Publicado en Cuentos el 3 de Julio, 2009, 19:14
por Mayra
AJcrónica de una ausencia
Ese día martes fue somero comparado con el devenir de los acontecimientos. Lo recuerdo claramente porque estaba mirando el noticiero de canal Cinco cuando entró chillando una antorcha desteñida al estudio. Era Jorgelina, la secretaria deEl show de AJ.Entre los gritos, se escuchó: Alberto! Lo llevaron! Fue un momento de intensa confusión que apresuró el corte publicitario. Cuando regresaron, el anuncio era tan inevitable como solemne: “Nuestro querido compañero y amigo, AJ, fue secuestrado”.
Entre sollozos la rubia especificó los hechos. Ellos circulaban en auto por Juan José Paso a la altura de Circunvalación.Zona de moteles – pensé yo. AJ percibió que un Renault 19 gris lo seguía. Creyó que era un fanático. Incluso lo saludó mirándolo por el espejo retrovisor y sacando el brazo por la ventanilla. Cuando volvió la vista hacia el frente, un Taunus rojo se cruzó en su camino y frenó, obligándolo a detenerse. Eran cuatro o cinco, tenían el rostro cubierto. Le pusieron una bolsa arpillera en la cabeza y lo metieron al baúl del Taunus. -Ya tendrás noticias- le dijeron a Jorgelina y arrancaron.
AJ era un locutor bastante irritante. Tanto por su forma de referirse a sus compañeros de trabajo como por su ego extremadamente ensanchado. Ni siquiera había opiniones divididas en la audiencia. Absolutamente todos lo vapuleaban. Él no se daba por enterado. Era petulante, displicente y vanidoso. El gran misterio era su edad y su tendencia sexual. Veinticinco años atrás tenía el cabello cano por lo que ya parecía viejo en los ochenta. Acosaba a sus secretarias, a las modelos y a la señora gorda del horóscopo públicamente. Se les acercaba con el micrófono y les miraba los pechos hablándole pausadamente al oído, a lo que ellas respondían con una risa nerviosa. Pero muchos aseguraban que su debilidad era el sexo masculino. Por lo que su imagen alternaba entre macho proxeneta y puto. Sin embargo no había persona en el sur de la provincia de Santa Fe que no lo conociera. El clásico ejemplo de la fama sin éxito y eso para AJ debería haber sido suficiente.
Al tercer día llegó el primer casette. Una voz distorsionada pedía cuarenta mil dólares. Lo enviaron a canal Cinco. Ya en canal Tres se comprometieron con la causa y también lo reprodujeron. Mostraban programas grabados de la época de Daktari, con artistas invitados como Tormenta y Manolo Galván. La gente empezó a comentar. Las porteras salían a las siete en punto a baldear las veredas para hablar de la cuestión. Hasta incluso tarareaban las canciones de sus años mozos. Yo las admiraba desde mi automóvil, cada una colgada en su escoba con la mirada perdida, y algunas suspiraban desvergonzadamente. Se sentían en deuda con el desaparecido, quien colaboró para que se creyeran enamoradas alguna vez. Las veredas de Rosario nunca estuvieron tan sucias.
El primer sábado sin AJ fue ciertamente vacío. No emitieron nada en su horario habitual, solo se veían las rayas de colores en la pantalla y el piiipiii ensordecedor. Si bien nadie admitía que seguía el programa, muchos lo extrañaban en el zapping.
En la semana, los taxistas comentaban con sus pasajeros la ausencia en la radio. La Mañana de AJ era penosamente sostenida por su comentarista deportivo, Oscar Pendino Dávila. Los oyentes seguían fieles la transmisión a pesar de su acento insoportable. Tenía una grave tendencia a nombrar las palabras agudas como graves y esto sonaba como el motor de una lancha que nunca arrancaba.
Al décimo día la tensión en el pueblo rosarino se podía palpar. No recuerdo cruzarme con alguien, ya sea en el ascensor o en el videoclub sin hablar de AJ. Ya no era necesario nombrarlo. Se había convertido en una especie de sujeto tácito de todas las conversaciones. – Aún no aparece – me saludó la panadera. – Hoy le hacen grabar un casette como prueba de vida… cuánto de tomate? – me informó el verdulero.
Jorgelina aparecía a diario en los noticieros y luego en las dos ediciones. Cambiaba de anteojos e indumentaria. Su metamorfosis fue algo llamativo en esta historia. De mujer fatal y jeans violadores, paulatinamente se fue reconciliando con un perfil de dulce damisela con faldas a la rodilla y cabello recogido. -Parece una viuda llorando- le comenté a mi madre. -¡Que la boca se te haga a un lado!- me reprendió mamá persignándose.
Con el advenimiento del otoño la tristeza se instaló definitivamente. Las personas caminaban inertes y cabizbajas hacia sus obligaciones. Cada sábado la ciudad era más gris. Se encendían los televisores y se dejaban las rayas de colores en forma de rezo masivo para que AJ esté sano. Las hojas secas no despejadas por las porteras compungidas se acumulaban en las calles y junto a los taxistas distraídos, entorpecían el tránsito. Hubo récord de accidentes ese otoño. Todo evento que acontecía era relacionado con AJ. Los piqueteros de Empalme Graneros además de viviendas y planes sociales, exigían que suelten a AJ.
Hasta yo me convencí de que Rosario ya no era vital sin AJ y decidí colaborar depositando dinero en la cuenta que Jorgelina abrió en el Banco de Santa Fe para el rescate.
Fueron recibidos dos casettes más con la voz de AJ. Leía el título de La Capital del día correspondienteseguida de una voz distorsionada poco entendible. Eran escuchados por todos al aire, como debía ser para un noble hacedor de los medios de comunicación. Nadie lo escuchaba en privado previamente. Jorgelina afirmaba que AJ lo preferiría así. Cada prueba de vida era recibida por oyentes y televidentes con alegres aplausos y resonaba en la ciudad como un grito de gol en plena final del mundial.
