos como un dúo ilustrado en vicios de supermercado que no ocultaba la sorpresa al descubrir los precios manuscritos pegados sobre cada cosa.

Podíamos adivinar que los códigos de barras habían sido repudiados junto a las tarjetas de débito y las cajas registradoras. Pensamos que no estaría mal la idea de pronunciarse en contra de las cadenas de autoservicio mediante un cartel en la vidriera que diga: las góndolas sólo existen en Venecia.

La luz tenue del lugar alimentaba pensamientos color sepia y la mujer detrás del mostrador abandonó su pose de maniquí y comenzó a hablar de recuerdos y demoliciones. Un marido muerto hace 30 años, una patente de 1943, un noviazgo de ocho abriles y dos nietos demasiado ocupados, eran parte de la lista de aquellas cosas que no tenían precio dentro del bazar.

Afuera, el sol vertical burlaba a los edificios de propiedad horizontal que aplastaron la historia lindante.

No sé él, no le pregunté, pero yo no quería irme. Habíamos pagado e incluso obtuvimos un descuento respetable por el palo de amasar, pero ello no me aliviaba lo suficiente.

Una última mirada panorámica no me alcanzó para conservar la sensación de dominar el tiempo, de dejar las cosas como están, de resistir puertas adentro.

Tal vez, si hubiera encajado.

Tal vez hubiera podido.

Con sólo 200 gramos de naftalina.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-