"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




8 de Febrero, 2006


HABLAMOS MAÑANA

Publicado en General el 8 de Febrero, 2006, 14:08 por lilian

Llamo para contarte

lo del pasito del bebé

así le decíamos con mi amiga

a esos inicios

hacia lo  secreta e intensamente

deseado

para no asustarnos tanto

al comenzar a trabajar por el futuro

pasito de bebé

abrir el pecho

y mostrar el alma

...quería proponerte

ahorrar juntos

proyectar nuestra casa

pasito tambaleante

pequeño, impreciso

estabas con hambre

después hablamos

lejos , el televisor...

¿que hago con toda esta energía suspendida?

con todo el anhelo?

impregnada, bifurcada

detonada

perdí la perspectiva

de mi pulsión

sin réplicas ni exigencias

atrapada en un intento

que ni comenzó.

Éste,

tu después

se llevó mi reflejo

de bipedestación.

Sam Hamill ....en Rosario..... IMPERDIBLE.......

Publicado en General el 8 de Febrero, 2006, 13:03 por scalona

el poeta que no aceptó la invitación de Laura Bush para un ciclo de lectura de poemas en la Casa Blanca.

De la generación de Tess Gallagher, Robert Creeley y Denise Levertov.... EN ROSARIO

El    17   de febrero en el TEATRO EL CIRCULO....

   CICLO DE POESIA EN EL CIRCULO comienza sus actividades del año 2006, con la presencia del poeta estadounidense Sam Hamill, el día 17 de febrero a las 20 y 30 hs, en la Sala Vila Ortiz del Teatro El Círculo. La presentación estará a cargo  del poeta y traductor Esteban Moore. Coordina este ciclo Héctor Berenguer. Organiza Asociación Cultural El Círculo. La entrada es libre y gratuita. (difunda esta gacetilla).


Sam Hamill, caucásico, de peso y estatura mediana, ojos claros, no puede ser considerado un  norteamericano promedio: es poeta,  traductor, crítico literario y docente. Este hombre que por amor a Basho decidió aprender su lengua y que vivió en el Japón durante cinco años, donde además abrazó el pensamiento budista, fue conmocionado una mañana  del 2003 cuando abrió su casilla de correo y halló entre su correspondencia un sobre dirigido a él  en cuyo margen izquierdo se destacaba la leyenda: The White House.  En su interior había una invitación  de la primera dama de los Estados Unidos de Norteamérica, Laura Bush, que lo invitaba a participar de una mesa redonda para exponer sobre poesía norteamericana en la Casa Blanca.
comienza sus actividades del año 2006, con la presencia del poeta estadounidense Sam Hamill, el día 17 de febrero a las 20 y 30 hs, en la Sala Vila Ortiz del Teatro El Círculo. La presentación estará a cargo  del poeta y traductor Esteban Moore. Coordina este ciclo Héctor Berenguer. Organiza Asociación Cultural El Círculo. La entrada es libre y gratuita. (difunda esta gacetilla).


Sam Hamill, caucásico, de peso y estatura mediana, ojos claros, no puede ser considerado un  norteamericano promedio: es poeta,  traductor, crítico literario y docente. Este hombre que por amor a Basho decidió aprender su lengua y que vivió en el Japón durante cinco años, donde además abrazó el pensamiento budista, fue conmocionado una mañana  del 2003 cuando abrió su casilla de correo y halló entre su correspondencia un sobre dirigido a él  en cuyo margen izquierdo se destacaba la leyenda: The White House.  En su interior había una invitación  de la primera dama de los Estados Unidos de Norteamérica, Laura Bush, que lo invitaba a participar de una mesa redonda para exponer sobre poesía norteamericana en la Casa Blanca.


