"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




11 de Noviembre, 2005


LOS TRICICLOS ME CONTARON ESTO

Publicado en Cuentos el 11 de Noviembre, 2005, 19:42 por dvaldez

CIELITO LINDO

 

-         Y entonces, ¿a usted qué le parece?

-         No sé, son tan raros. ¿Y si tienen algo malo?

-         Vamos, no ve va a decir que tiene miedo. ¿o acaso de chico le hicieron daño? Yo digo que deberíamos, ya no se ven tan seguido.

-         Si, si, pero ¿qué hacen ahí? ¿son alguna especie de portento?

-         Oiga, usted es muy racional. ¿No le alcanza con los ojos? No me va a decir que se hizo una caminata de una hora solo para volverse con las manos vacías.

Los dos hombres hablaban en voz baja, como temiendo que alguien los escuchase. Miraban hacia arriba hasta que les empezaba a doler el cuello y cuando no daban más, enfrentaban las miradas y se escrutaban mutuamente. Bruno sacó un paquete muy arrugado de cigarrillos del bolsillo trasero del jean. Se caló uno medio doblado, lo encendió y arrojó el humo al cielo, en dirección a los triciclos. Y se quedó así, extasiado, mirando los lejanos bultitos pardos que lo llamaban desde su olvidada infancia.

-         El de la izquierda tiene algo en el manubrio-dijo Tomás, haciéndose visera con la mano-

-         ¿Como sabe? Yo no veo nada de nada.

-         El que usted no lo vea, no significa que no exista.

-         Como el aire-reflexionó Bruno-

-         Si, como el aire- convino Tomás-

-         ¿El otro no?

-         No sé, está más lejos, no alcanzo a ver.

-         A mí me parece que me está metiendo el perro. ¿cómo hace para distinguir detalles desde tan lejos?

-         Lo mismo me decía mi madre. Me preguntaba: ¿Tomasito, de donde sacaste la idea de que Flora te engaña? Entonces, un día le dije a Flora que iba a cenar con mi mamá. Y a mi mamá que la invitaba a cenar en casa. A la hora y media de irme, volví al departamento con mamá. No sabe la cara de Flora cuando la encontré con el fulano en el dormitorio. Y la cara de mi mamá. No se imagina.

-         No sé que tiene eso que ver con…¡Ah! Ya entendí, ya entendí.

Hicieron una pausa. De un bolso pequeño, Bruno sacó un par de termos. ¿Café?- le preguntó a Tomás. Tomás negó con la cabeza e hizo un gesto hacía el otro termo. Bruno acordó con un gesto.

Matearon en silencio.

-         Yo propongo una soga con gancho. Como en las películas. Lo hago girar fuerte, lo arrojo y ¡zas! Lo engancho en el eje.

-         No, lo veo difícil. Están muy arriba. No va a tener la fuerza. Una pedrada es mejor. Si le pego bien, a lo mejor se viene en banda.

-         Ah sí. ¿Y si cuando cae se rompe? Usted es tan sutil como un elefante en un bazar.

-         Helicóptero, entonces.

-         Bueno, espéreme aquí que voy hasta el pueblo, saco mi helicóptero del garage y los bajamos. Sea un poco más realista, Tomás.

-         Es que no se me ocurre otra cosa.

-         Subamos a ese árbol- dijo Bruno.

Desde aquí no cambia mucho la cosa- protestó Tomás- ¿A qué distancia estamos del suelo? Yo los veo tan lejos como antes.

-         Cuatro, cinco metros. Este ombú no es muy alto que digamos.

-         Y encima no es un árbol- reflexionó Tomás- Deberíamos subir a ese pino.

-         Já!- se burló Bruno. ¿Y me dice como hace? Es tan abigarrado que no le debe caber ni un alfiler.

-         Pero es más alto que este ombú- le hizo notar Tomás- rascándose la pantorrilla, allí donde una hormiga lo había picado.

-         ¿Pino entonces?- preguntó Bruno

-         Pino-ordenó Tomás.

