"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Octubre del 2005


¡Buebuenísimo...!

Publicado en Fotitos. el 31 de Octubre, 2005, 15:32 por El más peor de todos
 Muchas gracias a Sensei Nitsuga...¡Un genio!

Tonos de verde

Publicado en Poemitas. el 31 de Octubre, 2005, 10:21 por pachinjavkin

EL BOSQUECITO

Posta sanitaria

"el bosquecito"

y que querían?

puro monte y cactus

cambiarle el nombre?

ya van a venir

los conquistadores verde

soja,

va a parecer la pampa,

la húmeda.

Le van a sacar fotos.

Así era, así es,

la van a poner en la Bolsa,

la del edificio grande.

Antes, al menos dejaban palacios.

Hoy, a la del asiento pasillo

la señora de anteojos grandes

ni ray band ni givenchy

le queman el bosquecito.

Siembra directa señora,

y el nieto materia exportable.

Sí, ya sé, suena barroco,

Tejada y el pedro hachero.

Suena a panfleto,

a necio ecologismo.

La producción, el desarrollo,

eso también suena

a verso viejo,

a puerto rico

a conurbanos

a cumbia villera

a desarraigo.

La catamarca

la pacha marca.

Monte y cactus,

sal extensa.

No hay señal siquiera

faltan antenas

no llega el mensaje,

por eso debe ser, por eso.

LA CASA GIGANTE

Publicado en Cuentos el 30 de Octubre, 2005, 20:08 por analialardone

    Saqué el paquete del bolsillo, y el fuego quemó el remate levemente, con esa belleza encendida y apática a la vez. La miraba de frente, como en una desteñida fotografía. Qué frío hacía todavía, a pesar de haber pasado lo más duro del invierno, lo más duro de mis veinticinco años. La mano izquierda fabricando un rulo en algún desmechado de mi cabeza, mientras solté el humo sobre la cara del abatimiento atravesando los labios. Ajadas tejas negras y el marmolado frente que marcaba distancia, un entrepiso desocupado, metros cuadrados que se hacían enormes rincones habitables por adultos gigantes. Tres habitaciones, cuatro camas y una matrimonial con la mitad de mamá deshecha; la matemática de la eterna familia multiplicando los años felices, ahora ecuación que restaba para sumar aflicciones. Lo evocaban los trajes oscuros del placard a diario, cuando mi vieja lo abría para ventilar con la excusa de olores inventados por su desánimo; también lo hacía con las puertas desde el hall de acceso hasta el fondo de la vasta casa. El invierno parecía más invierno permaneciendo dentro.

    La puntada en el pecho volvía cada vez que, resignada, cruzaba a mirar esa fotografía, siempre desde el escalón del pasillo de enfrente. Caían golpeando la vereda las preguntas acascadas. Estaba quedando grande. Como cuando tuve que empinzar mis pantalones para no arrastrarlos, así la muerte nos adelgazó. La casa estaba quedando grande y parecía que en cada ambiente corría más aire que antes, formando pequeños remolinos gélidos, sobre todo, en la parrilla del patio. Diez suspendidos minutos de lunes, un cigarrillo, seis pitadas, cinco desabrigadas mujeres, ahí enfrente. La casa grande sin gigantes, abrazándolas con abandono.

    Me reincorporé con el peso mustio en mis hombros de tanto vacío. Debajo de mis botas negras, apagué el pensamiento espiralado. Crucé calle San Juan subiéndome el cierre de la campera, y tapando medio rostro con la bufanda blanca, saqué la llave. La cruda ráfaga entumeció mi pesadumbre, ni bien empujé la puerta.

Caminando hacia la muerte (last train to London)

Publicado en Cuentos el 30 de Octubre, 2005, 2:33 por tomasboasso

CAMINANDO HACIA LA MUERTE

(Last train to London)

 

    Hoy tengo que morir. Nadie lo sabe, es un secreto. Pero sé, que es y que tiene que ser hoy. Es temprano, estoy recién levantado, dormí bien a pesar de que anoche ya sabía que hoy era el gran día. En realidad siempre lo supe, nací para vivir esta hermosa jornada, fui criado para no temerle y fui mentalizado en que esto iba a ser lo mejor para todo mi pueblo, para mi bebé y mi esposa que ahora duermen, y los miro. Los miro y no puedo no temer por ellos, pero es así, hoy me voy. Ella no lo sabe, pero evidentemente lo sabrá; él no lo entiende, pero afortunadamente lo entenderá, y quizás algún día sea como su padre fue. Sabrá que hay personas que tienen su causa, que nacen y viven sabiendo cuándo y porqué van a morir, y que la muerte es la justificación de toda una vida, viven por morir, y así, interpretará de que la mayoría de la gente, esa que es criada a base de dudas, muere sin saber para qué vivió.

    Ya es la hora de partir. Nuevamente mi vista se posa sobre esa cama, espero que sigas bien, no preguntes, no te detengas a eso. Ahora es el turno de la cuna, dejo mi gorra sobre tu pancita pequeña, vas a ver que estarás orgulloso y le hablarás a tus amigos de un héroe que conociste muy poco tiempo, pero que fue alguien que te enseñó con sus actos y no con sus palabras. Basta, me voy. Abro el placard y cuidadosamente cargo a mis espaldas la mochila, tomo aire, y empiezo a caminar hacia mi muerte.