Ese día, Hamill recuerda, "me dirigí a Copper Canyon Press", la editorial sin fines de lucro, dedicada exclusivamente a la publicación de libros de poesía que fundó y dirigió durante más de tres décadas hasta convertirla en la preferida de algunos de los más prestigiosos poetas de su país como W.S. Merwin y Hayden Carruth.  Pero fue imposible concentrarse en sus tareas. Esta invitación lo desestabilizaba emocionalmente. La noche anterior  había estado leyendo en Internet una serie de artículos que analizaban los planes de Bush para devastar a Iraq con bombardeos masivos en un futuro cercano.
Por la noche, Hamill, frente a una botella de vino, decidió junto a su esposa, Gray Foster, revisitar su pasado. Conversaron largamente de varias experiencias de su vida. El poeta recordó la ocasión cuando durante la guerra de Vietnam se convirtió en objetor de conciencia, las lecturas de poemas realizadas con el auspicio de la organización de Veteranos de Vietnam contra la guerra, su participación en los 60 en la campaña por los derechos civiles, las campañas políticas de 1968 cuando apoyó a Eugene McCarthy y él mismo fue candidato a la legislatura estatal de  California, y más que nada unas palabras de un pequeño monje japonés, su maestro Zen,  quien en una oportunidad le dijo: "Debes enfrentar la vida como si ya estuvieras muerto."
Él sabía qué decisión iba a tomar respecto de esta invitación; llamó a la secretaria de la primera dama informándole que no asistiría a la mesa redonda. No obstante, aún desconocía el modo en que la haría pública, pues imaginaba las consecuencias que ésta podría  desencadenar sobre la editorial a la que dedicó buena parte de su vida. Habló por teléfono con William S. Merwin y con Hayden Carruth (este último tiene alguna experiencia al respecto ya que había rechazado una invitación similar del ex presidente Clinton) y al día siguiente redactó una carta dirigida a sus amigos y colegas. 
En ella les solicitaba que cada uno de ellos se expresara a favor de la verdadera conciencia cívica de su país y firmaran un petitorio contra una guerra que destruiría a un pequeño país que no tenía relación alguna con los atentados del 11 de septiembre. Asimismo, los urgía a colaborar para declarar el 12 de febrero como el día de la poesía contra la guerra.
La carta, que no fue difundida por la prensa, fue enviada a alrededor de cuarenta poetas. La respuesta fue masiva. Los miles de mensajes electrónicos que comenzaron a llegar inundaron su servidor. Él relata que debieron recurrir a Emily Warn, una poeta que trabaja en Microsoft, en busca de ayuda. Ella los contactó con el proyecto Alchemy, una organización que brinda ayuda a instituciones sin fines de lucro; junto a ellos encontraron la forma para continuar recibiendo la marea de mensajes, y también crearon rápidamente un foro para  Poetas contra la Guerra.
Los poetas comenzaron a enviarles poemas contra la guerra,  en pocos días recibieron   12.000 poemas escritos por 11.000 poetas. Copiaron los poemas en papel, la pila de hojas medía cerca de dos metros de altura, convirtiéndose en  la antología temática más extensa de la historia literaria.
En compañía de William S. Merwin, Terry Tempest Williams y Peter Lewis, los entregaron al Congreso. Las cajas conteniéndolos fueron recibidas por diputados que no estaban de acuerdo con las decisiones del poder ejecutivo acerca de la guerra en Irak. Desde entonces, muchos de estos poemas no han dejado de ser citados en diferentes sesiones legislativas en Washington en las que se tratan temas relacionados con la guerra, y en los parlamentos del Reino Unido, Francia, Italia, Alemania, España y Japón, razón por la cual muchos de ellos han sido traducidos a varios idiomas.
El 17 de febrero, en medio de la tormenta más grande de los últimos años que se recuerde en Nueva York, más de 3000 personas se reunieron en el Lincoln Center  para escuchar a los poetas leer Poemas no aptos para la Casa Blanca.
Posteriormente, con la ayuda de veinticinco editores, Hamill y Sally Anderson seleccionaron 200 poemas representativos entre los 12.000 recibidos. Entre ellos, poemas de: Robert Aitken, Francisco X. Alarcón, Willis Barnstone, Robert Bly, Hayden Carruth, Robert Creeley, Martín Espada, Lawrence Ferlinghetti, Tess Gallagher, Joy Harjo,  Galway Kinnell, Ursula K. Le Guin, Robert Pinsky, Jerome Rothenberg, Arthur Sze, Anne Waldman, C.K. Williams,  sólo para mencionar algunos nombres.
La antología se convirtió para la editorial Nation Books en un verdadero best seller: en pocos días se vendieron cerca de 50.000 ejemplares. La poesía y los poetas tenían algo que decir respecto de las políticas exteriores del gobierno norteamericano. En esos días la poesía fue tema obligado de los medios y muchos poetas pudieron reevaluar los fines de su oficio. Cientos de poetas jóvenes influenciados por el rap, la performance y la cultura televisiva, quienes evitaban escribir acerca de temas políticos y sociales, hoy piensan distinto al respecto.
Estos hechos le dieron a Hamill la oportunidad para extender las actividades de Poetas contra la guerra en distintos países.  Sin embargo, toda decisión que no sea aceptada por el poder tiene sus costos.
Las presiones políticas comenzaron a crecer en intensidad. El New York Times y el Wall Street Journal publicaron artículos en los que fue atacado personalmente por periodistas cercanos a la administración republicana, los comentaristas televisivos denostaban su independencia política. Entonces, el  directorio de la editorial que él había fundado, Copper Canyon Press,  le solicitó, por el bien de la misma, la renuncia a su cargo.
Este proceso de hostigamiento duró cerca de un año, hasta que en una reunión de directorio se impuso una mayoría que lo despidió. Le ofrecieron una indemnización siempre y cuando él firmara un acuerdo en el que se comprometía a no hablar en el futuro de la editorial y a no mencionar las presiones de las que fue objeto; asimismo, fue despedido de su cargo como director del Port Townsend Writers' Conference. Los grandes medios de prensa habían ganado su batalla contra un poeta independiente que regresó a su casa desempleado pero no desocupado.
Hamill continuó trabajando en su proyecto de Poetas contra la guerra, escribiendo poesía y releyendo las pruebas de imprenta de su nueva traducción al inglés del Tao Te King de Lao Tzu y de Almost Paradise, una selección de sus poemas y traducciones publicadas recientemente.
En la actualidad descansa en Buenos Aires mientras le da nueva forma a un viejo proyecto, la edición de una antología contemporánea de la poesía latinoamericana.