No pudieron avanzar demasiado. Apenas comenzaron a escalar, el pino, flaco como un alambre, se inclinaba hacia un costado, haciéndolos colgar como bolitas de navidad. Testarudos, avanzaron un rato hasta que el ángulo fue máximo y tocaron tierra con los pies. Se soltaron del árbol con resignación. Lo observaron enderezarse y restallar como un látigo. Un nido salió volando, despidiendo unos diminutos huevos y se perdió a lo lejos. En la distancia, un ave graznó desgarradoramente. A los pocos segundos, un pájaro negro azabache, de lustrosas alas aceradas, se abatió sobre la cabeza de Bruno y lo picoteó repetidamente. Luego se alejó, no por los gritos de Bruno ni por los manotazos que Tomás intentaba acertarle, sino por su propia voluntad, en busca del pequeño nido perdido.

-         Ya sé, le digo a Julio que traiga la autobomba- dijo Bruno con la cara resplandeciente por la emoción, mientras se secaba la sangre que le brotaba de la calva.

-         ¡Ni loco!- censuró Tomás, ofuscado. Ya me imagino a los muchachos bajando los triciclos emocionados y esconderlos en el camión y arrancar levantando nubes de tierra, dejándonos aquí, desamparados y con la boca abierta.

-         Tiene razón- convino Bruno reflexivo.

-         Tengo-confirmó Tomás, ahora mucho más seguro de sí mismo.

-         ¿Y si armamos una vereda? Los triciclos son afectos a ella. Una vereda sola, sin calle, para minimizar el peligro. A lo mejor les da nostalgia y se bajan a dar una vueltita.

Bruno lo pensó unos instantes. Le gustaba el nuevo enfoque de Tomás. Mucho más sutil y sagaz. Quizás la estrategia exitosa que hasta ahora se les había escapado de las manos.

Construyeron a toda prisa un remedo de vereda con lo que tenían al alcance de la mano y se quedaron esperando.

Los triciclos siguieron allí, indiferentes. No se movieron ni siquiera luego de que una ligera brisa del norte comenzara a peinar la copa de los árboles.

Luego de un rato, Bruno reflexionó que quizás eran triciclos céntricos y que era probable que estuvieran acostumbrados a los patios, más que a las veredas. Construyeron entonces un patio venido a menos, con el mismo resultado de antes. Probaron luego con terrazas, calles con tránsito- por si eran triciclos temerarios-, paredes-uno nunca sabe- y hasta con poses de manejo que adoptaron combándose hacia arriba, como gatos enojados, con la esperanza de que los triciclos se apiadaran de ellos y bajaran a llenarles los huecos.

Nada ocurrió. Todo siguió con la misma calma chata del principio. La brisa leve, los árboles apenas estremecidos, algunos pájaros revoloteando por aquí o por allá. Los triciclos allá arriba, flotando en la nada, burlándose de las dos figuritas que hacían morisquetas y cabriolas sin sentido en el suelo áspero.

De improviso, Tomás recogió algunas piedras y comenzó a arrojárselas a los triciclos, profiriendo amenazas y poniéndose cada vez más acalorado a medida que el ataque progresaba. Bruno lo alentaba con fuertes exclamaciones, levantando las manos al cielo y cerrándolas en puños que querían golpear, conmover o suplicar, hasta que él mismo se agachó a recoger más piedras y comenzó a tirar también. Cuando se les agotaron las municiones, se arrojaron de espaldas al suelo, jadeantes por el esfuerzo y agobiados por la impotencia. A Tomás el cielo le daba vueltas sobre la cabeza. Bruno respiraba con dificultad y su corazón parecía querer salírsele del pecho.

Por detrás de una nubecita observaron un leve movimiento. Un par de ángeles asomaron sus alitas y surcaron el aire jugando y riendo, ignorantes a todo. Uno era blanco como la leche y sus cabellos enrulados de un rubio resplandeciente, se mecían con elegancia al ritmo de su risa franca. En su mano derecha llevaba lo que parecía ser un rollo ancho de papel o algo parecido. El otro, negro como la noche, a medio vestir, avanzaba acomodándose la ropa. Le hacía señas indescifrables al rubio y éste respondía con más carcajadas y haciendo cabriolas lo rodeaba y azuzaba. En un momento de calma, ambos angelitos sobrevolaron los triciclos y posándose sobre ellos partieron sin un rumor, girando los pedales a toda velocidad con sus diminutos piecitos.