    Salgo del departamento y la mañana se presenta fresca, las caras de los que van a trabajar se pintan pálidas, hartas. Comienzo a andar y me siento útil a la sociedad, una pieza más de este rompecabezas de fichas contingentes: hoy soy yo, mañana otro ocupará mi lugar, y así siempre. Pero dentro de mi cabeza todo sabe distinto, una mente como la mía es sumamente necesaria para que al fin todo sea más suave, para enseñar a eliminar esa forma de vivir en la incertidumbre, lo que muchos llaman identidad. Identidad… como si fuera solo un número, un nombre, un apellido. Todo está muy bien controlado, pero el tema trasciende a todo esto, la identidad tiene que reflejarse en las creencias, y yo creo en algo por lo que voy a trascender.

    Faltan dos cuadras para llegar al subte. Estoy puntual. Al llegar a la última bocacalle, de ambos lados del cruce surgen dos sujetos que se unen a mi paso. De frente se suma el tercero, y somos, así, a la vista de los ciudadanos que madrugan en esta gran ciudad, cuatro comunes personas que se dirigen hacia algún punto de la red. Entonces bajamos por la escalera y la tierra nos traga hacia el mundo subterráneo. Cada uno de nosotros lleva una pesada mochila, con las que podríamos parecer coordinadores de alguna empresa de turismo o alpinistas desubicados.

    Llegó el de las ocho, se dirige al centro. Nos miramos como si hubiésemos compartido todos los días de nuestras vidas, y pronto nos separamos. A mí me tocó el cuarto vagón. Me senté en unos de los pocos lugares vacíos ubicando entre mis piernas la mochila.

    Faltaban 5 minutos. Los rostros de los pasajeros estaban inmutables, seguros de un porvenir que los esperaba en la próxima parada, y así miran hacia las ventanas que muestran solo oscuridad, y siguen pensando que la muerte es un ser lejano y que viven solo para alejarse de ella, pero la oscuridad está ahí afuera, a un paso, ¡y todo cuelga de piolines mis estimadas víctimas del azar! Pero no me digan nada, porque ustedes son culpables de aceptar la coacción diaria que establece el poder por el dinero, y nadie en este medio occidental tiene en la cabeza otra cosa que un billete pac-man comiéndole los sesos. Y no se imaginan o no quieren aceptar que la única forma de ganarnos es aceptando la derrota, pero nunca se van a dar cuanta de eso porque los héroes egoístas de sus  películas desconocen ese lado de la victoria, humillarse a la derrota, aceptar la paradoja de esta nueva guerra, perder para ganar.

    Un minuto para morir. Sostengo con ambas piernas la mochila y poso mis manos sobre ellas. Miro por la ventana. Imagino muchas cosas: un mundo sin globalización; ideales concretados; gritos de desesperación; rabia por un lado y orgullo por el otro; una mujer llorando buscando indicios y explicaciones; y un varoncito crecido usando una gorra, esa misma que su padre le legó el día que las cosas cambiaron.

El hombre sin reflejo

Publicado en Cuentos el 30 de Octubre, 2005, 2:28 por tomasboasso

 

EL HOMBRE SIN REFLEJO

 

A orillas del lago me arrodillé e instintivamente me incliné hacia la quietud del agua para ver el reflejo de mi cara. Nada vi. Me dije que sería un problema de perspectiva, entonces avancé un poco más hacia ese espejo natural, de manera tal que mi rostro quedó en posición paralela al lago. Al ver que no me reflejaba me asusté. Cómo puede suceder algo así, algo anda mal, qué carajo está pasando. Estúpidamente me llevé las manos hacia la cara para comprobar que la misma esté en su lugar, lo cual confirmé con cada yema de mis dedos. Volví a acercarme al agua, pero nada. Toqué el agua y la removí por algunos segundos. Antes de que se detuviera la corriente, volví a asomarme nuevamente. Me tranquilizó ver una sombra que se vislumbraba. Sequé mis manos en mi rostro de paso para refrescarme y apagar el calor que la situación había producido en mí.

    Cuando la quietud nuevamente se apoderó del lago quise asegurarme de que en un principio fue un fallo de mi mente y que ahora, lúcido, vería mi rostro en su totalidad. Pero nada. Le pegué y le pegué al agua por no pegarme a mi mismo. Grité anonadado por lo que me estaba pasando y me tiré vencido sobre la tierra y los pastos de la orilla. ¿Cansancio? ¿era eso? ¿o quizá me fiaba de que el agua reflejaría y en realidad no es tan cristalina como para producir ese efecto? El lago había perdido la tranquilidad y tomaba vida. Mis gritos y golpes despertaron a ese monstruo que no respondía a la lógica, a  mi lógica, la lógica de todos. Presenté mis facciones nuevamente hacia ese hueco inservible lleno de agua, pero fue en vano. No me quedó otra que volver cabizbajo, pero mi primer paso se introdujo en el barro, entonces miré hacia el cielo en busca de respuesta a pregunta que no hacía falta formular, pero de pronto todo se nubló.

Manos

Publicado en Poemitas. el 29 de Octubre, 2005, 22:44 por Paula Aramburu

Esa mano que roza

que toca

se anima

se tensa

recorre y

juega

se juega

pide

y sigue

y ahí se detiene

ahí

justo ahí.

Y sigue… sigue

así.

Esa mano que llega

y me envuelve

deambula

y se desvela

me desvela

y sueña

sueño

tanteo

intento

se deja

y me aleja

y vuelve

y me desenvuelve.

Esa mano que alienta y

desalienta

desarma

deshace

deshechos

restos.

Esa mano que

me devora

me engaña

me hiere y

me desangra

me desgarra

cómo desgarra.       

                                                Paula Aramburu

Otro más

Publicado en Poemitas. el 29 de Octubre, 2005, 13:59 por El más peor de toooodos

Siempre

..una historia contada por un necio...

