"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




29 de Junio, 2006


EL BUSCADOR - EL RECUERDO - LOS ESPEJOS

Publicado en General el 29 de Junio, 2006, 20:40 por las lunas de abril ( Alias Mirta Pujol)

 EL BUSCADOR:

Sólo una lámpara al final de la cuadra, recortaba la figura del contenedor como si fuera un trapecio invertido haciendo equilibrio sobre el barro.
Un muchacho revolvía la basura, zambullido hasta la cintura en ese mar de cajas, bolsas y quizás restos de comida. Me dolió esa silueta en movimiento. De repente, apoyando sus manos en el borde, dio un salto y levantó su cuerpo, con el impulso justo para sentarse. Tenía un libro, una revista quizá, entre sus manos. Y así, sentado, leyendo dificultosamente, con la única lámpara del final de la cuadra que lo alumbraba, su figura se fue distorsionando, sus contornos desaparecieron, mis ojos llorosos ya no podían verlo. Su silueta, ahora quieta y borrosa, me seguía doliendo.

EL RECUERDO:
Cuando niña no tenía muchos juguetes, y mi prudencia casi adulta ante la falta , se negaba a pedirlos. Pero los imaginaba... y eran los más lindos. Los  envolvía en papeles lujosos, de colores brillantes, atados con enormes moños de celofán. Así protegí un triciclo, un oso y un vestido azul, entre otras cosas.

Todo ocurría en mi mente. No existían los papeles, ni los moños. Era mi secreto. Pero tenía otro, más celosamente guardado. El más preciado de los tesoros, ése que paradójicamente  no podía recordar, estaba capturado en una foto. Sólo su cara y el torso. No podía rescatar de mis recuerdos una mueca, una sonrisa, un gesto, una voz, sólo su imagen sepia, cuidadosamente envuelta en un papel "araña" de color rojo.
Así guardé durante muchos años, la foto de mi padre

LOS ESPEJOS

Las noches sin luna son diferentes. No necesito que me lo digan. Lo percibo claramente. El aire se entrama; tiene una densidad que me toca.
Los sentidos se inquietan.
Los olores se fragmentan, conservando cada uno su esencia.
Los sabores de la infancia, reaparecen.
Los recuerdos se agolpan en mi mente, y luego se ordenan: de a uno por vez…
Hoy recuerdo los espejos, sólo aquellos que pude ver. También los que pude leer, como los de Borges.
Los del parque de diversiones que me  mostraban gorda, ondulante y altísima, en tanto  me multiplicaban infinitamente, repitiendo en hilera las figuras deformadas, como si fueran palos de bowling alineados.
El del ropero de mi infancia, bellísimo, con bordes biselados Fue trágico el momento de la mudanza, cuando la puerta del ropero se abrió, golpeando contra la pared, y el espejo se partió en mil pedazos.
Los de Alicia en el País de las Maravillas
El de la madrastra de Cenicienta.
El de la chica, que se pintaba los labios, sentada en un bar.
Los de contorno irregular, formados por la lluvia en la vereda…
El tiempo no logró borrar esas imágenes de mi memoria.
Me detengo al borde del cordón. Sé que hay un charco, espejo de gorriones y de  estrellas. Una voz amable dice muy cerca:
_ Te ayudo a cruzar?
Me sobresalto, adelanto el bastón, y pongo el pie torpemente sobre el agua. Acabo de romper un espejo. Dicen que trae mala suerte.

VICENTE ALEIXANDRE... Nóbel 1977

Publicado en De Otros. el 29 de Junio, 2006, 14:21 por MScalona


CANCIÓN A UNA MUCHACHA MUERTA


Dime el secreto de tu corazón virgen

el secreto de tu cuerpo bajo tierra

quiero saber por qué ahora eres un agua,

esas orillas frescas donde unos pies desnudos

se bañan con espuma.

Por qué sobre tu pecho muerto

sobre tu dulce hierba acariciada

cae, resbala, acaricia, se va

un sol ardiente o reposado que te toca

como un viento que lleva

sólo un pájaro o mano.

Por qué tu corazón como una selva diminuta

espera bajo tierra los imposibles pájaros,

esa canción total que por encima de los ojos

hacen los sueños cuando pasan sin ruido.

Canción que a un tiempo muerto o vivo

que a un ser hermoso que bajo el suelo duerme

cantas color de piedra, color de beso o labio

cantas, como si el nácar durmiera o respirara.

Esa cintura

ese débil volumen de un pecho triste,

ese rizo voluble que ignora el viento

esos ojos por donde boga el silencio

esos dientes de marfil resguardado

ese aire que no mueve

unas hojas no verdes.