Los santuarios se fueron multiplicando por la ciudad. El primero fue en La Florida frente a los puestos de pescadores. Aparecían los fieles con fotos de AJ junto a distintos famosos. Sergio Denis viajó especialmente para dirigir la marcha mostrándose sinceramente afligido. Juan Ramón realizó un recital a beneficio e invitó como telonero al grupo Alegría. Alcides, como era esperable, cantó Violeta. El trío San Javier se presentó en Cañada de Gómez para reclamar por su liberación. Para ese entonces, una epidemia de angustia se había extendido por todo el sur de la provincia y AJ era recordado como el locutor más respetado de todos los tiempos.
El último casette arribó como una bomba atómica. La voz distorsionada de extraño acento aseguraba que si el dinero no estaba para la fecha límite, a AJ lo encontraría prefectura en el río Paraná. Ordenóque sólo Jorgelina y Dávila realizaran el pago, sin policías. Los arreglos se hicieron en forma privada.
Una vez realizada la entrega, divulgaron los detalles. A la vuelta de una esquina, a Dávila lo esperaba sorpresivamente otro vehículo. Jorgelina debió seguir conduciendo según las indicaciones al teléfono móvil. De este modo los policías vestidos de civil que los custodiaban, fueron desorientados siguiendo el auto inicial. Dávila, con el dinero, se dirigía hacia otra dirección. Afortunadamente, además del trámite no ocurrió ningún hecho para lamentar. Sólo quedaba esperar.
Al cabo de seis semanas, a partir de ese martes, liberaron a AJ. Apareció caminando por La Tablada con larga barba blanca y la manga izquierda de la camisa descocida. Era llamativo que sus pantalones blancos no estuvieran tan sucios y se lo vio con un ligero sobrepeso. Declaró que lo alimentaban a guisos y que a pesar de todo lo trataron con respeto.
Fue fiesta popular. Algunos detonaron fuegos artificiales. La provincia volvió a respirar y el retorno a la normalidad fue casi súbito. Solo que ahora todos amábamos a AJ. Para la primavera ya nadie recordaba los acontecimientos y se hablaba de quién merecía ganar el Cantando por un sueño.
La popularidad de Jorgelina prosperó tanto que Rosario le quedó pequeño. Ahora sus fans debíamos esperar al sábado para verla bailar en Pasión Tropical. Dávila logró una hora diaria en Radio dos, gracias a la precipitación de auspiciantes publicitarios que acaeció luego del heroico rescate.
Pero los vericuetos del destino y la falsa impunidad de la vanidad quisieron que los sucesos no terminen allí. En los primeros días de noviembre se lo vio a AJ manejando un Mini Cooper por la ciudad y la policía comenzó a sospechar. Se realizó la reconstrucción de los hechos. Verificaron que la poca elasticidad de AJ impedía que cupiera en el baúl de un Taunus, siempre quedaba un brazo o una pierna afuera, arrojando por el piso la primera versión de Jorgelina. Solicitaron a canal Cinco las cintas de los mensajes y un experto en sonido pudo deducir que el acento raro de la voz distorsionada era compatible con el de Dávila. La noticia de víctima y héroes simulados, provocó en mí (en todos) una profunda decepción. La población volvió a defenestrarlo como siempre lo había hecho.
eleo
con mis ojos, que se niegan a enfocar la ruta, y pienso en los caprichosos acontecimientos
de las últimas 36 horas. Me duele la cabeza, me duele la cintura. Enero en
Corrientes, hace calor y las lluvias, desde tanto tiempo atrás, que se mueven
en sentido exactamente inverso a mi conveniencia. Este ahogo no es caprichoso.
Ayer, más o menos a esta hora, llegué a mi trabajo en la embotelladora de soda.
Mal dormido me enteré que un camión que traía una máquina desde Porto Alegre
estaba parado a la salida de Paso de los Libres. El camionero se había
calentado con un gendarme, lo puteó (según me contó muy orgulloso le vomitó:
“negro hijo de puta porque no me chupan la pija vos y los otros putos que están
ahí”) y todos quedaron detenidos: camionero, camión y máquina. Casi lo mismo le
quise decir yo al Sodero, tal vez cambiando el negro por un judío, cuando me
ordenó “Gringo, agarrate el Corsita y fijate de arreglar este quilombo. Hacete
acompañar por el pibe nuevo”. El Corsita, una lenta babosa a GNC sin aire
acondicionado, el pibe nuevo un gordo inútil que mandaba mensajes de texto con
las dos manos, usando solo los pulgares y 800 kilómetros por
delante después de una muy mala noche.
A pocas cuadras de la fábrica vive una compañera de la escuela secundaria. A
sus 17 todos correteábamos, alzados y patéticos,tras su culo tan duro y tetas tan redondas.
Yo la quise, ella no. Quiso a varios pero a mi no. Con el tiempo aprendí a
aceptar los hechos y fuimos bastante amigos pero, a intervalos extrañamente
regulares, aun soñaba con ella. La lógica de aquellos sueños era curiosa,
capítulos hilvanados. En el primero, al menos yo lo suponía como tal, ella
desnuda, apenas tapada por la camisa blanca que usaba en el colegio y su lengua,
precisa, rigurosa. Al tiempo, cuando volvía a mis sueños, podía sentir su culo,
tan duro como siempre chocando, rítmico, contra mi vientre. Ya no había camisa
y, desde atrás y con ambas manos, jugaba con sus tetas, tan redondas como
siempre. Se extinguía, pero alguna noche retornaba. Ya dije que sus intervalos
eran regulares. Arrodillada, nuevamente su lengua y yo me iba, espeso y
caliente, sobre su cara. Nada parecía incomodarla. Ahora, sentados en el bar de
una estación de servicio me cuenta que su marido, del que se divorció hace un
par de años, no le pasa suficiente plata y que no le resulta fácil mantener la
casa y sus dos hijos. Yo le miro el escote, sus tetas han soportado más que
bien el paso del tiempo y, pienso, razonablemente aun pueden ser pasto de mis
fantasías nocturnas. Creo que ahí sentados, los dos, apenas tratamos de
pellizcar algo de los lejanos días de gloria, yo atajaba penales y ella la protagonista
excluyente de nuestra fiebre. Al levantarse para volver a su casa me besa en la
boca. Después desaparece. A intervalos regulares, volverá.
