"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




26 de Marzo, 2006


aeroplano

Publicado en General el 26 de Marzo, 2006, 21:39 por Lorena Aguado

Si no puedo nombrarte, ni decirte, ni callarte.

Si huís cuando te confieso que no sé volar, que es la primera vez, y que alquilé un paracaídas  a estrenar.

Si te asusta mi acrobacia rasante… que te toca.

Si me pedís que calle por vanidad. Mía y tuya.

Si reclamás que me desgarre la piel para sustraer tus huellas dactilares.

No.

No quiero.

No soporto; no tolero; no digiero; no transijo.

Te muestro mi repudio conmemorándote y militando la urgencia de vos.

Luz roja.

Tus manos se abren y me tocan sólo para detenerme.

No avanzo. Nada más me basta con confesar mi deseo abiertamente, depositarlo en tu lengua y echártelo en la cara.

Y no me importa que no quieras escuchar.

Vos no soportás que te diga. 

Y yo te digo igual.

Aunque mis palabras te maten.

Aunque me maten.

Aunque no te maten y yo me muera.

...

Publicado en Poemitas. el 26 de Marzo, 2006, 19:57 por Paula Aramburu

las rejillas de
mi casa
lo filtran todo:
hojas
pétalos
basura
tierra
todo
menos
ésto

____________________

una baldosa verde
el agua
el fondo
verde
enmohecido
como el árbol que no
soy
como el hijo que no tuve
como el tiempo
que no
vuelve

Paula Aramburu

salen breves

Publicado en Poemitas. el 26 de Marzo, 2006, 19:36 por negrointenso

Miro el techo

las telarañas

la grieta

todo perfectamente en su lugar.

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Se resigna

por pereza

a las tostadas.

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Siempre la misma sórdida escena

llegar y

encontrar

los restos de una fiesta.

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Desde mi ventana podía ver

el sanatorio donde nací y

el cementerio

             donde

                      me enterrarán.

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Verónica Laurino

Protector Lunar

Publicado en Cuentos el 26 de Marzo, 2006, 19:35 por scalona

 

                                                                                                                        A    Matilde

 

 

Puede tratarse de dos poetas. Me gusta creer eso viendo la pila de anotadores, un libro de Char y dos botellas de Malbec roble. Algo como un desorden controlado  y todo de marca. Son jóvenes aún, pero se han jurado no beber más en cajita, ni fumar paraguaya ni leer ediciones baratas.  A los 40, dice el que está más locuaz esa noche, se empieza a tomar recaudo al cruzar la calle, elegir la carne o el cuarto de hotel.

Están en el balcón más alto de Villa General Belgrano, a comienzos de enero de un año bisiesto.  El más hermético, esa noche, jura que su madre cumple los años el 29 de febrero, y que aún entendiéndose esa travesura calendaria o astral, es algo loco que ella cumpla 18 y él –el hijo- acabe de cumplir 43.  - Podría ser su padre –dice con laconismo fingido. – Conociéndote a vos y a papá, podría ser tu novia –arriesga Matilde, de once. – Y a vos te da celos... –dice el padre y estallan tres risotadas rumbo al Valle de Calamuchita.

Unas cabañas en medio del Cerro de la Virgen y el Champaquí. Algo de mil quinientos metros sobre el nivel del mar, sobre el nivel de la rutina, de la sobrevivencia embotadora del tedio urbano. Y las dos cadenas montañosas se ven al mismo tiempo sin siquiera girar la cabeza, salvo, por una centella terrestre que ha cruzado entre los álamos de plata del parque:  - Una liebre... – No, Mati... más grande... un zorrino... – Acá hay pumas... –dice el otro, a ver si la niña se asusta y en cambio, estallan más risotadas. 

Deben ser poetas; sube mi certeza el ver que apuestan libros. Juegan a qué se parecen las formaciones de cirrus blancos que atropellan borroneando las cumbres desde el Este, por la Cumbrecita. Apuestan una novela de John Fante y una edición de Rimbaud traducida por Girondo. ¿Quién más puede apostar libros...? Ni siquiera dos editores.  Ya no; no en esta época.

