"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




10 de Febrero, 2006


Elige tu propia locura

Publicado en Poemitas. el 10 de Febrero, 2006, 23:59 por tomasboasso

24

 

la simetría del mundo                                       un sol impar

a veces falla                                                    nos protege el rostro

 

el camino es una escalera                                 la muerte

que se achica                                                  encaja un cuerpo gigante

y reduce nuestras posibilidades                        en un pequeño punto infinito

 

Profundo

Publicado en Poemitas. el 10 de Febrero, 2006, 23:09 por Descarga

Con menos de un nudillo de calado

el revés de mi mano

va en tu espalda

abierto

sin mapa

en aparente inspección rutinaria

hasta que se detiene

preciso

contraído

sobre la estrella de lunares

y golpea en cada una de sus puntas

a la espera

del interior de tu feriado.

Los panes y los peces

Publicado en General el 10 de Febrero, 2006, 19:45 por Van Helsing
Ayer volví a soñar con vos y esta mañana busqué de nuevo ese libro que leímos juntos, sentados en el banco de madera, cada viernes un pedacito, cuando la señorita Mabel nos daba libres los últimos veinte minutos de la semana si nos portábamos bien, si hacíamos la tarea, y no hablábamos demasiado en el salón.

Ese libro lo fuimos leyendo, Oscar, hasta el último viernes antes de la tormenta. Hasta que fuiste al descampado, ese territorio agreste donde librábamos batallas con ametralladoras y revólveres de plástico y pescábamos ranas en la laguna, donde tirábamos con la gomera y hacíamos enojar al sereno de la constructora que nos amenazaba con un palo de escoba, donde cortábamos ramas y hacíamos refugios techados con hinojo salvaje, que suponíamos iguales a los de los indios, donde pasaba el tren y se veían las chimeneas de la Cristalería, donde jugabamos al fútbol descalzos, donde después el Ludueña te arrastró hacia el Paraná.

Había llovido mucho y el arroyo se embravecía, pero vos fuiste igual, si me parece escuchar todavía a tu vieja advirtiéndote, sufriendo de antemano, como sabiendo que la tragedia siempre anda rondando, y vos le sonreías, Oscar, con todos esos dientes blancos y parejos que resaltaban en tu cara morena, en tu cara redonda de cuarto grado.

Contaron después tus amigos que resbalaste en la orilla, que te quisieron agarrar y que lo último que vieron fue tu pelo, corto y duro como un cepillo, hundiéndose en la correntada.

Tres días te buscaron, Oscar. En el arroyo, en el entubamiento, en el piletón frente al Hospital de Niños. Una curandera, vecina tuya de la villa, fue con tus viejos y los vecinos al lugar donde caíste, dijo algo en guaraní y tiró un pan que flotó un rato al ras en el agua mansa y se fue siguiéndote muy despacio.

Estaban tus vecinos los chaqueños, los correntinos, los paraguayos como tus viejos. Todos habían llegado a finales de los sesenta, porque les dijeron que en Rosario los panes y los peces se multiplicaban como en el milagro cristiano.

Hoy busqué otra vez Shunko, ese libro que leímos juntos, sentados en el banco de madera. El señalador marca todavía el capítulo del último viernes; la parte que no pudiste leer tiene un verso que te pertenece: “Tu largo corazón se ha vuelto río”.

Hace muchos años, Oscar, Oscarcito, que te sueño bajo el agua verde, sonriente, tapado a veces por un dorado o un sábalo que se cruzan frente a tu cara. En una de tus manos apretás pastos de la orilla, barro, acaso una vieja cartuchera. Y en la otra, como estandarte, un pan.

... donde empezó la maldición..........RIMBAUD

Publicado en General el 10 de Febrero, 2006, 13:44 por scalona

Una temporada en el infierno      (Arthur Rimbaud) *

 


 


"Cuando aún era muy niño, admiraba al presidiario intratable tras el cual se cierran siempre las puertas de la cárcel; visitaba los albergues y las posadas que él había santificado con su presencia; veía con su idea el cielo azul y el florido trabajo del campo; husmeaba su fatalidad en las ciudades. El era más fuerte que un santo, más sensato que un viajero –y él, ¡sólo él! Como único testigo de su gloria y de su razón.

En las rutas, durante las noches de invierno, sin techo, sin ropas, sin pan, una voz oprimía mi corazón helado: “Debilidad o fuerza: hete aquí, es la fuerza. No sabes a dónde vas ni por qué vas, entra en todas partes, responde a todo. Como si fueras un cadáver ya no te podrán matar”. A la mañana tenía una mirada tan extraviada y un aspecto tan muerto que aquellos que encontré quizá no me hayan visto.

En las ciudades el fango se me aparecía súbitamente rojo y negro, como un espejo cuando la lámpara circula en la habitación contigua, ¡cual un tesoro en el bosque! Buena suerte, exclamaba, y veía un mar de llamas y humo en el cielo; y, a izquierda, a derecha, todas las riquezas flameando como un millar de relámpagos.

Pero la orgía y la camaradería de las mujeres me estaban prohibidas. Ni siquiera un compañero. Me veía ante una multitud exasperada, ante el pelotón de ejecución, llorando la desgracia de que ellos no hubieran podido comprender, ¡y perdonando! -¡Como Juana de Arco! – “Sacerdotes, profesores, maestros, os equivocáis al entregarme a la justicia. Jamás pertenecí a este pueblo; nunca he sido cristiano; pertenezco a la raza que cantaba en el suplicio; no comprendo las leyes; carezco de sentido moral, soy una bestia: estáis equivocados...”

Sí, tengo los ojos cerrados a vuestra luz. Soy una bestia, un negro. Pero puedo ser salvado. Vosotros sois falsos negros, vosotros: maniáticos, feroces, avaros. Mercader, tú eres negro; magistrado, tú eres negro; general, tú eres negro; emperador, vieja comezón, tú eres negro: has bebido un licor sin impuesto, de la fábrica de Satanás. – Este pueblo se inspira en la fiebre y el cáncer. Inválidos y ancianos son tan respetables  que piden que los hiervan. – Lo sagaz es abandonar este continente, donde ronda la locura para proveer de rehenes a esos miserables. Yo entro en el verdadero reino de los hijos de Cam.

¿Conozco tan siquiera la naturaleza? ¿me conozco? –Basta de palabras. Sepulto a los muertos en mi vientre. ¡Gritos, tambor, danza, danza, danza, danza! Ni siquiera vislumbro la hora en que, al desembarcar los blancos, me precipitaré en la nada.

¡Hambre, sed, gritos, danza, danza, danza, danza!"""""

 

 

* Traducción de Oliverio Girondo y Enrique Molina, Ed Argonauta, se consigue a 12,60 $ en efectivo en Laborde, Homo, Ross... etc...

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-