"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




19 de Enero, 2006


Y ESTA QUIEN LA ESCRIBE??????

Publicado en General el 19 de Enero, 2006, 12:37 por Lorena Aguado

DENUNCIABA, A CADA TIMBRAZO DE TELEFONO, LA INFIDELIDAD DE UNA MUJER
La increíble historia del loro que destruyó un amor

http://www.clarin.com/diario/2006/01/19/sociedad/s-03002.htm

La foto salió movida

Publicado en De Otros. el 19 de Enero, 2006, 11:45 por tomasboasso

Un cronopio va a abrir la puerta de calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de fósforos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de la llave encuentra los fósforos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos están donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del teléfono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías. Así es que este cronopio se aflige horriblemente y corre a mirarse al espejo, pero como el espejo está algo ladeado lo que ve es el paragüero del zaguán, y sus presunciones se confirman y estalla en sollozos, cae de rodillas y junta sus manecitas no sabe para qué. Los famas vecinos acuden a consolarlo, y también las esperanzas, pero pasan horas antes de que el cronopio salga de su desesperación y acepte una taza de té, que mira y examina mucho antes de beber, no vaya a pasar que en vez de una taza de té sea un hormiguero o un libro de Samuel Smiles.

(Julio Cortázar. Historia de Cronopios y de famas.)

cap. 68, Rayuela

Publicado en De Otros. el 19 de Enero, 2006, 11:30 por tomasboasso

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

R I M B A U D

Publicado en General el 19 de Enero, 2006, 11:18 por scalona

"Cuando aún era muy niño, admiraba al presidiario intratable tras el cual se cierran siempre las puertas de la cárcel; visitaba los albergues y las posadas que él había santificado con su presencia; veía con sus modos el cielo azul y el florido trabajo de campo; husmeaba su fatalidad en las ciudades. Él era más fuerte que un santo, más sensato que un viajero - y él, sólo él, como único testigo de sí mismo-.

En las rutas, durante las noches de invierno, sin techo, sin ropas, sin pan, una voz oprimía mi corazón helado:  "Debilidad o fuerza, héte aquí, es la fuerza. No sabes adónde vas ni porqué vas, entyras en todas partes, respondes a todo, como si fueras un cadáver, ya no podrán matarte..."

A la mañana, luego, yo tenía una mirada tan extraviada y un aspecto tan muerto, que aquellos que encontré quizá no pudieron verme. Me veía ante una multitud exasperada, ante el pelotón de ejecución, llorando la desgracia de que ellos no hubieran podido comprenderme, y perdonándolos, como Juana de Arco, decir:  "Sacerdotes, profesores, maestros,  se equivocan al entregarme a la justicia. Jamás pertenecí a este pueblo; nunca he sido cristiano; yo pertenezco a la raza que cantaba en los suplicios; no comprendo las leyes y carezco de sentido moral, soy una bestia, están equivocados..."

Sí... tengo los ojos cerrados a su luz. Soy como una bestia, un negro... pero al menos puedo ser salvados... ustedes son falsos negros, ustedes, feroces, maniáticos, avaros. Mercader, tú eres negro; Magistrado, tú eres negro; General, tú eres negro; Este pueblo de ustedes se inspira en la fiebre y el cáncer. Lo sagaz es abandonar este continente, donde ronda la locura para proveer de rehenes a esos miserables.

¡Basta de palbras...! Sepulto a los muertos en mi vientre y gritos, tambor, danza, danza, danza, danza...

El hastío ya no es mi amor. Las iras, el libertinaje, la locura, de la que copnozco todos los impulsos y desastres. Apreciemos sin vértigo la extensión de nuestra inocencia. Ya no necesito ni abnegación ni amor divino. No echo de menos el siglo de los corazones sensibles. En cuanto a la felicidad establecida, sea o no doméstica... no... ya no puedo. Soy demasiado débil disipado. La vida florece por el trabajo, vieja verdad; en cuanto a mí, no es lo bastante pesada, y vuela y floto lejos muy por encima de la acción. Mi adorado punto del mundo.

Mi inocencia a veces me hace llorar cuando la vida me parece una farsa en la que participamos todos.

Una noche senté a la Belleza en mis rodillas, y la encontré amarga. Y la odié y la injurié. Entonces, he decidido jugarle buenas bromas a la locura.


frag. de UNA TEMPORADA EN EL INFIERNO, Ed Argonauta, trad. de Oliverio Girondo y Enrique Molina, se consigue a $ 14 en H.S. o Laborde.

Arturo Rimbaud escribió toda su obra poética hasta los 23 años de edad, y luego se transformó en un peregrino del mundo, del absoluto, un vagabundo, un caminante, un aventurero.  Lo cual confirmó todo aquello que incendiaba sus poemas.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-