EL GIGANTE DE ROBERTO ARLT

Publicado en De Otros. el 8 de Febrero, 2006, 9:26 por scalona

 

""""Para los griegos, morir joven era un acto de desmesura. Si comparamos la retirada brusca de Arlt con la persistencia borgiana, que se disemina en banalidades, advertiremos tal vez que, en ciertos casos, una muerte bien colocada puede llegar a tener, como él decía, la eficacia de un cross a la mandíbula.

De haber vivido, Arlt hubiese tenido hoy la misma edad que Borges. ¿Cómo imaginárnoslo recibiendo condecoraciones, almorzando en la televisión, errando por universidades europeas y norteamericanas, perorando sobre el infinito y sus alrededores? Si un escritor es únicamente escritor cuando escribe, podemos decir que Borges, que en otros tiempos escribió textos de primer orden, hoy los sobrevive y no es más que un anciano que hace chistes en los diarios, en tanto que Arlt es estrictamente contemporáneo de su propia obra, como Kafka, Proust o Dostoievski de las suyas, hasta tal punto que es imposible separar esa obra del hombre que la escribió. Desde luego, la edad de la muerte no tiene ninguna importancia: únicamente la obstinación de la búsqueda, el no querer ser otra cosa que escritor, el no aceptar tareas sociales de substitución, como quien diría subalternas, la fuerza de conservar hasta el final esa disponibilidad para la incertidumbre que es la condición esencial de las obras mayores.

En la de Roberto Arlt, varios aspectos aseguran su perduración. Pero antes de señalarlos, tal vez convendría disipar un malentendido que persiste en la estimación vulgar de sus libros. Se suele decir que Arlt escribía mal y, lo que es más grave, se tiende a instaurarlo como modelo y casi como justificativo de la inepcia y de la ignorancia. Escribir  mal sería una virtud de quien éticamente es superior, por una especie de vitalismo redentor, a todos aquellos que, de espaldas a la vida y a la famosa realidad, tratarían de escribir bien. Pero hay que desengañarse: por un lado, la acusación de escribir mal alcanzó en su tiempo a escritores dispares y grandes con Shakespeare, Cervantes o Faulkner, y tenía menos que ver con su eficacia estilística que con la transgresión que hacían de una retórica perimida; por el otro, lo que Arlt pareciera afirmar en alguno de sus prefacios, aguafuertes y dedicatorias, no es que él escribe mal, sino que muchos de sus contemporáneos consideran que escribir bien consiste en cincelar páginas trabajosas como anodinas. A decir verdad, los que por pereza y oportunismo escriben mal, no deberían buscar en Arlt su justificación, ya que haciéndolo, se pasan al campo de sus detractores. Basta leer los cuentos de El jorobadito, la sucesión sabia de formas y acontecimientos, la exacta necesidad de cada una de sus frases, la exploración implacable de muchos aspectos del mal, para convencerse de que todos aquellos que, por razones que no tienen nada que ver con la literatura, quieren hacer de Arlt el patrono de sus inepcias, son refutados de antemano por la propia obra de Arlt.

            A esta obra podemos concebirla como un vasto laboratorio, en el que sus personajes –Erdosain, el Astrólogo, el narrador de “El jorobadito”, el Escritor fracasado, Eugenio Karl, etc.- actúan constantemente como experimentadores, como agentes, como investigadores de una nueva moral. Ya se ha señalado que las metáforas metalúrgicas, físicas o químicas abundan en la obra de Arlt; podemos agregar que sus personajes manipulan la materia humana como los investigadores de laboratorio las propiedades físicas o químicas de los elementos con los que trabajan. Así, en “El jorobadito”, al narrador introduce a Rigoleto en la casa de la señora X con el fin de precipitar una reacción determinada, del mismo modo que el químico cambia un elemento en un compuesto para observar las transformaciones que se producen. El Escritor fracasado somete al medio literario a una variada serie de experiencias, con el fin de demostrarse a sí mismo ciertas hipótesis de trabajo sobre ese medio, que ya ha elaborado. Y Eugenio Karl, en el admirable cuento “Una tarde de domingo”, pretende asumir lo que él llama el “punto de vista materialista” y divertirse observando a los otros. Lo que Karl disfraza de distancia sádica y de cinismo, no es otra cosa que esa preocupación moral que, separándolo de los hombres, lo induce a manipularlos para que, desembarazándose de las abstracciones sociales, muestren cómo, del nacimiento a la muerte, el mal los trabaja. En otras palabras, Arlt es, antes que nada, en nuestra literatura, el que explora la negatividad, esa negatividad que, por cierto, sus personajes no solamente se limitan a indagar sino que incluso, aventurados, suscitan.

