"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Las lanzas

Publicado en General el 22 de Octubre, 2005, 13:12 por Hernán Botta

Las lanzas

No sé por qué atenta escuchas

portuguesa linda

mi canción de amor

(“Caprichosa”, fado)

 

 

- ¿Tienes fuego?- escuchó que le preguntaban desde atrás.

- No - empezó a responder sin darse vuelta y luego giró – además, no creo que te dejen fumar acá.

Madrid se cocinaba bajo el sol. Apenas salió a la calle sintió el sofocón y mientras desayunaba en el bar que el Roge le había mostrado unas mañanas antes, decidió que ése era el día ideal para visitar El Prado. Seguramente, en sus cálculos, el calor no se haría sentir en el museo.

Como la fila de personas que esperaban para entrar no era larga, apenas salir del Metro, se vio a la sombra de los soportales donde están las boleterías.

- Seguro que acá no se puede fumar – le confirmó luego de advertir el cartel que ella por su posición no podría ver: “EN ESTE MUSEO NO SE PUEDE: FUMAR, TOMAR FOTOGRAFÍAS CON FLASH, NI  INGERIR ALIMENTOS O BEBIDAS FUERA DE LOS LUGARES DESTINADOS AL EFECTO”.

Al principio no fueron sus ojos lo que le llamó la atención, sino la dulce mueca de decepción que ella esgrimió al enterarse de la veda. Él supo que esa mueca no se deja escapar de la cara de cualquier persona. Fue graciosa y magnética.

 

si después cuando te pido

que me des un beso

me respondes no

 

-         Pero tú, ¿de dónde eres?

-         Soy argentino – y anticipándose a la pregunta supo sobrevendría, agregó – estoy en España de paseo, bah... ahora de paseo, porque estuve en Galicia por cuestiones académicas, docentes. ¿Y Vos?

-         Soy portuguesa – sorprendió ella – pero vivo en Alcalá de Henares desde hace 5 años, donde estudio. Salud – precisó.

En el instante de la compra de las entradas, él advirtió la vestimenta de ella: jeans gastados, zapatillas de básquet y una remera que a él se le antojó de seda. Él pagó las dos entradas, ganándose el derecho de recorrer el museo juntos.

 

deja de ser caprichosa

portuguesa

y dame de una vez el sí

 

-         En realidad, a mí el arte mucho no me va – dijo él – y vengo concretamente a ver  la pintura de Velázquez, y en especial, “Las lanzas” – agregó con cierto aire de suficiencia.

-         Yo ya vine tres veces – le respondieron esos ojos verdes, en los que él imaginó un paseo al atardecer por la costa de Coimbra a la luz de los faroles, ¿o sería ella del viejo barrio judío Da Luz, en Oporto? – y el cuadro al que te refieres se llama “La rendición de Breda”.

En efecto, más allá de la riqueza del museo, su motivación principal era admirar la obra del gran artista sevillano, pintor de Corte de Felipe IV, tan bien descripta y reconocida por Pérez Reverte en el marco de las “Aventuras de Capitán Alatriste”. Desde que leyó la tercera parte de la saga, hace ya de esto unos años, se imaginó frente a la obra, para ver si era verdad que detrás de la escena principal, en la cual el maestre holandés Justino de Nassau, en señal de rendición incondicional, le entregaba la llave de la ciudad de Breda al general español Ambrosio Spínola, jefe de los tercios viejos de la campaña de Flandes, justo “bajo el caño horizontal del arcabuz que el soldado sin barba ni bigote sostiene al hombro” (según narra Pérez Reverte) aparece semitapado el perfil aguileño del insigne capitán Diego de Alatriste y Tenorio.

 

en Portugal tengo un nido

hasta ahora abandonado

donde si escucha el oído

siempre oirás cantar un fado

 

La recorrida le pareció maravillosa, la compañía fue determinante para esa sensación. Ella, en su cuarta visita, se detendría especialmente a admirar las escuelas flamenca y alemana de los siglo XIV y XV. Si bien a él no le interesaba mucho, la siguió a lo largo de los pasillos, de los estilos, y sintió que la seguiría a lo largo de los siglos. Así pasearon contándose sus vidas entre las pinturas, sintiendo él que era al revés: que Rubens, Van Dyck y Durero eran quienes admiraban a ellos. La tarde era de ellos, y la noche también lo sería, pensó él.

 

- Bueno, pues, fijate: al lado de donde está toda esa gente, está “tu” obra; anda, mírala.

Un enjambre de personas se apretujaba en torno a “Las Meninas”, empujándose para salir en la foto en exclusiva, sin invasores desconocidos. Por allá otro grupo, más pequeño éste, admiraba “El triunfo de Baco”, y un poco hacia su izquierda vio la obra que lo había traído hasta acá. Se acercó despacio al lienzo, no sin cerciorarse que ella lo seguía a muy corta distancia.

Nada de lo que imaginaba podía presagiar la sorpresa que le causó la pintura. Le resultó más grande, perfecta y hasta poética de lo pensado. Apreció el contraste de los colores, el detalle de la grandeza en los rostros de los soldados y oficiales, vencedores y vencidos, todos posando para la posteridad. Más allá de que se sepa que la obra fue realizada nueve años después de la toma de Breda, e incluso que pocas de las facciones representen las reales del momento al punto que el propio pintor aparece autorretratado, el último de la derecha, llevando una pica, y hasta que donde solo se ven lanzas disciplinadas existieron también muchas más banderas y estandartes, la escena le pareció de un realismo brutal. Nunca podrían haber sido distintos los acontecimientos. Toda la majestuosidad de la España de los Austrias se hallaba en esa tela.

-         Te invito a tomar algo, un café, o algo...

-         Acepto.

 

si tu quieres portuguesa

vamos juntos para allá

y juntitos sentiremos

la canción de Portugal

 

“Colacao” para él y “Coca-cola” para ella. Miradas, sonrisas, furtivas insinuaciones que duraron en la tarde que se hizo eterna para él.

-         Voy al toilette, ¿me miras mis cosas?

-         Por supuesto.

La vio dirigirse a los baños envuelta en seda. “Seda”, pensó, y pensó en la novela de Alessandro Baricco sobre los amores imposibles. Enseguida desestimó el pensamiento.

Los sueños de él duraron hasta la llegada de ella, que dijo que se le hacía tarde y que debía marcharse. No importa, pensó él, la invito para cenar esta noche.

- No puedo, vuelo esta madrugada a Malabo, Guinea Ecuatorial, en el marco de una misión humanitaria; me enrolé como enfermera; y esta noche me despido de mis amigos. Fue una placer conocerte, y que disfrutes tus días en España.

Un tanto aturdido dejó el inmenso edificio, caminó por el Paseo del Prado sin saber su rumbo, miró hacia todos lados y se dejó tragar por la boca del Metro.  El desaliento, no le pareció nada suave en ese instante.

 

si tu quieres portuguesa

vamos juntos para allá

y juntitos sentiremos

la canción de Portugal.

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-