W.S.( Macbeth)

Nunca antes

Nunca después

Nunca sin ti

Nunca menos

Nunca solos

Nunca más

Nunca será

Nunca río

Nunca sin mí

Nunca verás

Nunca delante

Nunca de ti

Nunca silencio

Nunca noche

Nunca pasado

Nunca futuro

Sólo ese momento

En que se cruzaron

Nuestras miradas

También le falta...pero me parece que arrima

Publicado en Aguafuerte el 29 de Octubre, 2005, 13:57 por El más peor de todos

13 de Enero

Hace frío. Mucho frío. Camino por las calles oscuras y grises de la noche en una ciudad que desconozco, pero que adivino europea por la arquitectura ingeniosa y bella.

Aunque hay otros edificios que me desconciertan. Nunca había visto algo así. Son enormes moles de piedra, con un sinnúmero de ventanas. En algunas de ellas hay luces.

También hay luces en la calles. Luces blancas, que no titilan ni se mecen con el viento frío que cala los huesos. Cerca hay un río. Puedo olerlo. También hay otros olores que no alcanzo a identificar. No son olores a caballo o mula, pero en algo se perecen. Son olores crudos, salvajes, ahumados.

En las calles vacías, nada se mueve.

Doblo a la derecha. La calle es más ancha y tiene más luces. Hay casas que tienen las paredes de cristal, y es posible ver hacia adentro. En algunas ventanas se ven figuras tiesas, vestidas con ropas extrañas, mirando fijamente algún punto perdido del espacio.

Sigo caminando.

A los costados de mi paso, cada tanto, un bulto rompe el desasosiego. Veo que cada bulto es un hombre. Un harapiento. Un descastado. Todos son seres humillados, rotos. Algunos duermen, otros dormitan. Llevan barbas oscuras, como la piel que dejan ver los harapos. Tiene ese olor salvaje, ahumado y crudo. Uno de ellos me mira y me dice algo que no entiendo.

Sigo.

Al fin, llego a un lugar reconocible. Una plaza, una iglesia. En la escalinata de la Iglesia, varios bultos humanos se acomodan unos contra otros como para resistir el hielo del aire. Son niños. Diez o doce. Tienen la cara triste y hundida.

A pocos metros de allí, una familia revuelve un montón de estiércol y sobras. El olor es nauseabundo, pero comen con fruición las inmundicias que retiran de la basura.

Más allá de la Iglesia, hacia el lado del río que se deja adivinar en la espantosa noche, una llama dorada se refleja en un lago artificial, entre columnas que parecen griegas. Atrás, una torre.

Los pobres y descastados se acercan. Parecen gente del norte, con sus pómulos angulosos y sus ojos rasgados. Un niño flaquísimo mastica una fruta negra. El terror de la alta noche agolpa mi cuerpo. Sentado en el lomo de un león de piedra, en las escaleras de una casa lindera a la Iglesia, un jovencito cubre su cara con un talego extraño. Su sonrisa tiene una mueca siniestra y estúpida. Sus ojos están vacíos.

Aunque no conozco esta ciudad, tengo la sensación de haber estado aquí.

Un grito agudísimo taladra la noche. Es un grito de dolor, de hambre, de impotencia, de injusticia.

Despierto.

Miro a mi alrededor.

Mi corazón palpita con esfuerzo.

Reconozco a mis compañeros de tienda.

El aire frío del Plumerillo me tranquiliza.

Soy un granadero del capitán San Martín y mañana partiremos rumbo a Chile. Debo descansar. Los godos nos esperan del otro lado de la cordillera

Toda ha sido un mal sueño.

Carlos Bagnato

tres estaciones

Publicado en General el 29 de Octubre, 2005, 0:28 por erreve2003

    IMPERDIBLE!!!!!!!!

  TRES ESTACIONES

Tres estaciones
Año: 1999
Duración: 113 min.
Nacionalidad: EE.UU.
Género: Drama
COLOR

Sinópsis:

Tres estaciones, explora las luchas, las esperanzas y los sueños de tres personas de clase trabajadora: un necesitado conductor de ciclos que ofrece su amistad a una prostituta de clase alta; una vendedora de flores de loto, que pierde su trabajo en la ciudad y se va al campo para ayudar a un retirado monje budista, y dos niños de la calle que se ven obligados a sobrevivir. Situada en un esplendoroso paisaje, la película es un cuento poético de búsquedas personales de amor y consuelo, en un mundo en el que la familia y los lazos culturales son incompatibles.

Comentario

El público interesado en el cine oriental comprometido socialmente, encontrará en "Tres estaciones" la horma de su zapato. El director novel, Tony Buy, muestra las heridas que el conflicto de Vietnam dejó y que están latentes, un cuarto de siglo después. El marcado acento poético y una estremecedora belleza fotográfica caracterizan todas las historias que forman parte de "Tres estaciones". El calor humano, la ternura y la armonía que destilan la imágenes cautivarán, seguro, al espectador.

Comentario

El público interesado en el cine oriental comprometido socialmente, encontrará en "Tres estaciones" la horma de su zapato. El director novel, Tony Buy, muestra las heridas que el conflicto de Vietnam dejó y que están latentes, un cuarto de siglo después. El marcado acento poético y una estremecedora belleza fotográfica caracterizan todas las historias que forman parte de "Tres estaciones". El calor humano, la ternura y la armonía que destilan la imágenes cautivarán, seguro, al espectador.

