"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




12 de Febrero, 2006


PARA BOGA

Publicado en Cuentos el 12 de Febrero, 2006, 22:02 por Analía Lardone

Cocinadito lo q presente para la revista... ya pasado por las manos del maestro con sus debidas correcciones. Espero q les guste. Saludos!!

JURAMENTOS
 
                 Venías mirándome fijo ese día, lo sé. La costanera poblada, el viento en contra despejaba tu rostro anguloso y yo alineado en el extremo sur con la mano en alto, intentando simular las piernas temblorosas. Y la segunda vez, sentada frente a mi, el perfume caminaba por la mesa y me tocaba, como si tus labios también hubiesen querido hacerlo. Buscaste y buscamos dentro de este paraíso imaginario, hombre sin razón, mujer sin faldas ni corpiños calados, aventura de enamorados, soles negros y brillosos, negras las medias que te quité, brillante la piel decidida y húmeda. Mañanas enteras descifrando el clima sin abandonar las sábanas. Y otra vez, tu cuerpo tendido y adorado, amotinado y rebelde, ingenuo por las tardes, revolucionario por las noches. ¡Ay, amor, qué generosos besos!
                 Cuánto amé bajo el sol tu piel, recostados en la arena de enero y una vez sumergida hasta las caderas, juraste morir ahí, si algún día decidía el destino quitarte la vida, y reías porque te hacían cosquillas en los pies los vegetales del fondo. Jurabas siempre cosas que me daban temor. Mientras el bronceador paseaba insistente por tu espalda y mi mano tiritaba al llegar a tu cintura, donde dormía el dibujo negro de un escorpión.
                   El río nos miraba errático, simulando esconderse entre sus embarcaciones en las que soñabas viajar sin rumbo. Testigo Paraná de los pobres acalorados, de los orillados ancianos que contemplan, de las pegoteadas parejas, de los niños radiantes y sus baldecitos, de nosotros bajo factor quince o bajo el factor de riesgo del amor. Una vez, también juraste volar y a contraviento, me acuerdo... caminábamos descalzos sobre el césped del Parque España, donde hilábamos sueños de tanto en tanto, especialmente de noche cuando las chicharras se callaban.
                     Y acá estoy, abriéndome a tu ausencia sellada, respondiendo a tus juramentos absurdos, contrariado de querer abrazarte y no poder, como si nunca más en mi vida solitaria fuera a sentir los brazos ni las muñecas. Ni siquiera puedo untarte el bronceador ni retarte porque olvidaste lavar mi camisa rosa o nuestro aniversario. A veces toca resignarse y responder bajando la cabeza, sólo acatar lo que el otro desea y punto. Otro juramento que me da temor, pero te lo había prometido... ay...
                       El suspiro y el llanto silencioso se escapan, se sueltan. La gente oscura que circunda me mira en silencio. La brisa también acalla su zumbido y abro el recipiente. Extiendo los brazos sobre la baranda del puente y vuelco el frasco dorado dejando ver un hilo de cenizas que huyen hacia el Paraná. Finalmente, tocan el agua e intentan tomar vida en contacto con su corriente: Te juro que llegarás a puerto, pececito mío. Vuela, viaja, flota, vive. Te miro, tiemblo: te quiero... te extraño tanto...                    .


                                                      ANALÍA   LARDONE

vicent. A un amigo

Publicado en De Otros. el 12 de Febrero, 2006, 13:15 por pjavkin

Hubo un tiempo en que muchos caminos de la literatura llevaban al Gran Café de Gijón y allí, entrando a mano derecha, estaba el timonel de esa vieja gabarra sentado en un taburete, de espaldas a su taquillón de tabaco y lotería. Alfonso, el cerillero, con chaqueta azul de maquinista y los ojos un poco dormilones era el que cortaba el ticket en la puerta a los jóvenes soñadores, a las adolescentes con la cabeza llena de mariposas, que entraban azorados por primera vez en el café en busca de algo inaprensible con toda la ansiedad en el diafragma. El primer paso hacia la gloria literaria consistía en comprarle un paquete de cigarrillos o unos chicles al cerillero, quien brevemente avisaba a estos neófitos del peligro que podían correr en medio de aquella humareda donde se dibujaban las siluetas de muchos fantasmas, unos vivos y llenos de ingenio, otros que ya estaban muertos aunque tenían el café con leche humeándoles la sotabarba. Nunca me he sentido mejor ni he sido más feliz que montado en esa vieja gabarra en aquellos días lejanos y azules de la juventud cuando nos sentíamos capitanes; he quemado media vida en ese espacio con el codo en la mesa y el puño en la mandíbula viendo pasar el universo por el ventanal, pero llegó un momento en que supe que el café Gijón también era una mala forma de envejecer y por eso, hace años, opté por bajarme en la primera parada y dejar que la nave se alejara en la niebla por la Castellana, río abajo. El tiempo ha desdibujado los rostros que un día nos fueron familiares; las risas con los amigos han adquirido en la lejanía un sonido neumático; los veladores poblados de figuras que se multiplicaban en los espejos se han convertido en humo amarillo. En medio de ese mundo que se ha ido desvaneciendo en el recuerdo, Alfonso, el cerillero, permanecía con el perfil imborrable de viejo chiroki. A veces le llamaba por teléfono sólo para fingirme que todo seguía igual. Si alguien preguntaba por mí, él decía simplemente: " ya no viene por aquí". Alfonso, el cerillero, ha muerto; se ha ido a vender tabaco y lotería a la oscura región de Hades donde se puede fumar y todos los números salen premiados. Pero la imagen de Alfonso, el cerillero, permanecerá congelada para siempre en todos los espejos del café Gijón reflejando una época feliz, a la que deberé volver en la memoria para no deponer nunca las armas. No son las grandes tragedias las que echan abajo las cajas del teatro de nuestra vida sino la muerte de algún amigo fiel que sin darnos cuenta nos sustentaba.


  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-