A las cuatro de la mañana me
despierto. No hay luz y no tengo fuerzas para putear a la EPE y sus cortes “por exceso
de demanda”. Hace calor, no hay aire, ni ventilador ni nada. Tengo la frente
empapada. Camino al baño. La puerta entreabierta y el difuso resplandor de las
velas que va y viene. Abro. Una amiga de mi hija, rubia, desnuda, mojada, eventualmente
virgen, está parada sobre una toalla. Me mira y no puedo saber si algo la
sorprende. No tiene más de 17. Con ambas manos se tapa las tetas y no hace más
que realzar su perfección. No se si bajo la vista o la recorro. Su piercing en
el ombligo, el delfín tatuado un poco más arriba de su pubis casi totalmente
depilado. Vuelvo a la cama. Ya no podré dormir.
Un novillo, el aburrimiento del que
sabe que va a morir, me mira desde un camión jaula. Intento dejarlo atrás.
Vamos a 40. El Corsa hierve, se funde en la doble raya amarilla. El Gordo
estira su brazo a la radio. Sin mirarlo (mis ojos gambetean la frase atrás del
acoplado “Nao e prisa, e saudade”) le ordeno “ni se te ocurra” y, transpuesto, vuelve
a la algo reclinada butaca de acompañante. Bajo a segunda y acelero, el auto
tose y yo puteo “… judío de mierda, el gas es para la cocina…” Voy entre los
novillos y un perro muerto que se pudre en la banquina.
En Paso de los Libres, cerca de la
aduana, cien metros a un costado del A.C.A. hay un puticlub. Después de
conciliar con los gendarmes y devolver el camión a la ruta quiero
tranquilizarme. El camionero trepado al estribo del Scania, calco de los Guns
en el centro del parabrisas, alardeando “un rato más ahí dentro y me los garcho
a todos esos tobas de mierda”, el beso en la estación de servicio, el delfín
tatuado en el pubis tan bien depilado de la amiga de mi hija. Pido un Fernet
con Coca y arreglo que el Gordo suba al escenario. Una puta vieja y estropeada
le baja los pantalones y se la empieza a chupar. Excepto la verga tiene todo
duro. Desde la oscuridad alguien ladra “bombeá gordo”. “Metele un dedo en el
culo que le gusta”, grito y me pregunto cuando será el próximo beso.
El hormigón de la ruta es un espejo. El sol parece estar atado al techo
del Corsa. El hilo es corto. Me aburro. Bajo el asiento tanteo el 38 Special
que siempre llevo conmigo. Miro al Gordo tan somnoliento. Apoyo el caño sobre
su sien izquierda y gatillo. El tambor vacío gira y el percutor pega un
chasquido seco. Me río y le digo al Gordo, una masa fofa, transpirada y
contorsionada, los ojos tan abiertos, “como te cagaste hijo de puta”.
Mientras se profundiza la polémica sobre el tema, desde Puerto Madryn, Diego Pérez advierte sobre los trasfondos de una información deficiente respecto del virus A H1N1.
Desde Puerto Madryn
Los virus no hablan. Las personas, las comunidades, les damos sentido a los acontecimientos y a las cosas. También a las enfermedades que sufrimos, y con esto también nos nombramos. La expansión del virus California A (H1N1) tuvo mutaciones inesperadas, pero no de su soporte biológico, sino social: fiebre mexicana, fiebre porcina y finalmente la última y extendida denominación A (H1N1) para el gran público. Convengamos que lo que ha estado mutando no ha sido solamente el nombre de un virus; con la expansión de un organismo biológico se ha ido extendiendo también (en una nueva oleada) una episteme, una mirada sobre la salud, la enfermedad, sobre las personas y las sociedades humanas.
Esta forma de ver y organizar el planeta tiene todos los ingredientes de una lucha del bien contra el mal. Cuenta con un escenario global y actores debidamente identificados. Tiene la capacidad de conmovernos y motivarnos a cambiar nuestras conductas y actuar con el “vestuario” adecuado: cada uno con su barbijo. Este escenario es, sin duda, el que construye la aldea global de acuerdo con una mirada que va más allá de las naciones y de las fronteras (exactamente como el virus). Es un escenario de una civilización transnacional y de un gobierno mundial.
El montaje no es una ficción o producto de conspiraciones; es la forma de ser de “construir mundo” de este orden hegemónico. Un orden que tiene a su disposición herramientas tecnológicas globales como Google, que a través del Google Earth ha puesto al servicio de esta mirada omnipresente de la salud el Health Map, o mapa de la salud. Que tiene un relato global, darwiniano y fascinante como Discovery Channel o la avasallante industria cinematográfica que anticipa en la ficción estas contiendas masivas y globales.
Un orden transnacional que planifica la batalla contra el mal desde una Organización Mundial de la Salud (y sus sucedáneos locales y regionales) y sociedades que asumen acríticamente las recomendaciones de este organismo, que cual “estado mayor” ordena las fases de este combate en cada rincón del globo. Ese mismo estado mayor que negocia con las veinte grandes empresas farmacéuticas la fabricación de una vacuna y que les pide encarecidamente a los laboratorios que no les cobren el medicamento a “los países pobres”. El mismo organismo que se muestra sorprendido porque el laboratorio Novartis dice que no va a entregar ninguna vacuna gratis y que si quieren salud hay que pagarla.
Decenas de profesionales se han manifestado en estos días por la supuesta información deficiente a la población acerca del virus de la gripe A (H1N1), y no es casual. La información está ordenada en base a criterios que no son adecuados a cada nación, a cada pueblo, a cada comunidad. Están empleando un supuesto lenguaje universal de la ciencia que en realidad es el lenguaje universal de las corporaciones y los gobiernos de los países centrales.