 
Reparto:
Harvey Keitel
James Hager
Don Duong
Hai
Ngoc Hiep Nguyen
Kien An
Manh Cuong Tran
Teacher Dao
Zoe Bui
Lan
Huu Duoc Nguyen
Woody
Diem Kieu
Hombre loto
Tuong Trac Bui
Hombre que compra flores
 
                                                                       Roberto Vince

Un diálogo de sordos

Publicado en Cuentos el 28 de Octubre, 2005, 21:00 por dvaldez

Una tarde

 

-         ¿Ya terminaste la carta?- Preguntó el jefe calándose los anteojos

-         Se la pasé a Segovia que redacta mejor que yo- Contestó Mario despreocupadamente.

-         ¿Y los documentos, los metiste en un sobre sellado como te dije?

-         Sellado y con una cinta por las dudas.

-         Bien. Acordate que tiene que despacharse hoy sin falta.

-         No hay problema, ya le indiqué a Segovia que cuando termine meta la carta y el sobre en uno más grande y la deje en mesa de entradas para que la procesen urgente.

-         Con aviso de retorno.

-         Con aviso, si.

-         Bien. Si el ingeniero Echeverría la recibe mañana, como máximo tendrá los documentos un par de días, así que la respuesta la estaremos recibiendo entre viernes y lunes. El martes como mucho.

-         Colombres

-         ¿Cómo?

-         El ingeniero Colombres. Usted dijo Echeverría.

-         Si, Echeverría, el de Sistemas Litoral.

-         No, no. Usted me dijo que la carta era para el ingeniero Colombres, de Echeverría 2470.

-         No, Mario. La calle es Colombres. El ingeniero es Echeverría.

-         No, ¿en serio? Entonces me mandé una cagada.

-         ¡No me digás que la mandaste equivocada!. Andá urgente y decile a Segovia que arregle todo ya. Y bajá de las nubes Mario, por favor.

-         Usted me dijo ingeniero Colombres. Mire, lo tengo anotado acá. ¿Ve?

-         Bueno si, no importa. Rajá antes que se piante y arreglá el quilombo.

Mario salió de la oficina sin protestar, mascullando justificaciones por lo bajo mientras se acercaba a la sección de compras.

-         No Marito, el sobre ya salió- Segovia  fruncía los ojos tratando de descifrar lo que la computadora le mostraba . Hace veinte minutos pasó Pancho y me pidió que le entregara todo lo que había. Anda apurado el guacho.

Segovia acercó su cara a la de Mario y en tono de confidencia le dijo:

-         ¿Viste la pendeja esa que siempre venía a la mesa de entradas a preguntar cualquier boludez?

-         ¿Cuál?- Peguntó Mario- ¿la pelirroja tetona?

-         Esa. ¿Le viste el orto? ¡Mamita! ¡Le comía el pantalón! Bueno, resulta que parece que andaba caliente con el Pancho. Se arrima el otro día y no sé qué pavada le pregunta. Palabra va, palabra viene, y no va que el pendejo se la levanta. Como los dos estaban laburando, quedaron en verse hoy. Pero la mina está casada y a las siete tenía que estar en la casa, así que el pancho se pidió una hora de permiso y lo llamó al Tuerto para que venga a retirar la correspondencia antes de tiempo. ¡Le deben haber volado las manos precintando las sacas! Ahora ya debe de estar meta y meta con la minita. Lo que es ser joven…

 

 

-         Imprimo una copia nueva corregida y envío todo de vuelta, jefe. Lo llevo yo mismo hasta el Correo.

-         No Mario. La carta se puede arreglar, pero el documento era original. No podemos mandarle una copia así nomás, va a quedar como el culo. ¡Qué cagada che! Necesito esa respuesta antes del miércoles. Se la tengo que llevar al Gerente y vos sabés como es Ávila. ¡Pero qué boludo! ¿Cómo te confundiste, cómo?

-         Mire: Usted me dijo ingeniero Colombres de la calle Echeverría. ¡Lo tengo en el papel! ¡No puedo ser tan pelotudo!

-         Parece que sí. El jueves fue lo mismo. ¿no te dije que me imprimieras tres copias de la comunicación interna en papel A4 y me trajiste cuatro copias en papel A3? ¿Y el helecho? El que me regaló mi mujer ¿Te acordás? Tenía un cartel. ¿Qué decía?

Mario bajó la mirada y con tono culpable recitó:

-         “Soy helecho, no basurero. No arroje sus residuos aquí”

-         ¿Y vos qué hiciste Marito? ¡Le tiraste café! ¡Con restos de galletita en el fondo! ¡Para qué le pongo un cartel! ¡Andá a saber cuanto hacía que le tirabas tus porquerías! Se pudrió. ¿Te acordás del olor que largaba? ¡Y eso no es lo peor! ¡La tengo que aguantar a mi mujer preguntándome todos los días por la planta! “Que no lo riegue mucho”, “Que lo saque un poco al sol”, ¿Qué querés que le diga, que Marito el huevo largo lo hechó a perder?

El jefe apoyó las palmas de las manos en el escritorio y se reclinó con cansancio en el sillón de cuero, cerrando los ojos.

-         Mirá Mario, perdoname. Estoy como loco. Hagamos una cosa: Imprimite una copia corregida, llamala a Adela y averiguá a que hora termina el recorrido el Tuerto. Te vas hasta el correo y lo esperás. Le pedís el sobre, cambiás la carta y mañana en vez de venir para acá te llamás un remís y le llevás el sobre personalmente al ingeniero. De paso, le recordás que necesitamos la respuesta lo antes posible. Decíselo con tacto, para que no parezca una imposición, ¿OK?