El moralismo intenso de Arlt se expresa a través de su desmesura con tremendismo, efecto retórico que pulula en nuestra literatura y que otorga patente de viril, de auténtico y de vagamente verista a más de un prestidigitador de lo arbitrario. La desmesura, en cambio, es de orden trágico. Se sustenta tanto en la noción de transgresión como en la de equilibrio. No basta acumular patetismo para que la desmesura aparezca: es necesario que exista una tensión entre negatividad y positividad, que a través de sus conflictos afloren angustis, culpa, desesperación, pérdida, autodestrucción; en tanto que nuestros tremendistas profesionales parecieran salir de sus peripecias límite limpios de culpa y cargo y con dividendos acrecentados, Arlt es solidario de su obra y traslada a su propia vida, como sugería al principio, la desmesura que la sustenta.

La pertinencia de Arlt se ha afirmado con los episodios recientes de nuestra vida social. La historia ha practicado su desmesura. El choque de una mística voluntarista, provista de una teoría política aproximativa, contra una represión que se autojustifica con argumentos meramente tecnológicos y con abstracciones brutales (orden, familia, liberalismo, geopolítica) corrobora, empeorándolos, algunos de sus pesimismos fundamentales. Pero lo que en Arlt parece sacudido por estremecimientos de grandeza, nuestra historia lo ha rebajado a obediencias de subalternos; lo que en los personajes de Arlt era reflexión constante sobre la condición humana, en nuestros técnicos de la masacre son giros copernicanos presididos por cambios estratégicos cuyas razones, aparte de provenir por la vía jerárquica, todo el mundo desconocía. Lo que en la obra de Arlt proyectan los siete locos, en la realidad lo ha puesto en práctica Saverio el Cruel.

En estos tiempos en que abunda la autocrítica, la visión arltiana del mundo, bien interpretada, puede servirnos parta elaborar una crítica de esa autocrítica. Leyendo algunos textos de esa corriente no deja de visitarme la impresión desagradable de que la ideología que sustenta la autocrítica no es diferente de la que sustentaba los errores: parecería que todo se ha debido a faltas estratégicas, defectos de organización, estimaciones políticas inadecuadas. Con sobresaltos morales a, en muchos casos sin duda sinceros, se observa la magnitud del tendal y se diagnostica. Pero aun cuando nuestra realidad haya sido tremenda, el método tremendista no se justifica. Si la simplificación política tiene un género de expresión privilegiado, es sin duda la historia novelada. Pensar que se abarcará mejor la complejidad de una situación histórica mediante el género inclusivista por excelencia, la novela realista, es ya dar pruebas de un simplismo esencial que invalida de antemano la tentativa. Creyendo aferrar la verdad, el uso de un mal procedimiento no hace otra cosa que producir más ideología; la historia novelada cumple la doble hazaña de tergiversar al mismo tiempo la historia y la novela. El mismo defecto corroe error y autocrítica: la ausencia en estos memorialistas de eso que está presente en Arlt y en toda gran literatura: una verdadera antropología.

A la de Roberto Arlt, el mal, la imposibilidad la atraviesan. El fue capaz de mirarlos de frente, sin optimismo programático ni cálculos estratégicos. Para destacarse en la mera política, se necesitan más que galones de almirante o de general, más que los votos canalizados de un partido, más que autodesignarse portavoz de masas abstractas y fantasmales; aun para eso hay que entrar en la negrura de la historia, en la clandestinidad de animal humano y participar de su desmesura, llevando, no verdades reveladas, sino incertidumbre, abandono, modestia, libertad. Pensar y actuar no consiste en superponer capas planas de realidad y cortar lo que sobresale, hasta darle al mundo la forma de nuestros fantasmas, sino en aceptar su diversidad y su amenaza, aunque al contacto de su ardor nuestra omnipotencia quede chamuscada. Arlt era de la raza de los que miran el sol de frente, de los que se aventuran, decididos, por la patria del mal. A diferencia de los que se sobreviven en la plaza pública, hizo sus libros con esa aventura. Y es por eso que hoy no está aquí para contarlo"""""""""".-.

                                                                                                                   (1985)

 

(Juan José Saer – “El concepto de ficción”)

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-