¿Cómo se puede comprender si no la “supuesta torpeza” de lanzar a un mundo que registra un movimiento de 58 millones de personas que se trasladan mensualmente de un continente a otro por razones de esparcimiento o laborales, a un sistema de comunicación hiperconectado con miles de millones de celulares, redes informáticas y de televisión, la idea de que ha aparecido un virus que desconocemos, mutante y para el cual no hay cura?
Es un efecto esperable entonces que las personas se agredan, se marginen, aumenten la ya extendida paranoia urbana, la xenofobia, y se sientan desesperadas, mientan a los sistemas de salud para atenderse primero, corran a comprar medicamentos que no saben usar, se automediquen y se aíslen.
¿Es que alguna persona, funcionario o responsable de salud se ha puesto a pensar acerca de los términos que se están utilizando para hablarles a los ciudadanos, a las familias, a través los medios de comunicación? ¿Estos funcionarios creen que es efectivo y mejora el cuidado de la salud contar los muertos mundiales (y locales) y los enfermos como si esto fuera una batalla entre el bien y el mal? Cuántos muertos son pocos (o muchos), ¿es una respuesta que necesitan las personas para cuidarse mejor? ¿Han medido el impacto social de sus palabras en cada comunidad o han adoptado el criterio de implantar este discurso en cada comunidad como forma de considerarlos oportunamente permeables a un cambio de sus actitudes como consumidores? ¿Están trabajando –tal vez sin quererlo– en crear clientes de salud?
Evidentemente no ha sido sólo improvisación y desconocimiento, sino también falta de una mirada más profunda de las autoridades sanitarias acerca de los procesos de salud y enfermedad de las comunidades, la que nos ha llevado a esta forma de “vivir en peligro”. También –y esto es decisivo– la adopción de formas de comunicar está ligada a programas de organismos internacionales que financian las campañas de salud e imponen, con medidas aparentemente “administrativas”, formas de actuar que llevan implícitas estas formas de comunicar. Estas formas van cambiando paulatinamente también los criterios más ligados a la medicina social por los “nuevos” de la medicina de mercado. Así nosotros, los ciudadanos, actores, terminamos adoptando “el vestuario” adecuado para este escenario: los insalubres tapabocas.
Publicado en De Otros. el 30 de Junio, 2009, 21:48
por Celina
¿Sabes lo que me parece a mí? Pues que la mayor parte de la gente vive creyendo que la vida y el mundo son, aunque con excepciones, básicamente coherentes(deberían serlo, claro). He llegado muchas veces a esta conclusión hablando con los que me rodean. Cuando ocurre algo, ya sea en el terreno social o en el personal, siempre hay uno que dice, "O sea, que ha pasado esto porque aquello era así y asá" y, en la mayoría de los casos, todos exclaman "¡Ah claro!", y se quedan tan campantes, pero yo no acabo de entenderlo. Decir cosas del tipo "Aquello es así", "Por eso ha pasado lo que ha pasado", es como meter en el microondas un chawan-mushi* instantáneo, pulsar el botón y cuando suena el "tin", abrir la puerta y:¡ya está listo el cahawan-mushi!. Y ¿dónde está la explicación? o sea, no sabes nada de nada de lo que ocurre, con la puerta bien cerrada, desde el instante que pulsas el botón hasta que la campanita hace "tin". Quizás, en la oscuridad, el chawan-mushi instantáneo se convierta primero, en macarrones gratinados, y, sólo luego, vuelva otra vez a ser chawan-mushi, sin que sospechemos siquiera lo ocurrido, ¿no?. Puesto que hemos metido chawan-mushi en el microondas, creemos que, como consecuencia lógica, ha de salir chawan-mushi. Pero eso no es más que una suposición. Yo, la verdad, me quedaría más tranquila si alguna vez, al abrir la puerta, salieran macarrones gratinados tras haber puesto chawan-mushi instantáneo en el microondas y pulsar el botón. Me sorprendería, no hace falta decirlo, pero, al mismo tiempo, me quedaría más tranquila. Creo que al menos no me sentiría tan confusa. Porque, en cierto sentido, eso me parecería más "realista". Me resulta muy difícil explicarte de manera lógica por qué me parecería más realista, pero si te paras a pensar, por ejemplo, en cómo ha sido mi vida hasta ahora, de pronto te das cuenta de que lo "coherente" brilla por su ausencia. En primer lugar es un misterio que a un par de ranas aburridas como mis padres les saliera una hija como yo. Éste es un gran misterio. Porque, ya sé que no soy yo quien debería decirlo, pero lo cierto es que yo soy más normal que ellos dos juntos. No es que esté presumiendo, es la pura verdad. Y no digo que yo sea gran cosa si me comparo con ellos, pero, humanamente, sí puedo decir que soy más recta. Creo que si tú, señor "pájaro-que-da-cuerda", tuvieras ocasión de ver a ese par, estoy segura de que me entenderías. Ese par cree que el mundo es tan coherente como la distribución de las habitaciones en una casa en venta construida en alguna zona residencial. Por eso creen, que si actúan de manera coherente, al fin todo les saldrá bien. Y se sienten confusos, tristes y enfadados porque yo no hago lo mismo. .............si no hubiese tenido aquel accidente estúpido de moto no te hubiese conocido a ti, señor "pájaro-que-da-cuerda", en el callejón detrás de casa aquel verano, y si yo no te hubiese conocido a ti, tú no habrías conocido el pozo de la casa de los Miyawaki y, por consiguiente, quizás no tendrías la mancha en la cara y tampoco estarías involucrado en ese asunto tan extraño...Y entonces pienso:"¿En qué parte del mundo está la coherencia?". ¿O no será, tal vez, que en en el mundo hay diferentes tipos de personas y que para unos la vida y el mundo son coherentes al estilo chawan-mushi mientras que para los otros todo va al buen tuntún a la manera de los macarrones gratinados? Yo no lo acabo de entender. Pero imagino que si las ranas de mis padres pusieran chawan-mushi instantáneo en el microondas y al hacer "tin", saliesen macarrones gratinados, se dirían: "Nos hemos equivocado.Lo que habíamos puesto eran macarrones gratinados", o quizás sacaran macarrones gratinados y se dijeran a sí mismos para convencerse, "No, no, esto a simple vista, tal vez parezca un plato de macarrones gratinados, pero en realidad esto es chawan-mushi". Y por más que les explicara con toda amabilidad: "A veces, aunque pongamos chawan-mushi en el microondas, salen macarrones gratinados", este tipo de personas seguro que no se lo creería, sino que por el contrario, se enfadaría mucho. Señor "pájaro-que-da-cuerda", ¿entiendes lo que te estoy queriendo decir?