 

Mario colgó el teléfono y se volvió hacia el jefe.

-         Dice Adela que el Tuerto termina a eso de las ocho. Ángel….

-         Si, ¿Qué pasa?

-         ¿Me puedo retirar? Ya son las cinco y media y tengo que hacer unos trámites y como tengo que estar cerca de las ocho en el correo…..

-         Bueno, si, dale. Andá nomás. Pero antes haceme un favor: llegate hasta el quiosco y comprame un yogurt dietético y unas pastillas de menta, por favor. Tomá la plata.

El jefe rebuscó en los bolsillos y le alcanzó a Mario un billete de veinte pesos.

A los diez minutos volvió Mario con el pedido colgando de una bolsa de plástico blanco. El jefe no estaba.

-         ¡Ángel….!-llamó, mirando para todos lados.

-         Ya salgo- Se oyó la voz apagada del jefe desde el baño.

-         Bueno, me voy. Le dejo las cosas sobre el escritorio. Hasta mañana.

-         Hasta mañana, Mario. ¡no llegués tarde al correo!

Cuando Ángel entró a la oficina, sobre el escritorio lo esperaba una botellita de Coca Cola y un paquete de chicles de mentol, entremezclados con algunos billetes arrugados y monedas desparramadas. Tomó con resignación la botella y la puso a un lado. Abrió despacio el envoltorio de los chicles y se puso una tableta en la boca. Masticando lentamente, se acercó al pechero.

-         “Al menos acertó en algo”- pensó mientras se ponía el saco- “los chicles son dietéticos”

                                                                           DANIEL VALDEZ

EL CANARIO o el dolor de vivir

Publicado en General el 28 de Octubre, 2005, 17:33 por scalona

E L     C A N A R I O

 

 

 

¿Ves aquel clavo grande a la derecha de la puerta de entrada? Todavía me da tristeza mirarlo, y sin embargo, por nada del mundo lo quitaría. Me complazco en pensar que allí estará siempre, aún después de mi muerte. A veces oigo a los vecinos que dicen: “Antes allí debía de colgar una jaula”. Y eso me consuela: así siento que no se le olvida del todo.

            ...No te puedes figurar cómo cantaba. Su canto no era como el de los otros canarios, y lo que te cuento no es sólo imaginación mía. A menudo, desde la ventana, acostumbraba observar a la gente que se detenía en el portal a escuchar, se quedaban absortos, apoyados largo rato en la verja, junto a la planta de celinda. Supongo que eso te parecerá absurdo, pero si le hubieses oído no te lo parecería. A mí me hacía el efecto que cantaba canciones enteras que tenían un principio y un final. Por ejemplo, cuando por la tarde había terminado el trabajo de la casa, y después de haberme cambiado la blusa, me sentaba aquí en la varanda a coser: él solía saltar de una percha a otra, dar golpecitos en los barrotes para llamarme la atención, beber un sorbo de agua como suelen hacer los cantantes profesionales, y luego, de repente, se ponía a cantar de un modo tan extraordinario, que yo tenía que dejar la aguja y escucharle. No puedo darte idea de su canto, y a fe que me gustaría poderlo describir. Todas las tardes pasaba lo mismo, y yo sentía que comprendía cada nota de sus modulaciones.

            ¡Le quería! ¡Cuánto le quería! Quizá en este mundo no importa mucho lo que uno quiere, pero hay que querer algo. Mi casita y el jardín siempre han llenado un vacío, sin duda; pero nunca me han bastado. Las flores son muy agradecidas, pero no se interesan por nuestra vida. Hace tiempo quise a la estrella del atardecer. ¿Te parece una tontería? Solía sentarme en el jardín, detrás de la casa, cuando se había puesto el sol, y esperar a que la estrella saliera y brillara sobre las ramas oscuras del árbol de la goma. Entonces le murmuraba: “¿Ya estás aquí, amor mío?”, Y en aquel instante parecía brillar sólo para mí. Pareciera que lo comprendiera...; algo que es nostalgia y sin embargo no lo es. O quizá el dolor de lo que uno echa de menos, sí, era este dolor. Pero ¿qué era lo que echaba de menos? He de agradecer lo mucho que he recibido.

            ...Pero, en cuanto el canario entró en mi vida, olvidé a la estrella del atardecer: ya no me hacía falta. Y aquello ocurrió de una manera extraña. Cuando el chino que vendía pájaros se detuvo delante de mi puerta y levantó la jaulita donde el canario, en vez de sacudirse como hacían los dorados pinzones, lanzó un débil y leve gorjeo, me sorprendí a mi misma diciéndole:

            -¿Ya estás aquí, amor mío?

            Desde aquel instante fue mío.

