"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




13 de Mayo, 2006


Main Event

Publicado en Cuentos el 13 de Mayo, 2006, 18:05 por Nico5150

Afuera la multitud rugía expectante. En un rincón del vestuario terminaba con sus ejercicios de meditación. Tendría que haberse sentido relajado. Los demás se bañaban, elongaban, tomaban cerveza o solo conversaban.  Comenzó a ir de un lado al otro moviéndose aparatosamente y dirigiendo alguna que otra mirada ciega a sus compañeros. Todavía faltaban unos cuarenta y cinco minutos para entrar en acción, aunque eso nunca se sabía con precisión.

 Se plantó frente al espejo. Tiró todo su pelo hacia atrás y lo ató con un cintita que le había regalado su abuelita el día en que debutó. Recordó que Papa Malo siempre le decía que era conveniente raparse o tener el pelo corto, pero a él le gustaba tener el cabello así y se dejaba largo a pesar de los eventuales inconvenientes que le traía.

La saco de la bolsa y se la puso sin pensar en el asunto. Torcida. Un ojo arriba del otro. Soltó un grito de descontento, aguerrido pero en el fondo histérico. Nunca había podido quedar bien en el primer intento; un detalle, a veces insignificante, siempre lo cagaba. Se la sacó con violencia y la tiró al piso. Atrás los demás comenzaron a reírse sin tratar de disimularlo, estaban acostumbrados a ese ritual y sus vicisitudes pero nunca dejaba de causarles gracia, aunque últimamente ya no  lo atosigaban más con sus cargadas.

 Segunda prueba. Se sorprendió al verla bien y esbozó una tímida sonrisa de satisfacción, por experiencia sabia lo poco conveniente que era cantar victoria antes de tiempo. Giró para verse de perfil. Siguiendo la costumbre primero izquierda, se veía perfecta,  y luego derecha: Resopló al encontrar un pliegue significativo a la altura del pómulo. Intentó hacerlo desaparecer estirándola un poco pero fue inútil, se resistía a irse. La quitó y se lanzó rápido a otro intento.

Siempre se empecinaba en que luzca impecable, pero hoy estaba más obsesionado que nunca. No era una presentación mas, se trataba del evento mas importante del año, el  main event, como lo llaman los gringos.  La arena, la principal del D.F., estaba colmada, las entradas se habían agotado apenas puestas en venta.  El tiempo de la consagración había llegado. Luego de muchos años de esfuerzos, lesiones, privaciones y golpes llegaba la hora de la gran recompensa, el momento en que el sueño por fin se cumpliría.

Esta vez la muy rebelde amago a lucirse como el buscaba. Se contempló por todos los ángulos y quedó complacido. Al parecer esta era la buena.  Golpeó su cara  con los puños un par de veces para despabilarse y emitió un aullido triunfante. En ese momento noto que estaba tan apretada en el mentón que no le permitía modular bien. En otro circunstancias se hubiese conformado con que se viera tan correcta, restándole importancia a la incomoda presión en el mentón,   pero hoy iba a tener que hablar, gritar e insultar mucho, tanto a cámara como al publico. Con vehemencia no contenida, la arrojó contra su propio rostro en el espejo y le propinó un insulto - ¨ ¡Chinga tu madre, condenada de mierda! ¨-. Desde una banqueta a pocos metros Chavo Guerrero, el rival de esta noche, lo miraba socarronamente mientras ajustaba unas desgastadas vendas en sus manos.

Hundido en su pesar, las palabras que una vez le dijo se padre invadieron su mente: ¨ No es casualidad mijito que ocurra eso. Siempre va a pasar así, aunque nos esforcemos siempre va a pasar así. A tus hijos también le ocurrirá lo mismo, y a los suyos.  Estamos maldito queridito, ¡malditos! Ese hijo de la chingada de Motor Loco nos hecho esta maldición después que le quebré la pierna esa vez en Monterrey, y esas cosas son serias, no puede uno escaparse así por así, son una condena ¨.  Si hubiera podido verle los ojos a sus padre mientras le decía eso seguro hubiese encontrado lágrimas. Al principio se resistió a creer en esas supersticiones de vieja, pero a la fuerza, con la sucesión de hechos que ya no podían considerarse azarosos, tuvo que aceptar lo sostenido por su padre.  Era la única explicación posible. Empero,  ese designio insalvable no evitaba que empecinado lo intentara una y otra vez desde hacia ya mas de quince años.

Ajustada. Torcida. Arrugada. Arrugada.

 Decidió parar unos minutos y tratar de serenarse. Se postro en un banquito y llevo ambas manos en su frente en claro signo de consternación.

Desde el costado, Chavo Guerrero, sintiendo algo de compasión, le dirigió unas palabras buscando tranquilizarlo:

-¿Repasamos la rutina? 

-No, esta bien, ya la practicamos toda la semana y va a salir perfecta- Ni siquiera levanto la mirada al responder. Realmente ambos sabían a la perfección todos los pasos a seguir; sabían cuando y donde hacer  las tomas arriesgas, sabían el momento preciso en que realizarían las pausas dramáticas y las arengas, y sabían que sorpresivamente con un vuelo del ángel desde la tercer cuerda él se iba a quedar con la victoria y el cinturón de campeón mientras Chavo se retorcería de fingido dolor contra la lona. Ambos tenían suficiente experiencia  y oficio para manejar al público y garantizar un espectáculo vibrante.

Se percató que desde que se había sentado tenia la vista fija en ella, que desde el piso devolvía una mirada adusta, amenazante pero  familiar. 

Tanto era el tormento que le causaba el infortunio que hasta llego a considerar la posibilidad de abandonarla. En ese pensamiento era donde residía la verdadera maldición,  en esa impía idea que se veía obligado a concebir   Reparar siquiera en ese plan era ya de por si una deshonra., algo mucho mas que profano e irreverente, era directamente una locura inconcebible. Portarla era un orgullo, ella era el legado familiar. Era el tercero en llevarla, su hijo, con sus pocos años, ya se mostraba fiel a continuar con el linaje honroso.  Era un Honor, desde chico le enseñaron que  no había palabra mas sagrada que esa.  Costó litros de sudor y lagrimas forjar el nombre y la reputación que en todo el país asociaba a su imagen. Si hasta el más grande, El Santo, ni muerto renuncio a ella e hizo que los entierren juntos. Nada podría compararse con lo que significaría dejarla de lado, seria la peor traición posible.  Abandonarla ni pensarlo, aunque la idea insistiese en imponerse en su cabeza cada vez que emprendía la imposible tarea.

Y ahora, que por primera vez en la historia se recubriría de la gloria merecida parecía rehusarse más que nunca a lucirse como debía.

Luego de unos instantes en que trato de poner su mente en blanco le devolvió la mirada con cariño, después de toda la culpa no era suya – aunque a veces aparentara eso. Sabia que se la agarraba injustamente con ella  y como pidiéndole perdón le sacudió el polvo que había cogido en el piso.

Afuera la multitud rugía expectante. La arena pareció venirse abajo. Sabia reconocer esa señal, el anunciador ya lo había presentado y él todavía frente al espejo con su cara desnuda.

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-