*huevos cocido al vapor dentro de una taza acompañado de verduras, carne, etcétera.
Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. ( página 680-683) Haruki Murakami.
Ya me puse la bata y cuando me la pongo, no salgo más. El Negro me reta, quiere que vaya al mercadito a comprar comida. Que vaya él, me tiene cansada, siempre a los gritos, me dice que estoy vieja, fea, creo que lo que no le gustan son las pantuflas, me acuerdo de “un tigre en el tanque”, Yo tengo dos tigres en los pies. Y bueno, es invierno y son cómodas, después de años de andar en la calle el frío se me metió adentro, se me pegó en los huesos. Igual ya no me mira y ya no me importa. Yo, coger no quiero, menos con él. Dice que estoy gorda (no es cierto), la doctora de la salita me dijo que es la madurez. Y el descanso,ahora que no trabajo, estoy todo el día en casa, un poco me aburro, veo la tele y como mucho bizcochito de grasa con el mate .Estoy siempre sola, limpio un poco, cocino para mí y la ayudo con los chicos a la Elsa; ella está grande y tiene que criar tres nietos. Algo tengo que hacer, a lo mejor busco otro profe que me enseñe a escribir, el mío se me murió. Antes andaba mas ocupada, me arreglaba para salir a trabajar, me cosía la ropa y me teñía, porqué el Negro, plata para mí, nunca me dio. Eso sí, comida siempre había y vino, mucho vino. Me acuerdo esa noche que llegó con el Gringo y con el Mole y se pusieron en pedo acá, en casa, rompieron la carpetita de la mesa y el cuadro de la Eva, vomitaron todo. Y las otras cosas que hicieron, me dio un asco, tenía tanta bronca. Le dije al Negro pero se enojó. Al día siguiente, cuando volví de la salita, me pidió perdón, me dijo que se ponía cabrón por culpa mía, que no lo tengo que retar cuando está con los amigos, que es mi obligación atenderlos bien. Las otras veces también me pidió perdón pero después se olvidaba. Por eso es mejor que no venga tanto a la casa, pero no sé que hace en la calle todo el día. El domingo le pregunté y me gritó gorda puta, me dijo que a mí no me interesaba lo que hacía, que tenía que trabajar, y que no jodiera mucho porqué me sacaba de nuevo a la calle. Está bien, mejor que haga algo, así se queda afuera. A mí me cansaba mucho ir a Coronda, queda muy lejos, había que llevarle comida y ropa; las visitas eran una vez al mes, eso por lo menos me daba tiempo a trabajar un poco para juntar unos pesos. Igual acá todo estaba más tranquilo con él encerrado, y yo no andaba con miedo.
Sr.Director:
Lamento la demora en enviarle el informe pero no me fue fácil volver a entrevistar a la señora Lujan. Las primeras veces que fui no estaba en su domicilio. A la cuarta visita me atendió una vecina, la señora Elsa, me dijo que Lujan estaba internada. Cuando pregunté si estaba enferma, miró para abajo y en forma entrecortada y en voz baja habló de fractura, de puntos, de golpes, de que pobre Lujan no sé porqué no lo echa a la mierda al Negro ese, y así siguió. No pude armar muy bien la historia, se encerró en su casa apenas vió a los hombres que venían por el pasillo. Estaba asustada. Ellos tampoco quisieron hablar conmigo. La verdad que el que me atendió, me habló en forma muy violenta, me echó, dijo que no volviera, que no metiera la nariz en sus cosas. Dejé pasar un mes y volví. Finalmente la encontréel Martes. Usted sabe que tengo experiencia entemas de familia, pero no pude dejar de sorprenderme cuando la vi: un gran tajo, ya casi cicatrizado, le cruzaba la frente; el ojo todavía estaba morado y rojizo con un derrame importante; el brazo derecho enyesado y presentaba dificultades al caminar. Me hizo pasar, me convidó con mate y bizcochos (usted siempre pide detalles) y me contó todo o casi todo. Le adjunto en un archivo todos los detalles de la historia para que los incorpore al legajo. Le ofrecí acompañarla a hacer la denuncia pero se negó. Seguramente tiene miedo aunque debo decir que la vi extrañamente tranquila. Mi recomendación como asistente social es que hay que conseguir una vivienda para sacarla de esa casa, brindarle ayuda médica y sicológica y asesorarla legalmente ,explicarle sus derechos y evitar por todos los medios posibles que sufra mas daños. Le acompaño la solicitud de alojamiento en el Hogar Paulino y le enviaré un nuevo informe después de la próxima visita. Le solicito a Ud. le dé a esta petición carácter de urgente.
