"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




El árbol que quería volar

Publicado en De Otros. el 4 de Mayo, 2006, 16:06 por Germán Minguei

El árbol que quería volar.

 

Había una vez un árbol. Grande. Frondoso. Buenísimo, el árbol. Era tan buen árbol que, como ustedes imaginan, estaba siempre lleno de pájaros, de nidos, de huevos, de pichones.

Y los pájaros le contaban al ábol cómo era el mundo. Le piaban del mar, con las islas y las olas, le graznaban de las ciudades con sus edificios y sus casas, le ululaban sobre las lentas caravanas del los desiertos amarillos, le piaban y silbaban sobre las selvas y los bosques, sobre el viento entre los glaciares.

Y el árbol se entusiasmaba con los cuentos que le contaban los pájaros.

¿Quién no se entusiasma cuando le cuentan un cuento?

Tanto se entusiasmó el árbol con los viajes que le contaban, que empezó a tener ganas de volar como ellos.

Uno de los pájaros escuchó el deseo del árbol y quiso ayudarlo.

Y este pájaro pensó, pensó y pensó cómo hacer para que el árbol volara.

Tanto pensó este pájaro, que al final se le ocurrió una idea genial.

Llenarían de plumas las ramas del árbol.

Entre todos los pájaros que vivían en el árbol se pusieron a trabajar y lograron cubrir de plumas todas y cada una de las ramas.

Con la ayuda del viento, el árbol empezó a mover las ramas llenas de plumas, aleteando como le explicaron los pájaros.

Y así fue como el árbol, de a poco, levantó vuelo.

Y voló, nomás el árbol.

 Voló sobre el arroyo, sobre la ciudad de techos colorados, sobre el desierto amarillo, sobre el mar.

Y vió con sus propios ojos de árbol toas las cosas maravillosas que le habían contado.

El puente de piedra sobre el arroyo, los parques, los autos y la gente de la ciudad, las caravanas del desierto que parecían hileras de hormigas, las islas y las olas.

Y también vio la selva y el bosque.

Y en una selva vio una árbol, toda coqueta con sus flores de colores y sus frutas jugosas.

Entonces, al árbol le salió un corazón grande, brillante y muy rojo.

Y la árbol, toda coqueta, cuando vio un árbol volador, y que además tenía un corazón grande, brillante y muy rojo, se enamoró ahí nomás.

Entonces el árbol le pidió al viento que soplara un poco más despacio, para poder bajar al lado de la árbol.

Y así fue que los dos árboles vivieron felices, uno al lado del otro.Y tuvieron muchos retoños, claro.

 

Irina Bagnato (6) y Lara Bagnato (5)

 

Así como salió, contado por los dos monstruitos peludos, una tardecita de verano. Solamente oficié de amanuense.

Acabado el lapsus paterno-baberil, contunúa el blog con su programación habitual.

Muchas gracias.

  
Autores
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