            ...Aún me asombra ahora recordar cómo él y yo compartíamos nuestras vidas. En cuanto por la mañana quitaba el paño que cubría su jaula, me saludaba con una pequeña nota soñolienta. Yo sabía que quería decirme: “¡Señora! ¡Señora!”. Luego lo colgaba afuera, mientras preparaba el desayuno de mis tres muchachos pensionistas, y no lo entraba hasta que volvíamos a estar solos en casa.  Más tarde, en cuanto terminaba de lavar los platos, empezaba una verdadera diversionista nuestra. Solía poner una hoja de periódico en la mesa, y, cuando colocaba la jaula encima, el canario sacudía las alas desesperadamente como si no supiera lo que iba a ocurrir. “Eres un verdadero comediante”, le decía riñéndole. Le frotaba el plato de la jaula, lo espolvoreaba de arena limpia, llenaba de alpiste y de agua los recipientes, ponía entre los barrotes unas hojas de pamplina y medio chile. Y estoy segura de que él comprendía y sabía apreciar cada detalle de esta ceremonia. ¿Comprendes? Era, de natural, de una pulcritud exquisita. En su percha jamás había una mancha. Y sólo viendo cómo disfrutaba bañándose se comprendía que su gran debilidad era la limpieza. Lo que yo ponía por último en la jaula era el envase en que se bañaba. Y al momento se metía en él. Primero sacudía un ala, luego la otra, después zambullía la cabeza y se remojaba las plumas del pecho. Toda la cocina se iba salpicando de gotas de agua, y, sosteniéndose con una pata, se secaba el pico, y al terminar se sacudía, movía las alas, ensayaba un gorjeo y levantando la cabeza... ¡Oh! No puedo ni siquiera recordarlo. Yo acostumbraba limpiar los cuchillos mientras tanto, me parecía que también los cuchillos cantaban a medida que se volvían relucientes.

            ...Me hacía compañía, ¿comprendes? Eso es lo que me hacía. La compañía más perfecta. Si has vivido sola, sabrás lo inapreciable que eso puede ser. Sin duda tenía también a mis tres muchachos que venían a cenar, y a veces se quedaban en casa leyendo los periódicos. Pero no podía suponer que ellos se interesaran en los detalles de mi vida cotidiana. ¿Por qué se iban a interesar? Yo no significaba nada para ellos: tanto es así, que una noche, en la escalera, oí que, hablando de mí, me llamaban “el adefesio”. No importa. No tiene importancia, la más mínima importancia. Lo comprendo bien. Ellos son jóvenes. ¿Por qué me iba a incomodar? Pero me acuerdo de que aquella noche me consoló pensar que no estaba sola del todo. En cuanto los muchachos salieron, le dije a mi canario: “¿Sabes cómo la llaman a tu señora?”. Y él ladeó la cabeza, y me miró con un ojito reluciente, de tal forma, que tuve que reírme. Parecía como si le hubiese divertido aquello.

            ...¿Has tenido pájaros alguna vez?... Si no has tenido nunca, quizá todo esto te parezca exagerado. La gente cree que los pájaros no tienen corazón, que son fríos, distintos de los perros y los gatos. Mi lavandera solía decirme cuando venía los lunes: “¿Por qué no tiene un fox-terrier bonito? No consuela ni acompaña un canario”. No es verdad, estoy segura. Me acuerdo de una noche que había tenido un sueño espantoso (a veces los sueños son terriblemente crueles) y, como que al cabo de un rato de haberme despertado no conseguía tranquilizarme, me puse la bata y bajé a la cocina para beber un vaso de agua. Era una noche de invierno y llovía mucho. Supongo que aún estaba medio dormida: pero, a través de la ventana sin postigo, me parecía que la oscuridad me miraba, me espiaba. Y de pronto sentí que era insoportable no tener a nadie a quien poder decir: “He soñado un sueño horrible” o “Protégeme de la oscuridad”. Estaba tan asustada, que incluso me tapé un momento la cara con las manos. Y luego oí un débil “¡Tui-Tuí!”. La jaula estaba en la mesa, y el paño que la cubría había resbalado de forma que le entraba una rayita de luz. “¡Tui-tuí!”, volvía a llamar mi pequeño y querido compañero, como si dijera dulcemente: “Aquí estoy, señora mía: aquí estoy”. Aquello fue tan consolador que casi me eché a llorar.

            ...Pero ahora se ha ido. Nunca más tendré otro pájaro, otro ser querido. ¿Cómo podría tenerlo? Cuando lo encontré tendido en la jaula, con los ojos empañados y las patitas retorcidas, cuando comprendí que nunca más le oiría cantar, me pareció que algo moría en mí. Me sentí un vacío en el corazón como si fuera la jaula de mi canario. Me iré resignando, seguramente: tengo que acostumbrarme. Con el tiempo todo pasa, y la gente dice que yo tengo un carácter jovial. Tienen razón. Doy gracias a Dios por habérmelo dado.

            ...Sin embargo, a pesar de que yo no soy melancólica y de que no suelo dejarme llevar por los recuerdos y la tristeza, reconozco que hay algo triste en la vida. Es difícil definir lo que es. No hablo del dolor que todos conocemos, como son la enfermedad, la pobreza y la muerte, no: es otra cosa distinta. Está en nosotros profunda, muy profunda: forma parte de nuestro ser al modo de nuestra respiración. Aunque trabaje mucho y me canse, no tengo más que detenerme para saber que ahí está esperándome. A menudo me pregunto si todo el mundo siente eso mismo. ¿Quién lo puede saber? Pero ¿no es asombroso que, en su canto dulce y alegre, era esa tristeza, ese no sé qué lo que yo sentía?

                               

                                                                   * * * * * * *

           

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                                                                * * * * * * * *

                                                  Katherine Mansfield

  1888-1923. Nació en Nueva Zelanda y murió en Francia, en el Monasterio Gurdjieff, en Fontainebleau.

Penitencias

Publicado en Cuentos el 28 de Octubre, 2005, 17:18 por gabrielagervasoni

PENITENCIAS

                   -¿Eso querés?

                   No pude contenerme y grité que no, que no quería caer al pozo. Lloré muy fuerte. Para que el aire me llegara a los pulmones tenía que inspirar tan profundo que el cuerpo me temblaba. Ramona me arrastró lejos del pozo tironeándome de la ropa.