Ayer me vino a ver la chica esta, la asistente social. Buenita la piba, la hice pasar y tomamos mate y bizcochitos. Hablamos mucho. Me pidió que le contara todo. Y le dije que todo, todo, me daba un poco de vergüenza. Pero después me fue saliendo. Le conté de la primera vez. Hacia poco que vivíamos juntos y una noche el Negro vino y me dijo que me arreglara, que íbamos a salir, me puse la minifalda roja esa que le gustaba y la musculosa con brillitos, me miró y me dijo que me pusiera tacos altos. Pensé que me llevaba a bailar, me gustaba salir con él, yo era chica y el Negro era lindo. Fuimos al boliche delPardo, tomamos cerveza, era verano, me divertía, pero al rato se fue y vino con un tipo gordo con cara de malo. Ese fue el primero. Al principio no quise, no entendía nada, le pedía por favor, yo le decía que era su mujer, que cómo me hacía eso, lloraba mucho, pero igual me llevaron a la pieza de atrás y me obligaron. Después también lloré mucho, no podía parar. Cuando volvimos a casa me dijo que me iba a enseñar a obedecerle. Y me enseñó bien fuerte. Cuando me curé, me sacó de nuevo a la calle, me llevaba a la esquina de la vía o detrás de la estación. Y me vigilaba toda la noche. De madrugada volvíamos juntos a la casa. Al principio me encerraba con llave cuando salía pero después se olvidaba, total, yo me quedaba, adónde iba a ir. A él también lo atendía, se reía y decía que para el esposo era gratis, a mí no me gustaba mucho porqué hacía cosas raras. Después del aborto engordé, estaba triste, me dio por comer todo el día, entonces me llevaba a la parada de los camioneros. Además traía los amigos a casa, la noche esa que se emborracharon me hizo atenderlos a todos, muchas veces. Por suerte a la semana siguiente lo agarró la cana, y lo llevaron a Coronda. Y le dije a la piba que la cárcel le había hecho bien porqué desde que volvió andaba poco por la casa, hasta que pasó lo del Viernes Santo. Ese día le pregunté otra vez en que estaba trabajando, y se enojó…. estaba borracho. Y se enojó mucho. Lo peor fue lo que me hizo con la botella, todavía no camino bien. Pero bueno, por fin estoy tranquila. La chica dice que tengo que hacer la denuncia. Para qué. Y que me tengo que mudar. Pero yo no quiero irme de acá, ahora es mi casa, tengo todas mis cosas y mis recuerdos. Se que el Negro no va a volver. Así que está bien. Lo más importante que tengo que hacer es terminar de tapar el pozo ciego. Y después voy a vivir en paz. Puedo buscar algún trabajito .Y quien sabe, a lo mejor hasta consigo un buen hombre que me cuide.
Publicado en General el 30 de Junio, 2009, 10:17
por MScalona
CHICAS-OS---
consultada nuestra médica pediatra del Taller (la infancia es la única patria del escritor -Trejo dixit-)
DRA MIRTA GUELMAN, me dice que en ámbitos de reunión de adultos (?) con un metro de distancia, ventilados y NO HABIENDO personas enfermas, no es necesario ni recomendable suspender actividades de este tipo.
De hecho, con ese criterio, me dice, habría que suspender toda actividad humana, laboral, comercial, etc... y estar cada persona aislada en una habitación... En fin... me explicó un montón de otras cosas que Uds. ya sabrán en cuanto a la Gripe A, incidencia, objetividad, contagio, lavarse mucho las manos, barbijos... y que el pánico puede matar más gente que la enfermedad... Pero eso sí, me pidió, y por eso se los transmito LA RESPONSABILIDAD DE QUE AQUELLOS QUE ESTÉN CON CLAROS SÍNTOMAS DE GRIPE, no asistan al taller así como no deben ir a trabajaro a lugares públicos y especialmente, NO IR A VER MÁS A CENTRAL (mi club) A LA CANCHA porque está confirmado que no baja, pero sí altera las defensas (te imaginás con Valentini y Jorge Nuñez, el sistema inmunológico no detiene ni a un Achucarro con dos baldes en los pies... eso sí, son dos baldes de microgotas de influenza...)
Bueno, hablando en serio, seguimos haciendo el taller así...
los engripados abstenerse. Los neuróticos sanos, vengan...
Después de marcharse Hanna de la ciudad, estuve un tiempo buscándola por todas partes, hasta que me acostumbré a que las tardes carecieran de forma, y hasta que pude ver un libro y abrirlo sin preguntarme si sería una buena lectura para ella. Pasó un tiempo hasta que mi cuerpo dejó de añorarla; a veces yo mismo me daba cuenta de que mis brazos y mis piernas la buscaban mientras dormía, y mi hermano contó más de una vez en la mesa que yo había llamado en sueños a una tal Hanna. También recuerdo haberme pasado clases enteras soñando con ella, pensando sólo en ella. Pero luego el sentimiento de culpa que me había atormentado en las primeras semanas se disipó. Empecé a evitar su casa, a tomar otros caminos, y al cabo de medio año mi familia se mudó a otro barrio. No olvidé a Hanna, desde luego, pero en algún momento su recuerdo dejó de acompañarme a todas partes. Quedó atrás, como queda atrás una ciudad cuando el tren sigue su marcha. Estás allí, en algún lugar a nuestra espalda, y si hace falta puede uno tomar otro tren e ir a asegurarse de que la ciudad todavía sigue allí. Pero ¿para qué hacer tal cosa?
