"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




22 de Julio, 2006


Intentar

Publicado en Cuentos el 22 de Julio, 2006, 22:22 por dafunistika

         Intenté, de muchas maneras, no escuchar. Simplemente ignorar sus defectos, pretender que no me hacía daño. Ya no puedo. Quiero gritarle, samarrearla, pegarle un par de cachetadas, quizás, así, entre en razón. Pero no, ella no puede o no quiere. La veo rendirse en el facilismo, se acostumbra, ella, a ser el monstruo defectuoso todos los días. Antes, la soportaba, pues era el monstruo de a ratitos.

         Traté, muchas veces, controlar mi impaciencia, quise no rendirme. Quise frenar los impulsos de irme lejos, tan lejos como mis pies y mi escaso dinero me lo permitiesen. Ya no puedo. Estoy en otro lugar, es este otro mundo para mí, y ella no respeta. No confía, como cuando éramos chicas.

          Hoy, le hablé, quise samarrearla, no pude. Ella no quería, seguía leyendo aquél manga, y me ignoró. Cuando me dirigía a la cocina, me miraba, esperaba que yo dijera algo. Con sus ojos, inquisitivamente, me probaba. Es de cobardes no hablar, cuando alguien te habla, peor aún, de irrespetuosos. 

         De nuevo intenté hablarle, samarrearla. Aquél día, como todos, no me contestó. Ignoró mi cuerpo frente al suyo, mi mirada de reproche. Siguió escuchando aquella música horrible. Yo me fui. Huí. Huí sin valijas, sin dinero, sin campera. Afuera llovía, el clima de Bariloche me llegaba hasta los huesos. No lo noté, ya me iba.

          Cuando ella salía a la peluquería, le dije, que la esperaba acá.     

Las Alas Abiertas

Publicado en General el 22 de Julio, 2006, 17:51 por MScalona

                                  

                           LAS   ALAS   ABIERTAS

               

 Se despertó con las lágrimas secas como lagañas. Lo normal de dormirse llorando con el final umbrío de La Lengua de las Mariposas.  El cuento. Una siesta falsa en la terraza estuosa de primavera extraviada a mediados de invierno. Algo de quince minutos; mitad reparación, mitad el sueño en lo más oscuro del vino. Y ese final tan injusto del niño Pardal musitando el insulto no querido al maestro adorado… sapo… rojo… tilonorrinco… y luego él… dormirse con esa congoja vana de no poder retener lo que amamos.

                Lo despertó el viento en las persianas de batiente, golpeándose como una furia enemiga de la tarde apacible, ya fresca o fría y menos falsa ni extraviada para finales de julio. ¿Qué habría sido del Sunrise de Norah Jones…? ¿Se habría terminado el repéat sin límite o se habría escondido como el sol tras el edificio monobloque de enfrente?

                 Un instante y termina el paraíso. Se va el sol, llega el ruido o vuelve la vigilia. Como hijos de la luz y el calor. Las mariposas duermen con las alas abiertas, las polillas, con las alas cerradas. Las mariposas son multicolores, las polillas son grises. Las mariposas viven en el campo, las polillas en los placares. ¿Y él…? Se lo está pensando. Hay que practicar...  y abre los brazos a tientas por la copa: el hielo, derretido, ha rosado el mosto como hace el sol del mediodía con ese geranio prendido en la juntura de cemento de las baldosas. El libro de Rivas* ha viajado hasta la rejilla de hierro que divide la terraza y está revuelto como las persianas batientes del monobloque.

     Todo parece revuelto en ese instante… ¿cómo saber si es que uno ha visto,  ha soñado o ha leído?

                                                Marcelo  Scalona

(*)  ¿ Qué me quieres, amor?,  Manuel Rivas,  Ed. Alfaguara.

DOS... García Montero

Publicado en General el 22 de Julio, 2006, 13:11 por MScalona

                                    * * *

 

VERSIÓN LIBRE DE LA INMORTALIDAD

 

 

En la noche profunda,

como dormida caricia que sorprende

y sigue a más,

sombras con el color de la materia,

mordiéndose los labios, mal quitado

el pijama y ardiendo

de loca oscuridad entre los brazos.

 

A media luz, perfiles

como el amor de un sueño generoso

con sus protagonistas,

diseñados despacio,

mientras el pensamiento va más rápido

que los cuerpos y explica

dónde será la próxima caricia,

cuándo la paz, y cómo y qué palabras.

 

A luz abierta, toda,

alejado de mí para mirarnos,

para mirarte hundida y encerrada

con tus propios sentidos,

hasta que abres los ojos

llenos de solitaria claridad,

y está la habitación, conmigo, atenta,

y en tus ojos comprendes

que nos gusta mirarte como a un río,

un desmayado  atardecer,

un paisaje infinito.

 

Ni tu ni yo creemos

en la inmortalidad.

Pero hay momentos

-oscuros, de penumbra o luz abierta-

donde se roza el mundo de los libros

y las ventajas de la eternidad.

Escribo este poema celebrando

que pasado y presente

coincidan todavía con nosotros

y haya recuerdos vivos

y besos tan dorados como el beso

aquel de la memoria.

 

 

                                             Luis  García  Montero

 

 

 

 

 

 

CANCIÓN  19  HORAS

 

 

¿Quién habla del amor? Yo tengo frío

y  quiero  ser  diciembre.

 

Quiero llegar a un bosque apenas sensitivo,

Hasta la maquinaria del corazón sin saldo.

Yo quiero ser diciembre.

 

Dormir

en la noche sin vida,

en la vida sin sueños,

en los tranquilizados sueños que desembocan

al río del olvido.

 

Hay ciudades que son fotografías

nocturnas de ciudades.

Yo quiero ser diciembre.

 

Para vivir al norte de un amor sucedido,

bajo el peso sin labios de hace ya mucho tiempo,

yo quiero ser diciembre.

 

Como el cadáver blanco de los ríos,

como los minerales del invierno,

yo quiero ser diciembre.

 

 

                                             Luis García Montero


Luis García Montero nació en España en 1958 y dirige la Colección VISOR de Poesía, considerada por la crítica como la más fina y completa de autores en castellano. 

unclasified

Publicado en Pavadas hechas texto, el 22 de Julio, 2006, 12:19 por Germán Minguei

Arborrilete

 

Había leído un texto más o menos lúcido sobre un barco amarillo y anclado, una herida fea y abierta, un pez que no llora.

Por alguna razón más allá de mi razón, me sentí obligado a sentarme en la orilla (rubia, la orilla, decía el texto que me acercó mi amigo) y buscar el barco amarillo, la herida y el pez.

Solamente encontré arena, olor a celulosa (había viento norte) y muchas bolsitas de supermercado que se enredaban en las ramas de los sauces llorones.

Bueno, pensé. No encontré un pez que no llora, pero encontré un árbol que sí lo hace.

Malo, volví a pensar. Los árboles no lloran, ni vuelan, por más que las bolsitas parezcan flecos de barriletes.

Todavía me sorprende que alguien sea capaz de ver ese tipo de cosas. Un pez que no llora, una orilla rubia. Un arborrilete.

Carlos Bagnato

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-