"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Aporte DOS - Julio Llinás

Publicado en General el 2 de Enero, 2006, 11:00 por Germán Minguei
Memorias de un francotirador
Formó parte del grupo surrealista. Durante veinte años se dedicó a la publicidad y luego volvió a la literatura. Ahora cuenta su experiencia en un libro, "Querida vida"

Osvaldo Aguirre / La Capital

Julio Llinás (Buenos Aires, 1929) se confiesa mezquino y egoísta. Por su último libro, "Querida vida", advierte, "se me puede acusar de falta de pudor intelectual". Son las memorias de un escritor que detesta a los escritores y que recuerda sin censuras ni temor a cometer indiscreciones. Ernesto Sabato, Alberto Girri, Manuel Mujica Lainez y otras figuras suelen quedar malparadas en esas páginas.

"Querida vida" (Editorial Sudamericana) es un libro inclasificable. Las memorias de Llinás atraviesan los géneros: pueden formularse como narración, aforismo, poesía. Y no sólo la forma está fuera de las convenciones: también el tono o los modos de la evocación pueden deparar sorpresas. El caso de Oliverio Girondo, recordado "con la bragueta abierta y atrozmente manchada de rouge" en una recepción social. O la aclaración de que el título que ostentaba el crítico de arte Jorge Romero Brest se debía a un profesorado de educación física.

En su juventud, Llinás se vinculó con los poetas de orientación surrealista nucleados en torno a Aldo Pellegrini y Enrique Molina. Entre 1966 y 1986 se apartó de la literatura, para dedicarse a la publicidad. "Fui director creativo de Ted Bates, la agencia más importante del mundo. Gané mucha plata", dice. Es un outsider en el ambiente literario, aunque muy bien relacionado: tiene como representante a Carmen Balcells, la influyente agente literaria catalana.

En 1971 perdió el brazo derecho en un accidente. "Totalmente ebrio, manejaba mi Peugeot 404 a gran velocidad en compañía de una hetaira", escribe al recordar el episodio en "Querida vida".

A partir de "De eso no se habla" (1993), novela que llevó al cine María Luisa Bemberg, retomó la escritura. Volvió a publicar poesía y también fue best seller, con "Inocente", una ficción sobre el doping de Diego Maradona en el Mundial de Fútbol de 1994. La novela apareció con la firma de Llinás y del periodista Fernando Niembro. "En realidad él lo único que hizo fue contarme los partidos", aclara el escritor, en su casa de San Telmo, en Buenos Aires.


Encuentros y desencuentros
La infancia y el período que residió en Francia, durante los años 50, aparecen en "Querida vida" como los capítulos más luminosos. "En París conocí gente que quería conocer y gente que no quería conocer -dice Llinás-. Llegué en 1952 con el título de estudiante patrocinado, pero sin dinero: era algo que facilitaba el ingreso a la facultad. Allí, después de correr una coneja bastante grande, conseguí un trabajo de telefonista en la embajada argentina. Ganaba poco, pero no tenía problemas de residencia, y me quedaba tiempo libre".

Llinás tenía ya un libro de poemas, "Panta Rhei", publicado en 1950, y cuyo título evoca el lema de Heráclito: "todo fluye". "A partir de cero" y "Letra y línea", revistas de impronta surrealista, lo tuvieron como colaborador en Buenos Aires. "Yo nunca me consideré surrealista", aclara, y se ríe a carcajadas del título de "última reliquia del surrealismo" que le otorgó el chileno Jorge Cáceres. "Me fastidian los rótulos -remata-. Yo soy Julio Llinás: soy una cantidad de cosas contradictorias, una cantidad de cosas buenas y de cosas malas".

El encuentro con André Breton, el "Papa" del surrealismo, lo decepcionó. "Me hice amigo de Wilfredo Lam, que estaba en el grupo -recuerda Llinás-. Un día me dice «vamos a verlo a André". El artista cubano lo llevó al Café Cyrano, de la Place Blanche, en Montmartre, el lugar de reunión de los surrealistas. "Ahí estaba. «Mierda -dije-, este es el tipo». Hablamos de cosas circunstanciales y me invitó a su casa para el miércoles siguiente. Después me pidió que fuera a las reuniones, y fui a algunas, pero no tuve una participación muy activa a pesar de que firmé algunas declaraciones, o afiches. No me interesaba nada de eso, no me interesaba si un pintor era abstracto o no lo era, me interesaba si era bueno o malo".

Después hubo un episodio que lo fastidió. Llinás tenía dos entradas para el estreno de "Esperando a Godot", la obra de Samuel Beckett. "Se me ocurrió invitar a Aube, la hija de Breton, que tenía mi edad y era igual a él, o sea que no era linda. Y él no la dejó ir, le dijo que tenía que estudiar para un examen. Era celosísimo, un monstruo de celos. Para vengarse, Aube reprobó el examen".