Después de un tiempo largo de sequía amorosa, sexo escaso pero malo, noches enteras dedicadas a la experimentación autodidacta –que empezó con el uso y abuso de vibradores sofisticados y terminó en la obsesión con el heladero de conos grandes de Fisher Price que dejó mi sobrinita en casa-, el día que una se ve otra vez frente a un pedazo de carne y hueso, como un tipo por ejemplo, acaba -¿acaba?- confundiendo las señales. ¿Y saben qué es lo peor que te puede pasar frente a un tipo? Que confundas las señales. El jueves, en un bar de Almagro, un chabón estuvoa punto de convencerme de que yo debo estar muy confundida. Su nombre era Max, tenía ojos verdes y mucha sed: lo vi zamparse seis tequilas seguidas y pasarlos con cerveza sin hacer una mueca. Estaba por los cuarenta bien llevados y cantaba canciones que no se sabía, apelando a la vieja técnica de repetir y alargar las últimas tres sílabas de un verso: “¡…jo en flooor!”. Cada tanto, desde la barra, miraba hacia la mesa donde yo estaba con las chicas de la oficina y se sonreía coqueto. Yo me ofrecí para ir a pedir la última ronda de fernés y me paré estratégicamente a su lado. Entonces me habló: “¿Cómo te llamás?”, “Carolina, ¿y vos?”. Él dijoMax y si me podía invitar un trago. Obvio que podía y podía también tocarme una teta, pero eso no se lo dije de movida. Estábamos en la típica situación de apretujamiento en un pasillo estrecho. Cada tanto, alguien me empujaba y mis labios iban a parar, sin culpa, al cuello de Max que olía a perfume fino. Le hice señas a las chicas, que ya se iban, de que yo me quedaba. Él se dio cuenta y me guiñó el ojo. Ya nadie guiña el ojo, pero hubo una época en que si un tipo te guiñaba el ojo tenías todo el derecho de pensar que quería algo más. En esas cosas yo suelo aferrarme a la tradición y actuar en consecuencia. Al cabo de un rato, el bar se llenó tanto que Max y yo quedamos prácticamente abrazados, a punto de asfixiarnos. Y por lo que sentí entre sus piernas pude comprobar que la inercia de la noche era lo que era. Le dije a Max que Saliéramos al patio, él dijo “sí, vamos, hace calor”. ¡Bingo!, pensé. Porque ¿cómo mierda se lee eso? Para mí, “hace calor” es la clave para decir “me tenés caliente”. Así que avancé ansiosa por ese pasillo y una vez que estuvimos afuera lo apreté contra una pared, lo besé y le mandé la mano directamente al Paquete para medir la urgencia de la situación. Pensé que si ese hombre estaba a punto de estallar yo quería mi esquirla. Pero me pareció que teníamos tiempo o que Max la tenía ínfima, cosa que por supuesto no me importó. O digamos que no tanto, porque no existe eso de que a una le de igual meterse un morrón que un hisopito Jonson. Él dijo algo que no entendí y que interpreté como un gemido de placer que me hizo temblar las rodillas. Me puse de espaldasél: agarré una de sus manos y la encajé en mi escote, agarré la otra y la puse en mi panza y pegué mi cuerpo al suyo con el hambre de una presidiaria. Fue entonces cuando entendí con todas las letras lo que Max estaba diciendo: “¡Paré, pará, pará!”. Gritó. Tres veces lo gritó. Me empujó y me miró como quien mira a una fiera peligrosa. “Pero…”, eso fue todo lo que pude decir mientras Max retrocedía espantado, con el brazo extendido al frente y la palma en posición de: ¡Prohibido seguir! ¡Deténganse! ¡Sos una perra gorda y sarpada!
Puta vida.. Salí de ese lugar a los pedos, fulminada. En el taxi me eché a llorar y traté de repasar una a una las señales que supuestamente había confundido. ¿Y saben qué? Que no confundí nada. De hecho, me parece que a otra le hubiera bastado con el “cómo te llamás, te invito un trago” y no habría esperado siquiera el guiño de ojo para ponerse de rodillas y chupársela allí mismo. Lo que pasa es que hay tipos que ejercen ese mecanismo cruel que consiste en calentar y defraudar, que hasta no hace mucho era exclusivo de las minas. Histeria se le dice, y dejó de ser un juego inofensivo. Es una práctica rastrera y, peor, adictiva. Un tipo histérico lo viene siendo hace mucho y no quiere dejar de serlo. Un tipo histérico rara vez coge, se frota su cosita diminuta pensando en su imposibilidad de ponerla en una concha porque esa imposibilidad le da placer. Y va por el mundo desparramando su demonio y convenciendo a chicas ingenuas, deseosas de un polvito cariñoso, decentes pero un poquito ansiosas, de que ellas son las culpables porque confunden las señales. Porque, claro, el ojiverde que te coquetea en un bar un jueves por la noche todo lo que quiere es ser tu amigo, tu psicólogo, tu mascota o tu mucama. De coger ni hablar. Que se maten los histéricos y sus señales equívocas que se eso yo ya tengo. Y para todo lo demás, por ahora, está mi helado Fisher Price.
Tu silencio es una nave con todas las velas llenas… Blandas, las brisas juegan en las flámulas, tu sonrisa… Y tu sonrisa en tu silencio es la escalera y las andas con que me finjo más alto y junto a cualquier paraíso…
Mi corazón es un ánfora que cae y que se quiebra… Tu silencio lo recoge y quebrado lo arrincona… Mi idea de ti es un cadáver que el mar trae a la playa…, y mientras tanto tú eres la tela irreal en la que mi arte yerra el color…
Abre todas las puertas y que el viento barra la idea que tenemos de que un humo perfuma de ocio los salones… Mi alma es una caverna colmada por la marea alta, y mi idea de soñarte una caravana de histriones…
Llueve oro mate, mas no en lo exterior… Es dentro de mí… Soy la Hora, y la Hora es de asombros y toda ella escombros de ella misma… En mi atención hay una viuda pobre que nunca llora… En mi cielo interior nunca hubo una sola estrella..