Un minuto más tarde, Tomás y Bruno se levantaron del suelo, se limpiaron la ropa con metódicos manotazos y lentamente, emprendieron el regreso al pueblo. Bruno caminaba mirándose los pies y Tomás avanzaba erecto, sacando pecho y con los ojos llenos de lágrimas.

En una de las acequias del campo de don Roque Benavides encontraron un balero. Era de madera, muy viejo y descascarado por los años. El cordel parecía estar bueno todavía. Tímidamente lo probaron. Los dos sonrieron cuando Bruno, con un ¡clac! elegante logró ensartarlo. Se sentaron en la cuneta y jugaron hasta que se hizo de noche. Se apostaron un vino y como casi siempre sucedía, perdió Tomás.

En dirección al sur, allí donde el horizonte ya se transformaba en cielo, los ahora olvidados triciclos avanzaban. Cada vez más alto, cada vez más lejos, envueltos en un leve y etéreo resplandor dorado.

 

                                                                                    DANIEL VALDEZ

Imperdible

Publicado en General el 11 de Noviembre, 2005, 17:51 por juanita3c

Les recomiendo un cd

AMADOU & MARIAM

"DIMANCHE A BAMAKO"

Producido por y con MANU CHAO

¡Excelente! www.amadou-mariam.com

Susana

La Ella-sin-sombra

Publicado en De Otros. el 11 de Noviembre, 2005, 15:56 por Paula Aramburu
"Una imputación de haber tenido un instante de mal pensamiento uno hacia el otro, un fugacísimo deseo de mal, o de olvido por propia comodidad, hace que Ella se aleje. Pero queda su mancha de sombra sobre el piso.
Él, solo.
Durante el capítulo “Cómo borrar la sombra” van llegando los amigos y a cada uno Él pide recursos para extinguir la sombra, que ha quedado indeleble; todos lo intentan y nadie lo puede.
Hasta que comienza el capítulo “Fortuna fue que fuera imposible mi insensato intento de borrar esa sombra”. Entonces se problematiza a sí mismo sobre sus deberes, conducta para con esa sombra.
En tanto, el problema (para otros, no para Ella) de su transitar sin sombra. Acto deliberado fue perderla, dejarla allí para obsesión de Él, para elevarlo a ser hombre de único pensamiento el pensar en lo que falta a esa sombra; y su certeza de que su sombra y el amor de Él serán suyos nuevamente".

                                                              Macedonio Fernández

LA CANCION Y EL POEMA

Publicado en De Otros. el 11 de Noviembre, 2005, 12:47 por Omarmay

                                      Hoy que el tiempo ya pasó

                                      hoy que ya pasó la vida

                                      hoy que me río si pienso

                                      hoy que olvidé aquellos días

                                      no sé por que me despierto

                                      algunas noches vacías

                                      oyendo una voz que canta

                                      y que tal vez es la mía.

                                     Quisiera morir ahora de amor

                                     para que supieras cómo y cuanto te quería

                                    Algunas noches de paz

                                    si es que las hay todavía

                                    pasando como sin mí

                                    por esas calles vacías

                                   entre la sombra asechante

                                   y un triste olor de glicinas

                                  escucho una voz que canta

                                  y que tal vez es la mía

                                  Quisiera morir ahora de amor

                                  para que supieras cómo y cuanto te quería.

                         

                                                               Idea Vilariño.

Aquí de sa forma a una poesía original de Idea Vilariño, titulada "La canción", que en un evidente juego de simetrías entre los roles de la palabra y la música, Alfredo Zitarrosa titula, "La Canción y el Poema", que graba en el año 1972.

Hoy cumple LORENA AGUADO

Publicado en General el 11 de Noviembre, 2005, 12:00 por scalona

Heyyyyyyyyyy...   LORRIE...  para mí fue hermoso que aparecieras en el taller.  Sos una persona muy sensible, franca, laburadora, criteriosa y siempre positiva, pujante... con una especie de detector de "tontos del culo" en la frente.... SALUTE....

¡Que los cumplas muy feliz...!   Hoy, y mañana también, porque para los que nacieron el 11, el resto del mes también se festeja... el NO Cumpleaños.... besos, abrazos, tirones de oreja, copas, brindisssss... y que hoy te mimen mucho... mucho... mucho....   MARCE

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-