                   -A mí no me toman más para la chacota, manga de malcriadas. Vos, Laura, metete de nuevo en la casilla y te quedás quieta hasta que yo te diga –dijo Ramona-. Mi hermana se sacó el colgante del cuello, me lo dio y fue corriendo hasta un baño en desuso que había en el patio.

                   Ese día Laura  perdió el miedo a los bichos imaginarios, al “hombre de la bolsa” y a Ramona. Inexplicablemente desde esa larga penitencia en el baño no creyó más en ninguna de sus amenazas y a partir de ese momento el poder de nuestra niñera se esfumó. Con la nueva actitud de mi hermana se resolvió una parte del problema, porque yo empecé a sufrir sólo mis humillaciones, a sentir impotencia por el abuso de Ramona sólo respecto de mí.

                   Con una frialdad pasmosa para una nena de siete años, comencé a planear la penitencia de Ramona. Debía ser dolorosa pero, sobre todo, definitiva. Laura  fue mi cómplice. A pesar de que pensé que su inocencia podría perjudicarnos, mi hermana fue colaboradora y sumamente reservada. En realidad la penitencia no era sólo para Ramona, por efecto colateral nuestra obra empezaba a tener también un co-protagonista.

                   El plan comenzó a ejecutarse un sábado de sol calcinante. Una llovizna breve había levantado el calor del piso y casi no se podía respirar. El objeto elegido fue una esclava de oro que mi madre había recibido al cumplir quince años. Para Laura  las alhajas eran como una continuación de mamá, por eso antes de tirarla al pozo la tuvo un rato largo en la muñeca. Comprobamos que el pozo realmente era profundo: la pulsera desapareció como si la tierra se la hubiera tragado.

                   Al otro día, en el horario en que Ramona dormía la siesta, fui yo la encargada de alimentar el pozo con los aritos de brillantes de la abuela Elisa (una joya única, según decía Ramona). Cuando decidí tirar al pozo el anillo de compromiso de mamá Laura no estuvo de acuerdo. A ella le gustaban los colores y la sortija tenía dos rubíes, dos zafiros y un brillante. Cuando la convencí y tuve que arrojarlo, Laurita cerró los ojos apretándolos con fuerza, como si le doliera algo dentro del cuerpo.

                   En total, el pozo recibió doce piezas de oro y piedras. Haber tirado más hubiera sido un desatino. Confieso que me sentí capaz de desprenderme de todo lo que mamá guardaba en su habitación, incluyendo sus vestidos, sus zapatos y las pequeñeces que me recordaban sus innumerables y frívolos abandonos.

                   Mis padres volvieron una semana después del día en que tiré al pozo el collar de perlas de doble vuelta. Ellos estaban contentos y bronceados. Ramona les informó que nos habíamos portado bien, lo cual era cierto, ya que la consumación de su penitencia nos había mantenido entretenidas y tranquilas.

                   Una noche oí que mamá llamaba a Ramona a los gritos. Estuvieron en el cuarto de arriba cerca de una hora; corrían muebles, rugían, hablaban y de a ratos se escuchaba chillar a Ramona. Lloraba con verdadera angustia, con desesperación. Me recordó mi propio llanto.

                   A la mañana siguiente nuestra niñera y sus cosas no estaban en la casa. Le pregunté a mamá a dónde había ido Ramona pero ella no contestó.

                   -¿La echaste? –insistí-.

                   -Sí –me dijo-. Son cosas de grandes, cuando crezcas vas a entender.

                   Y entendí.

                   Mamá no.

Gabriela Gervasoni

LAS HORAS

Publicado en Cuentos el 28 de Octubre, 2005, 15:42 por erreve2003

 

                                             LAS HORAS

 

 Veía caer las horas muertas de la noche, a través de la ventana de la habitación 121 del sanatorio. Desde allí podía observar cómo el reloj inglés de la torre de la estación de trenes casi en desuso, le daba forma al tiempo. La verdad que el tiempo es relativo, pensó, una hora puede resultar días para el que espera. Al lado de él su esposa dormía un profundo sueño de calmantes para el dolor y de sedantes. La cirugía estaba programada para las diez de la mañana. Él, ya había firmado los papeles de rigor que deslindaban responsabilidades a los médicos, por si sucedía lo que nadie esperaba que pase.

 Había pedido unos días de licencia en el trabajo, para poder acompañarla durante el post operatorio. No hubo problemas por eso. Se trataba de un trabajo de ventas por comisión No vende, no cobra. Acá el sueldo se lo hace uno, no hay techo para ganar, le había dicho el gerente.

  Comenzaron los primeros colores de la mañana. Era una suerte que la ventana diera al amanecer. Dios me tiró un hueso, dijo en voz baja. En verdad, nunca había creído demasiado en Dios, pero en ese momento optó por la fe. No hay mucho a qué aferrarse en lugares como esos.

 Con precisión quirúrgica la llevaron exactamente a las diez a la sala de operaciones. Sería una cirugía larga y difícil. No llevaría menos de cinco horas, según lo previsto.

 El cirujano salió anticipadamente. Le explicó que el tumor se extendía hasta una zona vital, lo que hacía imposible extirparlo. Algo que no había salido en los estudios. La llevarían unas horas a terapia. Después la bajarían a la sala. En breve, le darían el alta.

 Volvió a la habitación. Le cambió el agua al florero y humedeció las siemprevivas. Después fue hasta la ventana. Apoyó la frente en el vidrio y clavó la vista en algún punto de la nada.

 Afuera el sol caía de lleno sobre la ciudad, con la fuerza perpendicular del mediodía.

 En el reloj inglés, daban las doce.

