"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Detrás del final

Publicado en Cuentos el 27 de Marzo, 2006, 19:44 por tomasboasso

                                                                         

    ¿Cómo seguir? ¿Cómo hacer que todo sea como antes? Este es el punto de la nada, del vacío, del desasosiego que ya no es infierno, y menos cielo. El tema es cómo invertir los hechos, dónde encontrar a alguien que te aplauda en la cara en pleno despiste y vuelva todo a renacer en el instante justo antes de morir; dónde está el pozo de las ganas perdidas y del suave foco rojizo en la sombra. El tema no es cómo termina la historia sino qué hay detrás del final, lo que seguramente será un nuevo comienzo, y sí, ése el tema: cómo volver a empezar.

    Ahora te lloro y así nacen mis palabras. Ahora te lloro y no me avergüenzo, a pesar de las miradas, de las caras de incógnita, y de algún que otro reproche hacia el muerto, algún nudo en la nuez hacia tu comportamiento que por mi presencia empieza a caer en duda.

    Ahora te lloro y así muere mi amor. Y no es que no te ame, pero cómo hacerlo. Sigo pensando en que hoy íbamos a encontrarnos, pero no así mi cielo, no aquí, y no alrededor de tanta gente y dolor.

    Señorita, ¿quiere un café?, pregunta una señora. No, gracias, digo con una leve sonrisa que se muestra entre las lágrimas de rimel. ¿No quiere acercarse?, ¿de dónde lo conocía al manuelito?, y yo, que mucho no gusto de la gente confianzuda, seguí el diálogo. Tal vez, esa señora te había querido mucho, y entonces en algo nos parecíamos. Estoy bien acá, no se preocupe señora, gracias igual. Del trabajo lo conocía a Manuel. La señora me acaricia una mejilla y se va con un abanico que abre cada vez que no habla con nadie.

    Sola, en esta silla vieja de madera áspera sin barnizar, pienso en vos, y ahora te creo cuando me decías de la ansiedad que te atrapaba cuando esperabas que te abriera la puerta para vernos, y vos ahí en una sillita mucho más incómoda que ésta, como un nene que espera cumplir su penitencia. Eras el único con el que se pasaban volando las horas. Nos quedábamos fumando y mirando el techo largos ratos en los que aprendí a quererte y conocerte, pero ya no sé cómo seguir. Ni siquiera vos pudiste hacerlo, le temiste a la pronta separación, al cambio, a la verdad, a las promesas. Ocultaste la cara en la violencia y el amor, y quedaste atrapado en esa máscara dura. Y justamente eso es lo que yo amaba de vos: los encuentros en que eras viento y le confiabas todo a mi árbol que quedaba invertido, porque conmigo no había Venecia a pesar de los carnavales en los que sentía que por fin yo podía ser un ala para alguien, aunque sea una sábana tibia en las horas de confesión. Los recuerdos me invaden y te quedabas dormido, entonces yo te despertaba, aunque odiaba hacerlo, te lo juro, pero si no volvías a tu casa la que se te armaba. Y ahora no puedo despertarte, cerraste los ojos y ni siquiera una caricia o un beso, algo, aunque fuera una máscara, pero aquí entre ambos, sólo lo lejano, y ni un adiós. Ciertas miradas inquietas irrumpen mi anonimato, y muero porque tus labios se lleven consigo la sal de mis lágrimas como último sabor de la vida.

    Qué paradójico es todo. Las penas que extinguiste ahora vuelven por vos. Es que apareciste y todo se despejó: mi indignidad, mi ser objeto, mi velador de sombras rojas comenzando a alumbrar. La vida es una cárcel con las puertas abiertas, me decías, y siempre supe que por más que Calamaro lo cantara y vos lo susurraras a mi oído, estabas más allá de la interpretación, porque vos eras esa puerta abierta entre tanto muro diario alrededor.

    Te aseguro que esto es lo más difícil que viví, porque nace otra vida que no es vida y se parece mucho a nada, sólo resumible en la negrura de una noche eterna sin estrellas, sin puentes y sin lunas, vacía descripción de lo que siento. Tengo miedo de dar un paso hacia delante porque nada veo y puedo llegar a caer, sin un cielo que me sostenga.   

    La gente ya se retira y quisiera dormir con vos, pero tu esposa y tus hijos no te sueltan, y esta flor transpira en mi mano vacilando en llegar a destino, como sudaba yo siendo tu flor y luego me marchitaba porque te ibas. Hoy siento que alguien cambió mi lugar en el mundo: dormí y desperté trastocada en un vacío de brumas.

    Un rato antes de irme, me tocan la espalda y giro. Tu hijo menor, del que tanto hablaste, me mira y es tu mirada, me ofrece un pañuelo al que no puedo más que olerlo y olerte, y con el que seco mi rostro y envuelvo la flor. El chiquito lleva hacia vos, ante la cómplice mirada de su madre, mi adiós entre las manos como si fuera un pájaro muerto que nunca supo volar.

    Ahora me voy, porque las puertas, de pronto, pueden cerrarse.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-