"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




La bolita que no entraba

Publicado en Cuentos el 9 de Mayo, 2006, 17:42 por Soy_Cacho_de_Bs_As

Nacho nos había contado acerca de lo extraño de su bolita, pero jamás le creímos. Hasta ese día...

"¡Ves que esta bolita no entra nunca!", se quejó al intentar hacer opi por décima vez en la tarde, al tiempo que sacaba la última de la bolsa para entregársela al vencedor. Con semejante evidencia, había hecho desaparecer nuestras dudas al respecto; definitivamente, la pequeña esfera estaba embrujada o algo por el estilo.

Era una "porce" de tamaño mediano pero, a diferencia de las otras, no tenía ningún dibujo en la superficie; lo que la hacía aún más extraña. Era tan blanca que podría haber desafiado a cualquier jabón en polvo, según comentaba él mismo años después.

Por culpa de la misteriosa canica, Nacho había perdido la totalidad de su colección; situación que, no sólo lo fastidiaba, sino que además lo había convertido en el hazmerreír entre los chicos del barrio La Sexta.

Su popularidad había decrecido notablemente. Las chicas de la cuadra ya no tenían interés en verlo jugar, pues sentían lástima, y hasta rechazo al ver cómo perdía una a una cada bolita de su colección. En la popa estatua, ya nadie se acercaba a revivirlo como en otros tiempos, a tal punto que llegó a pasar un día entero en pose de John Travolta en "Fiebre de Sábado por la Noche", esperando que algún alma solidaria se dignase a tocarlo y desencantarlo. Finalmente, y luego de buscarlo por todo el barrio durante horas, tuvo que desencantarlo la mamá, acompañada de un grupo de policías, al que había llamado desesperada horas antes.

Según él, la conflictiva esfera blanca se la había regalado un anciano que pasaba por la calle una tarde de aquel verano; y que, segundos después, moriría arrollado por un 122 que pasó zumbando por Necochea.

Aquella tarde, Nacho había venido a casa a tomar la leche, y no pudo dejar de contarme lo que le había ocurrido. "El viejo me la dio, después me quiso decir algo acerca de la suerte mientras cruzaba la calle y, por no mirar, se la puso el bondi", comentó un poco shockeado.

Pasaron varios días en que no tuvo más remedio que hacer abstinencia con respecto al juego, ya que se venía el torneo interbarrial y sólo le quedaba una bolita, la que no entraba.

Pese a las quejas de la vecinal ante el Comité, Nacho representaría al barrio en el torneo. A pesar de la mala fortuna que lo aquejaba últimamente, era él quien había logrado el mayor puntaje en la liga del año anterior.

En esa oportunidad, había que jugar de visitante contra los "fifís" de barrio Martin. Él sabía lo que significaba una victoria ante aquellos usurpadores. Esos que nos hacían llenar de rabia cuando sacaban a bailar a las chicas de nuestra cuadra en los asaltos del club Temperley.

El torneo era a las dos en punto en la placita Bélgica, al lado de la campana que gira. Pese a que con una bolita que no entraba no tenía chances de ganar, no tuvimos mas remedio que ir a apoyarlo. Era un "mano a mano" contra el chico mas pedante de barrio Martin.

El juego había comenzado y, de a poco, los dos se iban acercando al opi que se había cavado rigurosamente para la ocasión. Y digo de a poco, porque por más fuerte que tiraban, los setenta metros que los distanciaban no eran fácilmente franqueables de un tiro y por manos tan pequeñas.

Recuerdo con cierta emoción el momento en que a Nacho le quedaba el último tiro. Estaba ni más ni menos que a un metro del hoyo, mientras que el otro sólo a un dedo. No había tiempo para especulaciones ni para solicitar apoyo materno. Tenía que embocarla sí o sí; de lo contrario, le dejaría una gran chance a su contrincante. Era consciente de lo complicado de su situación, y nosotros también.

Todos nos quedamos boquiabiertos. Nacho desvió su mirada del opi y se concentro en la bolita de su rival. Le apuntó con vehemencia, como si fuera a dispararle a su peor enemigo.

"¡Pochi!", gritó furioso. La "ojo de gato" del contrincante salió dispara con brutal fuerza, seguida por la que la había embestido. Ambas esferas se alejaban raudas del opi. Pegaditas, como imantadas, una detrás de la otra iban derecho a la alcantarilla. El público no lo podía creer, quedarían los dos descalificados.

¡Flor de festejo cuando la canica del otro se perdió entre los fierros del desagüe! La de Nacho, que venía atrás, se frenó un centímetro antes. Una vez más, su bolita se negó a entrar. Eramos los mejores de la zona.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-