Hay otra niña en la escena, y las dos arrebujadas en una urdimbre de toallas, colchas Palette y montones de almohadas, improvisando o recordando aquellas camas como patios de los abuelos inmigrantes. Matilde –quizá nunca duerma del todo o cierre los dos ojos para hacerlo- y Marina, están adormiladas de tanto río Reartes por el balneario Tannenwäld. Matilde, es tan tenaz como bella y entrometida. Mientras su padre apuesta el libro de Fante, ella  arriesga sus Tolkien y un Harry Potter, a cambio de que la dejen estar despierta hasta ese destino incierto y misterioso que es una charla de madrugada entre dos hombres solos, rumbo a la madurez, en medio de la nada.  Matilde sabe que hay algo infinito en ese instante y hasta es posible que lleguen al alba sin dormirse o emborracharse. Hasta le parece oír que cantan, unos tangos melosos y desafinados con nombres de sirenas:  Malena, María, Gricel.

La luna nueva preside el valle como un camafeo de nácar entre dos senos amamantando. Al amigo del padre se le ocurre apostar que los ojos de lago de las niñas, son tan grandes, redondos y brillantes como el satélite. Se nota que sobreactúa un recién estrenado rol de tío, aunque a las niñas les guste el piropo y en tren de apurar un veredicto, no debe ser sencillo elegir entre dos pupilas de océano y esa especie de calesita en el cielo. Entonces, Marina ya ha caído derrotada por unos párpados de greda como tenía aquel muñeco gigantón de la Historia sin Fin:  el Comerocas.

El más locuaz, o el más poeta esa noche, está enamorado. Debe ser eso, por cómo apura el segundo Jack Daniel de una botella que trajo el otro, pero que es regalo de cumpleaños del primero, que la bebe, y oportunamente justifica: - El whisky va y viene... lo importante es el poema... Entonces, recita uno que hace honor a su novia, aunque los dos saben que un poema de amor siempre es reversible, revocable, fungible: “...ella no es solo ella, sino lo que no sabe y es: sombra que sembró en otra mirada...”  

- Podría decirse también de la luna o de Matilde, ja... –que abre el segundo ojo bajo la colcha Palette-. Yo apuesto que va a ser parecida a la Schiffer, no tanto a Herzigova...

- Si no se duerme –dice el padre- va a quedar parecida a la hija de Karadagian...

            Desde la tarde ha quedado un leve resentimiento entre padre e hija. Ella desprecia, enfurruñada, el protector solar factor 25: - Voy a volver a Rosario, blanca como una gallina...

- O llena de moretones, ¿elegí...?

            Es evidente que falta muy poco para que el padre pierda, definitivamente, la batalla dialéctica con esta rubita que podría doblar a Natalie Portman cantando Happy Birthday Míster President en “Perfecto Asesino”.

Luego han pasado casi dos horas y las tres botellas, cuando llega el tema más empinado del valle de los hombres, la cima: las mujeres.  Las que son el amor de su vida (¿más de una?), las que son para dar vueltas, las que nunca se entregan, la pereza, con aquellas que hay que trabajar tanto... el nivel de los boliches, caretas, reviente, bailables, cabarutes, mapas, agendas, fixtures. Y Matilde, que nunca duerme y pide, a las cuatro de la mañana, si puede escuchar por enésima vez Los Tipitos: “Campanadas en la noche”. Al tío le gusta la influencia de Calamaro y lo ilusiona la historia de la mujer de su vida que finalmente regresa. Sin embargo,  prefiere regalarle el disco a la nena, quizá de ese modo, el sueño –cuando es demora- es mejor que se vaya. 

Luego hay una negociación, ardua, para permitirle a Matilde el play: sólo con un par de auriculares. Los dos amigos están hablando de su boliche favorito, Luna, en los bajos de Rosario y en leve descenso en el estío cuando todos prefieren echarle un vistazo a La Florida. Un rato después, al stop del discman sigue el rumor implacable de ella:  - ... ya sé... ustedes dos, necesitan un protector lunar, factor siete mil...

 

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-