"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Los panes y los peces

Publicado en General el 10 de Febrero, 2006, 19:45 por Van Helsing
Ayer volví a soñar con vos y esta mañana busqué de nuevo ese libro que leímos juntos, sentados en el banco de madera, cada viernes un pedacito, cuando la señorita Mabel nos daba libres los últimos veinte minutos de la semana si nos portábamos bien, si hacíamos la tarea, y no hablábamos demasiado en el salón.

Ese libro lo fuimos leyendo, Oscar, hasta el último viernes antes de la tormenta. Hasta que fuiste al descampado, ese territorio agreste donde librábamos batallas con ametralladoras y revólveres de plástico y pescábamos ranas en la laguna, donde tirábamos con la gomera y hacíamos enojar al sereno de la constructora que nos amenazaba con un palo de escoba, donde cortábamos ramas y hacíamos refugios techados con hinojo salvaje, que suponíamos iguales a los de los indios, donde pasaba el tren y se veían las chimeneas de la Cristalería, donde jugabamos al fútbol descalzos, donde después el Ludueña te arrastró hacia el Paraná.

Había llovido mucho y el arroyo se embravecía, pero vos fuiste igual, si me parece escuchar todavía a tu vieja advirtiéndote, sufriendo de antemano, como sabiendo que la tragedia siempre anda rondando, y vos le sonreías, Oscar, con todos esos dientes blancos y parejos que resaltaban en tu cara morena, en tu cara redonda de cuarto grado.

Contaron después tus amigos que resbalaste en la orilla, que te quisieron agarrar y que lo último que vieron fue tu pelo, corto y duro como un cepillo, hundiéndose en la correntada.

Tres días te buscaron, Oscar. En el arroyo, en el entubamiento, en el piletón frente al Hospital de Niños. Una curandera, vecina tuya de la villa, fue con tus viejos y los vecinos al lugar donde caíste, dijo algo en guaraní y tiró un pan que flotó un rato al ras en el agua mansa y se fue siguiéndote muy despacio.

Estaban tus vecinos los chaqueños, los correntinos, los paraguayos como tus viejos. Todos habían llegado a finales de los sesenta, porque les dijeron que en Rosario los panes y los peces se multiplicaban como en el milagro cristiano.

Hoy busqué otra vez Shunko, ese libro que leímos juntos, sentados en el banco de madera. El señalador marca todavía el capítulo del último viernes; la parte que no pudiste leer tiene un verso que te pertenece: “Tu largo corazón se ha vuelto río”.

Hace muchos años, Oscar, Oscarcito, que te sueño bajo el agua verde, sonriente, tapado a veces por un dorado o un sábalo que se cruzan frente a tu cara. En una de tus manos apretás pastos de la orilla, barro, acaso una vieja cartuchera. Y en la otra, como estandarte, un pan.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-