 

                                                                  Roberto Vince

 

Recomendar Sitios.-

Publicado en ¡¿Blog?! el 28 de Octubre, 2005, 12:02 por maripau

Otro de los subtítulos de la columna de la derecha es "Otros Sitios" y agrupa una lista de links a otras páginas que han sido recomendadas por nosotros.

Para agregar otras opciones, vayan a la administración y van a ver que entre las opciones de la derecha hay una que dice "Favoritos".

Click ahí y escriban la dirección de la página y el nombre con que quieren que aparezca en la lista de sitios.

LUPAS

Publicado en General el 27 de Octubre, 2005, 20:52 por Lorena Aguado

Lo miro. Sonrío. No puedo entender cómo todavía no se compró un nuevo par de anteojos. Siempre usando esos con un lente roto. Claro, así mira las cosas, así sigue siendo radical y mostrando la foto que se sacó con Alfonsín cuando era presidente.

La dos vertical no la sabe y la deja para después. Lo recuerdo mientras lo veo. Me dan ganas de llorar. El debería ser eterno. También algunas veces debería ser mudo…pero eterno.

Súbitamente levanta la cabeza del diario y me atrapa deseando que permanezca en mi mundo para siempre. Me interroga con la mirada astillada. Al no obtener respuesta, se arranca las lupas, antes montadas en su nariz. Ahora mi amor se le hace nítido y presiento que esto lo conmueve.

Acto seguido, cierra el diario y ahí se queda...

Tragando lágrimas.

Instantánea

Publicado en Poemitas. el 27 de Octubre, 2005, 20:37 por Paula Aramburu

Mi cintura desapareciendo debajo

de tus manos

tus manos

dibujando

círculos pequeños

                              tibios

                                         tímidos

círculos de sal

círculos de fuego

círculos embrujados

                               cómplices

                                               silenciosos

círculos estallando entre tus

manos

desapareciendo mi cintura

por debajo de tus

manos

                                                  

                                                                     Paula Aramburu                                       

olas y gaviotas

Publicado en Poemitas. el 27 de Octubre, 2005, 20:22 por montidoro

Olas y gaviotas
Observan la profundidad del horizonte
Donde un par de ojos
Ponen en riesgo la continuidad de sus vidas.
Se atemorizan.
La nueva creación supera los límites del ocaso
Y ahora lo atrae todo.

Agonizan las olas sobre la arena,
Arrastrando plumas, que aún no te han escrito ningún poema.

Pedro Salinas - I -

Publicado en General el 27 de Octubre, 2005, 19:52 por scalona

                                                             Razón de Amor   - I -

 

 

Lo que queremos nos quiere

aunque no quiera querernos.

Nos dice que no y que no,

pero hay que seguir queriéndolo:

porque él no tiene un revés,

quien lo dice no lo sabe,

y siguiendo en el querer

los dos se lo encontraremos.

Hoy, mañana, junto al nunca,

cuando parece imposible

ya,

nos responderá en lo amado,

como un soplo imperceptible,

el amor

mismo con que lo adoramos.

Aunque están contra nosotros

el aire y la soledad,

las pruebas y el no y el tiempo,

hay que querer sin dejarlo,

querer y seguir queriendo.

Sobre todo en la alta noche

cuando el sueño, ese retorno

al ser desnudo y primero,

rompe desde las estrellas

las voluntades de paso,

y el querer siente, asombrado,

que ganó lo que quería,

que le quieren sin querer,

a fuerza de estar queriendo.

Y aunque no nos dé su cuerpo,

la amada, ni su presencia,

aunque se finja otro amor

un estar en otra parte,

este fervor infinito

contra el no querer querer

la rendirá, bese o no.

Y en la más oscura noche,

cuando

desde la otra orilla del mundo,

la bese el amor remoto

se le entrará por el alma,

como un frío o una sombra

la evidencia de ser ya

de aquel que la está queriendo.

 

 

Pedro  Salinas

Pedro Salinas

Publicado en General el 27 de Octubre, 2005, 17:09 por scalona

Razón de amor (II)

¿Serás, amor,
un largo adiós que no se acaba?
Vivir, desde el principio, es separarse.
En el primer encuentro
con la luz, con los labios,
el corazón percibe la congoja
de tener que estar ciego y sólo un día.
Amor es el retraso milagroso
de su término mismo:
el prolongar el hecho mágico,
de que uno y uno sean dos, en contra
de la primer condena de la vida.
Con los besos,
con la pena y el pecho se conquistan,
en afanosas lides, entre gozos
parecidos a juegos,
días, tierras, espacios fabulosos,
a la gran disyunción que está esperando,
hermana de la muerte, o muerte misma.
Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía.
Ni en el llegar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo, altísimo, temblando.
Y la separación no es el momento
cuando brazos, o voces,
se despiden con señas materiales.
Es de antes, de después.
Si se estrechan las manos, si se abraza,
nunca es para apartarse,
es porque el alma ciegamente siente
que la forma posible de estar juntos
es una despedida larga, clara.
Y que lo más seguro es el adiós.


PEDRO SALINAS

perteneció a la célebre Generación española del 27, con García Lorca, Rafael Alberti, los hermanos Machado, Vicente Aleixandre, Miguel Hernández, Luis Cernuda. Se exilió a USA tras la derrota de los republicanos a manos de Franco, y murió en New York en la década del 60. 

nostalgia2

Publicado en General el 27 de Octubre, 2005, 13:25 por juanita3c
antigua sala de proyección de calle Laprida, ah! y también se puede tener una idea del tamaño de la cama

Artículos anteriores en Octubre del 2005

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-