"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Para el cumple de Paula, escribí esto

Publicado en Cuentos el 26 de Noviembre, 2005, 1:26 por dvaldez

ESTUPOR

Pasó rozándome la espalda. Con un toque tan sutil que pensé que había sido el viento. Después la busqué. Se mezclaba entre las sombras y me eludía. En el borde de una pared dejó caer algo. Era un pañuelo de fina seda blanca. Lo levanté. En letras doradas decía Ángela y una fecha: 1920. Un viento súbito me arrancó la tela de las manos. La ví perderse, elevándose más y más en la oscuridad. Ahora, después del extraño ventarrón, la calma surgía pesada. El silencio era denso y dolía en los oídos. No supe qué hacer. Parado en medio de mi desconcierto escruté a derecha e izquierda, intentando captar algo. Un hondo desasosiego me invadió de pronto. Miraba la negrura de la noche, el piso pardo, aún más oscuro. A mi alrededor las construcciones cúbicas me dominaban en diferentes alturas. Brillaban en la noche, exhibiendo vestigios de la ligera llovizna que caía. Vacilé. Quise encender un cigarrillo, pero me temblaron las manos. Caminé lento, primero arrastrando los pies y luego en loca carrera, tratando de no hacer ruido. En mi estupor no ví el alambre que protegía unas rosas de las pisadas distraídas. Caí. Aplasté las flores y mi cara se hundió en un barro espeso y maloliente. Pegada a mi frente había una piedra. La había evitado sólo por milímetros. Comenzaba en el suelo y se elevaba en ángulo recto, azabache irregular sobre el terciopelo negro de la noche. Era una lápida triste que decía "Ángela Benavides – 1900 – 1927". El pañuelo de seda ondeaba lento, pegado por un borde al granito basto. Luego se plegó totalmente a la superficie porosa y se quedó extático. Lo miré espantado. Por un pequeño reborde se le colaba el viento y en su centro una burbuja de aire subía y bajaba, como un latido. Cuando escuché el suspiro, ya estaba lejos. Las marcas barrosas de mis pisadas señalaban el derrotero absurdo de mi huída.

¿Qué por qué fui al cementerio aquella noche? Ni yo sabría decirlo. Solo sé que al otro día, cuando el sol me despertó pegándome en la cara, creí que todo había sido un sueño. Y aunque no soy supersticioso y me considero poco crédulo, a partir de aquella mañana mi rutina, sea cual fuere, se desarrolló en una invisible frontera que terminaba, lo quisiera o no, a un mínimo de tres cuadras de la entrada, muro o alambrado del Cementerio municipal de Ibarlucea.

                                                                  DANIEL VALDEZ  

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-