"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Ausencias, faltas, vacíos

Publicado en General el 17 de Julio, 2006, 18:39 por bianka

         Salí apurada del consultorio. No tenía que ir a ningún lado pero sentía una ansiedad terrible. Llevada por mis pies que parecían no ponerse de acuerdo, llegué a un quiosco golpeándome los talones. Compré una gaseosa. Pomelo pedí, algo que me sacara esa sed insoportable. A medida que la tomaba sentía como mi corazón en vez de apaciguarse, latía cada vez más rápido, entonces me ahogué. Empecé a sentir que mi cuerpo temblaba y mi boca se secaba otra vez. Era lógico mi estado, no había motivo para que estuviera bien. No soportaba la incertidumbre, el no saber que me pasaba, a mí, a mí cuerpo. ¿Por qué carajo nadie me decía? ¿No querían? ¿ No sabían?¿No querían decir que no sabían? ¿Acaso, no estaba yo en el completo derecho de saber que pasaba en mi interior?
  No me di por vencida muy rápido. Insistí durante meses con miles de médicos, me hacía todos los estudios y análisis, los más nuevos, los más caros, cualquier cosa que pudiera proveerme de una respuesta. La ignorancia me estaba torturando, pasaba el día pensando que quizás en unos segundos caería muerta y que nadie había podido hacer nada para evitarlo, que a pesar de mis advertencias se les habría hecho tarde; soñando que me despertaba con un análisis positivo y cuando buscaba el diagnóstico leía IRRELEVANTE.
  Fuí a uno más, el último pensé. Decían que era excelente, que se destacaba por tranquilizar al paciente e inspirar mucha confianza, pero lo cierto es que no parecía muy avispado; si bien era tranquilo a mí me dejó bastante inquieta que no me pidiera ningún análisis o por lo menos una radiografía. Me dijo que volviera la semana siguiente, que me seguiría evaluando.
  Volví sin muchas expectativas, pensando que me recetaría esta vez. Al cabo de media hora se hizo el silencio. Yo se lo que usted tiene dijo. Mi corazón dió un brinco! Al fin nadie se molestaría ahora por mis llamadas telefónicas porque yo SI tenía algo y todos iban a tener que cuidarme. Qué tengo pregunté mientras esbozaba una sonrisa que no supe disimular. Me tomó de las manos, y mirándome a los ojos dijo “Usted tiene ausencias, faltas, vacíos. El enfermo no esta en su cuerpo, sino en su cabeza. Mi receta es que vaya a ver a un psicólogo”.
  Que decepción… no tenía sentido que me cuidaran para por ir al psicólogo. Volví a casa, tomé la cuchilla y decidí que era hora de que se les hiciera tarde. Ya me estaba aburriendo.

  
Autores
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