Oh, tú, niña...

cielo riente que pasas como nube;

pájaro feliz que ríes como fuente,

chorro fresco que te enredas con la luna

césped blando que pisan tus pies adorados.



VICENTE ALEIXANDRE nació en Sevilla (ESPAÑA) en 1898

y murió en Málaga en 1983. Obtuvo el Nóbel de Literatura en

1977.  En parte integró la famosa Generación del 27 (con Lorca,

Machado, Alberti, Cernuda o Salinas).  Sin embargo, más

parecido a Machado o Alberti, se mantuvo dentro de lo que

llamaríamos el POST-MODERNISMO  (Ruben Darío), es decir, no

entró en las vanguardias del siglo XX, aunque también su

trabajo lírico fue más elaborado, contenido, hermético,

ni tan sonante(rima) ni tan métrico como en el modernismo. 

En particular destaca la capacidad visual y emotiva de sus

metáforas que lo ubica sí como un gran ULTRAÍSTA.  En este

poema, especialmente, las sustituciones que usa para hablar de

la ausencia carnal o real de una niña y para nombrar -sin

nombrar- ese nuevo lugar real-irreal en que ubica la muerte a

un ser querido, son de una dulzura que no cede a la sensiblería

ni pierde hondo existencialismo.  

DALMIRO SÁENZ...

Publicado en De Otros. el 29 de Junio, 2006, 12:15 por MScalona

SER RUBIA ES UN ESTADO DE ÁNIMO.

NO SERLO, TAMBIÉN.

 

En estos países como el nuestro, con esas pampas carentes de civilizaciones anteriores, en las que nunca un arado va a chocar contra un mármol, las rubias escasean. Escasear es formar parte de la aristocracia de lo poco. Sin embargo, en los países rubios ninguna mujer se tiñe para ingresar en la aristocracia de las morochas, lo cual prueba que las palabras que usted acaba de leer carecen de fundamento.

No es fácil escribir sobre una rubia, se mueve mucho. Pero hablar con una rubia puede ser fácil, aunque muchas veces no valga la pena. Me refiero a una rubia auténtica, no a las rubias teñidas. Las rubias teñidas son otra cosa, son diosas capaces de colocar el cielo de oro de las princesas sobre sus cabezas, como Dios había colocado sobre su piel de mucama los preciosos pómulos de la raza.

Toda contradicción es admirable, emana generalmente de una protesta. Cuando un bebito recién nacido larga su primer llanto nos hace escuchar la primera protesta de la nada ante la prepotencia de la vida. Cuando una mujer se tiñe el pelo, oculta bajo la tintura la protesta que la acumulación del agravio de los años y la memoria le han infligido.

No ser rubia es una actitud; serlo, también lo es. La grandeza del ser humano se manifiesta cuando no permite que su ahora sea igual a todos sus ahoras. Ser rubia teñida es un acontecer, es una forma de mirar el futuro con la nuca, es vengar a todas esas rubias boludas que merodearon en su pasado de boluda. Ser rubia teñida es recordar esa memoria de futuro de su antes, cuando recordaba cosas todavía no sucedidas y que ahora tampoco van a suceder. Pero lo importante no es el suceder sino el ser sucedida, dijo una vez una rubia llamada Mireya, sin saber que no basta con ser sucedida: hay que ser acontecida. El acontecer es obra de uno mismo, no obra de ese Dios que nos creó o fue creado por nosotros.

Cuando una morocha se tiñe de rubia, acontece. Inventa un sol extranjero en su pelo, genera un alba nada sigilosa, deja de estar, ahora es. Su mirar se hace pueril, pero el mirar de los que la miran parece el mirar de un profesor de estrellas o de un traductor de flores.

Las rubias no son para buscar, son para encontrar. Son también para olvidar. Como uno se olvida del aire quieto, a menos que ese aire sea movido por el viento y llene el velamen de los barcos y levante la vista de los hombres en las cubiertas y altere las cejas de los capitanes y, muchas veces, la historia. Olvidar a una rubia es más fácil que olvidar a una morocha y olvidarnos de olvidar a una rubia o a una morocha es el secreto de esos presocráticos que tenían todo el pasado por delante.


Dalmiro Sáenz (1926) nació en Buenos Aires. Es escritor de novelas, cuentos, teatro y adaptaciones cinematográficas. Ha recibido numerosos premios, entre ellos, Premio Emecé, Premio Argentores, Premio Casa de las Américas y Faja de Honor de la S.A.D.E. (Sociedad Argentina de Escritores). Sus títulos más recientes son Yo te odio político, El depredador (en coautoría con Laura Elizalde) y Cómo ser escritor.

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-