"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




¡Caaaaartero!

Publicado en Cuentos el 17 de Octubre, 2005, 10:55 por cbagnato

La epístola de San Pablo

Estimado Hermano Teófilo:

Vos sabés que un pelo de ahí tira más que un par de bestias de carga.

Así que apelo a estas líneas para que me dés tu siempre oportuna y lúcida opinión. Y tu ayuda.

Por cartas anteriores sabrás que, desde que estoy acá, me ha dedicado íntegramente a mi trabajo.

El asunto es que un beso, un simple beso fue mi perdición.

Una noche  me dejé tentar y, para descansar de las penas del yugo diario, fui con unos compañeros de la empresa a tomar unos trago a un bar de moda.

En esa noche fatal mi vida cambió

Apenas entré, una chica joven me clavó unos ojazos azabaches que eran para enamorarse.

Y eso pasó.

Desde esa  noche, todo fue intentar conquistarla, robarle un beso, conocer sus mañanas.

Emprendí una campaña para enamorarla.

Intenté, por supuesto, con las flores y los piropos. Sabés que casi siempre me fue bien con estas cosas.

Pero me gasté todo el sueldo en averiguar cómo se llamaba y dónde vivía; y en  bombones que ella no rechazaba. Todos los días le mandaba una caja de los mejores y un ramo de rosas

Y a pesar de mi esfuerzo, no había caso.

Por supuesto que era demasiado joven para caer  en mis brazos con flores y dulces. Eso está bien para las mujeres de nuestra edad, no para las chicas de menos de veinte.

Sé que a mis cuarenta y tantos no estoy para achicarme, así que cambié de táctica y empecé a entrar en sintonía con sus gustos, me dediqué  a entrar en el mundo de los jóvenes.

Cambié el ambo por una remera negra con firuletes de colores y una frase en inglés.

Dejé el Armani por unos pantalones de jean de tiro bajo.

Me cambié el peinado con raya al costado por unas rastas. ¡Si me vieras ahora!

La cosa que ni así la mina me registraba.

Aprendí a andar en patineta.

Y me arrimé a un grupo de chicos que se pasan el día haciendo piruetas en una plaza, y que sabía que eran amigos de ella.

Para lograr que me acepten, hasta me hice unos tatuajes y me puse aritos.

Me teñí las canas de rojo y azul.

Y ahí fue cuando mi jefe me echó. Me echó como un perro, como un perro sarnoso, ¿podés creer?

Pero, aunque te parezca mentira, esta desgracia me permitió acercarme a ella, ya que podía contar con más tiempo para hacer piruetas en la plaza. Y un día, un buen día, "ese" día, ella estaba como siempre, indiferente a mi amor, charlando con otras amigas, y yo, de puro despecho, competía con los pibes para ver quien era hacía el recorrido más largo con la patineta en el aire.

En eso estaba, cuando un grupo de matones se acerca a las chicas y las empiezan a acosar.

Un grito de ella me saca de la concentrada preparación para mi salto.

Rápido como nunca, y usando la patineta como garrote, puse a los malevos en polvorosa.

Esa fue la segunda vez que ella me puso esos ojos negrísimos y profundamente hermosos encima.

Con el oficio que dan los años, supe que ese era el momento indicado para darle el esperado beso.

A partir de ahí, todo fueron rosas.

Fuimos a la casa de ella, aprovechando que sus padres estaban trabajando.

Te imaginás a esta altura de la narración, qué ocurrió en esa casa. Alertado por los gritos, quejidos, alaridos y demás asuntos, algún diligente vecino llamó a la ley.

Cuando la policía llegó, estaba desnudo, dormido, abrazado a la chica. Ella se había dormido también.

Te preguntarás, supongo, que porqué no fuimos a mi departamento. Te aclaro que, para esa  fecha, ya mi falta de trabajo había hecho mella en mi economía y tuve que ir a para a la calle. Decí que acá no hace frío como allá, que si no, me las iba a ver bien oscuras. Casi tan oscuras como la piel de ella. ¡Que piel, hermano!

En fin, te resumo el asunto.

Resulta que ella es menor.

Estoy acusado de estupro y desde ayer estoy preso.

Vos sos abogado y conocés cómo son las cosas acá, y sabés que no se jode con esto.

¿Vos podrías mandarme unos mangos para pagar la fianza y el abogado?

¿Conocés algún buen cagatinta de por acá?

Por favor, ayudame de alguna forma.

Te mando un abrazo desesperado.

Tu hermano del alma

Tulio (desde la cárcel de San Pablo, Brasil)

Carlos Bagnato

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-