Hoy el cielo es pesado como la idea de no llegar nunca a un puerto… La lluvia menuda está vacía… La Hora sabe a haber sido… ¡Y no haber algo como lechos para las naves!… Absorta en alienarse de sí, tu mirada es una plaga sin sentido…
Todas mis horas están hechas de jaspe negro, mis ansias todas talladas en un mármol que no existe, no es alegría ni dolor este dolor con el que me alegro, y mi bondad inversa no es ni buena ni mala…
Los haces de los lictores se abrieron al borde de los caminos… Los pendones de las victorias medievales no llegaron ni a las cruzadas… Pusieron infolios útiles entre las piedras de las barricadas… Y la hierba creció en las vías férreas con lozanía dañina…
¡Ah, qué vieja es esta hora!… ¡Y todas las naves partieron! En la playa sólo un cabo muerto y unos restos de vela hablan de lo Lejano, de las horas del Sur, de donde nuestros sueños sacan aquella angustia de más soñar que hasta callan para sí…
El palacio está en ruinas… Duele ver en el parque el abandono de la fuente sin surtidor… Nadie levanta la mirada del camino y siente saudades de sí ante aquel lugar-otoño… Este paisaje es un manuscrito con la frase más bella suprimida…
La loca partió todos los candelabros glabros, ensució de humano el lago con cartas rasgadas, muchas… Y mi alma es aquella luz que nunca más tendrán los candelabros… ¿Y qué quieren del lago aciago mis ansias, brisas fortuitas?…
¿Por qué me aflijo y me enfermo?… Se acuestan desnudas al claro de luna todas las ninfas… Vino el sol y habían ya partido… Tu silencio que me arrulla es la idea de naufragar, y la idea de que tu voz suene a lira de un Apolo fingido…
Ya no hay colas de pavos todo ojos en los jardines de otrora… Las propias sombras están más tristes… Aún hay rastros de ropas de ayas (parece) en el suelo, y aún llora un como eco de pasos por la alameda que velahí concluida…
Todos los ocasos se fundieron en mi alma… Las hierbas de todos los prados fueron frescas bajo mis pies fríos… Secó en tu mirada la idea de creerte calma, y el ver yo eso en ti es como un puerto sin navíos…
Se irguieron al tiempo todos los remos… Por el oro de los trigales pasó una saudade de no ser mar… Frente a mi trono de alienación hay gestos con piedras raras… Mi alma es una lámpara que se apagó y aún está caliente…
¡Ah, y tu silencio es un perfil de cúspide al sol! Todas las princesas sintieron el seno oprimido… De la última ventana del castillo sólo un girasol se ve, y el soñar que hay otros pone brumas en nuestro sentido…
¡Ser, y no ser ya más!… ¡Oh leones nacidos en la jaula!… Repicar de campanas hacia más allá, en el Otro Valle… ¿Cerca?… Arde el colegio y un niño quedó encerrado en el aula… ¿Por qué no ha de ser el Norte el Sur?… ¿Qué es lo que está descubierto?…
Y yo deliro… De repente hago pausa en lo que pienso… Te miro y tu silencio es una ceguera mía… Te miro y sueño… Hay cosas rojas y cobrizas en el modo de meditarte, y tu idea sabe a recuerdo del sabor de un espanto…
¿Para qué no sentir por ti desprecio? ¿Por qué no perderlo?… Ah, deja que te ignore… Tu silencio es un abanico? un abanico cerrado, un abanico que abierto sería tan bello, tan bello, pero más bello es no abrirlo, para que la Hora no peque…
Se helaron todas las manos cruzadas sobre todos los pechos.. Se ajaron más flores de las que había en el jardín… Mi manera de amarte es una catedral de silencios escogidos, y mis sueños una escalera sin principio pero con fin…
Alguien va a entrar por la puerta… Se siente sonreír el aire… Tejedoras viudas gozan las mortajas de vírgenes que tejen… Ah, tu tedio es una estatua de una mujer que ha de venir, el perfume que los crisantemos tendrían, si lo tuviesen…
Es preciso destruir el propósito de todos los puentes, vestir de alienación los paisajes de todas las tierras, enderezar por fuerza la curva de los horizontes, y gemir por tener que vivir, como un ruido brusco de sierras…
¡Hay tan poca gente que ame los paisajes que no existen!… Saber que continuará habiendo el mismo mundo mañana?¡cómo nos entristece!… Que mi oír tu silencio no sean nubes que contristen tu sonrisa, ángel exiliado, y tu tedio, aureola negra…
Suave, como tener madre y hermanas, la tarde rica desciende… No llueve ya, y el vasto cielo es una gran sonrisa imperfecta… Mi conciencia de tener conciencia de ti es una prez, y mi saberte sonriendo es una flor mustia en mi pecho…
¡Ah, si fuésemos dos figuras en una lejana vidriera!… ¡Ah, si fuésemos los dos colores de una bandera de gloria!… Estatua acéfala retirada a un lado, polvorienta pila bautismal, pendón de vencidos que tuviese escrito en el centro este lema ¡Victoria!
¿Qué es lo que me tortura?… Si hasta tu faz tranquila sólo me llena de tedios y de opios de ocios temibles… No sé… Yo soy un loco que extraña su propia alma…
Yo fui amado en efigie en un país más allá de los sueños…
" Hablábamos / y yo me quedaba en rincones de tu cara ."
Laurino-Descarga.- COMIDA CHINA.-
Autores
Lorena Aguado, Carlos Bagnato, Tomás Boasso, Ma.Paula Cerdán, Gabriela Gervasoni, Carlos Descarga, Pablo Javkin, Analía Lardone, Verónica Laurino, Lilian E. Marín, Marcelo Scalona, Daniel Valdez, Roberto Vince, Omar Maya, Juan J. López Puccio, Pilar Almagro Paz, María Laura Isaia, Laura Corti, Adolfo Villatte, Luciano Galimberti, Nicolás Doffo, Mirta Pujol, Celeste Galiano, Ramiro García, Fabián Trovatto, María L. Martínez, Pablo Castro, Alicia Catania, Silvia Tombolini, Iberia Oñate, María S. Barta, Roberto Frangi, Fernando Sauro, Melisa Sánchez Ramski, Gabriel Bortnik, Gonzalo Ruzafa, Mabel Savarino, Clara De Luise, Mariano Aliau, Sandra Fabi, Martha Corsalini, Alejandro Caponi, Carolina Musa, Mirta Guelman, Francisco Kuba, Claudio Berón, Susana Paganini, Celina Russo, Patricia Barchesi, Yanina Pietromica, Billy Boldt, Teresa Barrios, Carlos Santini, Patricio Magnano, María L. Pesoa, Silvia Ríos, Rubén D. Musante, Ariadna Machain, Fernando Artana, Felicitas Maini, Gerardo Bussi, Romina B. Zampa, Ayelén Coduri, Bruno Preatoni, Mario Diez, María C. Rivarola, Norma Pérez, Mayra Rodríguez, Jorge Bustos, María I. Benedetto, Flavio Luciani, Florencia Oviedo, Germán Gómez, Graciela Zambito, Ricardo Parma.-