Las disensiones internas estaban al día con los enfrentamientos entre Breton y Paul Eluard. "Estuve en el entierro de Eluard. Me vino a buscar Lamb, fuimos al cementerio de Pére Lachaise y tiré un clavel rojo en la tumba: estando prohibido para el grupo surrealista, por Breton, ir al entierro. A Lamb le importaba un carajo porque él era entonces la gran figura".

Mejores recuerdos le quedaron de Tristan Tzara -"fue la entrevista que más me impresionó: estuvimos como dos horas sin hablar"- y de Boris Vian, al que comenzó a frecuentar después de conocerlo en una exposición del Colegio de Patafísica. "Era un tipo muy simpático. Se murió cuando iba al estreno de la película sobre (su novela) «Escupiré sobre vuestras tumbas». Le dio un síncope de la bronca que le dio la película", dice Llinás, y agrega a propósito de la adaptación que hizo María Luisa Bemberg de uno de sus textos: "Me podría haber pasado a mí cuando fui a ver «De eso no se habla»".

Al regresar de Europa conoció a Marta Peluffo. "Era una de las mujeres más lindas del mundo -afirma Llinás, tajante-. Y muy buena pintora. Nos pusimos de novios y nos casamos. Entonces dije: «yo ahora tengo que tener sopa, casa, colchón. ¿Qué hago?» Un amigo me propuso trabajar en publicidad. «Pero yo no sé nada de eso», le dije. «No importa», me respondió. Y tenía razón". Así fundó una agencia llamada Medium, como una de las publicaciones de los surrealistas franceses.

Años después, se divorció, volvió a casarse y otra vez se divorció. "Mis hijos, Verónica (actriz) y Mariano (cineasta), son la felicidad de mi vida", dice.


Escrituras de la experiencia
La etapa como publicitario fue una suerte de exilio. Alberto Girri le dijo que había abandonado el mundo literario. "Pero yo nunca estuve ahí -protesta Llinás-. En ese período dejé de escribir sistemáticamente y de publicar, pero no dejé de frecuentar a mis amigos, por más que mi figura se convirtió en la de una especie de ejecutivo. Además empecé a tener plata, lo cual es un pecado terrible. La verdad, no me importó nada porque la literatura en tanto literatura no me interesa mucho: lo que a mí me interesa es mi vida, que es la vida, en tanto la vida de un hombre es la vida de todos los hombres. Por eso las cosas que yo escribo son siempre remitidas a mi propia experiencia".

Y en la experiencia que revisa "Querida vida" hay pasajes desconcertantes: diversas historias con las mujeres a las que amó, el rechazo que siente hacia los homosexuales, una visión desencantada de la actualidad. Tanto como su afición al motociclismo -en particular a la moto Terraud-, la actividad hípica y el boxeo. "Una vez me dieron una paliza -cuenta al respecto- y mi viejo me llevó al gimnasio del negro Trías, un boxeador famoso. Aprendí a boxear, y nunca más me fajaron".

La reflexión sobre la muerte es otro tema recurrente. "Yo creo que termino mi vida con este libro", dice Llinás. Pero no todo está cerrado: "Hay una frase que no puse, pero que me parece muy importante respecto del libro: «Todo es imaginario». No sé cómo quiere titular la nota, pero podría poner entre comillas «todo es imaginario». Es buena la frase: no voy a explicarla, porque seguramente la entiende todo el mundo". La escritura continúa.

"Los escritores son insoportables"

Julio Llinás se manifiesta con claridad: "los escritores son insoportables, y además ilegibles". Se considera "un poeta, que de pronto se puso a escribir novelas" y cuyas ficciones se mueven en un trasfondo poético.

Ahora lee "Las intermitencias de la muerte", de José Saramago. "Me está decepcionando bastante. Tiene como una especie de molde, que repite", dice. Y se enoja con Dalmiro Sáenz. "Es muy amigo mío -cuenta-, pero es un chorro. Acaba de sacar un libro que se llama «Pastor de murciélagos», como un poema mío del libro «Sombrero de perro». Además me ha plagiado otras cosas. Pero qué voy a hacer...".

Los retratos que traza Llinás de sus colegas no suelen ser muy favorables -Manuel Mujica Lainez aparece de modo patético, como acosador de jovencitos- o incluso se reducen a un episodio nimio que pasa por alto la historia completa -el caso de Francisco Urondo, evocado como redactor publicitario. "Estoy arrepentido de lo que escribí sobre (Ernesto) Sabato, porque lo estimo mucho", aclara Llinás. El autor de "Sobre héroes y tumbas" es considerado un escritor mediocre y vanidoso en "Querida vida". "Pero cuando me pongo a escribir es como cuando uno se confiesa. Si yo me empiezo a trabar por cuestiones sociales...".

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-