"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




UNIDAD DE VIGILANCIA INTENSIVA

Publicado en Para Pablo... el 19 de Abril, 2006, 4:01 por Omarmay

   Cualquiera podría pensar que estas máquinas se alimentan de cuerpos humanos; los celadores transportan en camilla desde los quirófanos y salas de urgencia a los heridos o recién operados hasta la UVI y allí los conectan a unos aparatos blancos, inteligentes e insaciables que enseguida comienzan a succionar a través de unos tubos el alma de cuantos han tenido la desgracia de caer en sus garras.Cuando se comtempla a uno de estos enfermos rodeados de cables esa fácil imaginar que su cuerpo desnudo forma parte de un circuito, aunque no es el segmento más importante de ese proceso circular: se trata de una materia orgánica que nutre el resto del mecanismo para que la máquina perviva siempre; pero esto no son más que fantasmagorías; de hecho, la UVI es un espacio erótico donde se concentrauna gran carga de libido o energía psíquica y allí el instinto de vivir se ve impulsado directamente por la muerte, lo cual produce una especie de éxtasis.
   El vestíbulo del hospital general parece una estación de ferrocarril repleta de pasajeros a punto de tomar un tren de cercanías. Los ascensores no cesan de engullir a un gentío mezclado con camillas que después de asaltar las distintas plantas del edificio se agolpa ante las puertas con batientes de goma detrás de las cuales permanecen sus familiares internados. Hay un cartel que dice: "¡Piensen en el enfermo, no lo visiten tanto!"  Pero las sucesivas expediciones de parientes y amigos son difíciles de contener. Armadas con marmitas llenas de chorizos del pueblo y tortillas paisanas avanzan por los pasillos sorteando camillas y sillas de ruedas con pacientes allí estacionados sin origen ni destino conocidos, y las visitas golpean con los nudillos las puertas entornadas sin saber con que máscara se van a encontrar dentro. Pronto se oyen risotadas en las habitaciones o silencios compungidos, y en el gran hospital ése es el primer nivel de amor que llega en agraz desde la calle, no contaminado todavía por el morboso perfume del formol.
   El médico jefe que gobierna las 50 camas de la UVI baja conmigo al servicio de urgencias y allí dos enfermeras de verde fuman después de haber ayudado a recomponer a un albañil defenestrado. Por la rampa de acceso las ambulancias traen a contribuyentes con el infarto, a algunos heridos o suicidados a medias, y en la sala de espera hay corros de gente lacrimosa, hombres pensativos, mujeres con un pañuelo en la boca que acaban de dejar en el túnel la incógnita de un cadáver, y al ajetreo de las carretillas que cruzan cargando paquetes de medicinas se unen las risas de las mujeres de la limpieza, las bromas que se gastan los cirujanos con la mascarilla caída sobre la sotabarba sudada después de la faena, el sonido de cucharillas en la cafetería, el fragor de la ciudad fuera, la indiferencia. El médico jefe quiere enseñarme una habitación, la más terrible del gran hospital, situada junto a la sala de espera de este servicio de urgencias. Es un tabuco sin ventanas, con una bombilla en el techo, una mesa escueta y cuatro sillas de plástico para sentarse antes de caer desmayado.
   -Cuando alguien muere en la UVI hay que comunicarlo a la familia, y ese trago tan desagradable se pasa en esta habitación-dice el doctor-. No he logrado acostumbrarme. Muchos reaccionan muy mal e incluso intentanagredir al médico. Algunos padres te echan la culpa de que su hijo haya muerto o... se haya salvado.
   -¿Que se haya salvado?
   -Tambien sucede a veces, sobre todo con las madres de drogadictos. Si les dices que su hijo va a recuperarse de la sobredosis notas en sus ojos un gran dolor, una silenciosa condena. Ayer entró uno agonizando con la jeringa colgada de la vena. En un par de horas estuvo listo y lo mandamos a casa. Al salir intentó robar un coche del aparcamiento, ahí mismo, rompió una ventanilla, y el guarda jurado en el forcejeo le partió el brazo. Volvió a ingresar en urgencias y el médico propietario del coche, que estaba de guardia, tuvo que arreglarle el hueso.
   Éste es el segundo nivel de amor en un gran hospital: la costumbre de curar en los médicos y las enfermeras silbando la canción del verano mientras cae bajo el bisturí  en una bolsa de plástico lo que a uno le sobra, pero a medida que asciende por las plantas, desde el servicio de urgencias hasta la cima, el gentío se aclara y los enfermos se vuelven más transparentes, y cuando se alcanza el tercer nivel se abren de pronto las puertas de la UVI y allí dentro descubres decenas de cuerpos que han tomado tu relevo y continúan la subida escalando ya la montaña mágica con tubos de aire enriquecido. Las enfermeras más dulces y verdes están a la sombra de sus pies desnudos, donde se halla inscrito el itinerario: vigilan los catéteres y monitores, que a su vez indican el gasto cardíaco de los escaladores; ellas anotan los diversos controles de esta ascensión mística contra la muerte cuyo esfuerzo trasciende las máquinas y libera una carga erótica por todo el recinto hasta convertir la UVI en el lugar más idóneo para enamorarse.

*Manuel Vicent, del libro Espectros que gentilmente me obsequiaran Daniel Valdez e Ivanna, y ahora que lo vemos a Pablo tan bien, vale la pena homenajearlo con esta aguafuerte, género que tan bien maneja, de este admirado escritor suyo y nuestro.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-