"...llevaba el buscador de astros redondo y plano de latón con las caras pulimentadas. Veía el grabado de las coordenadas horizontales de la esfera celeste; también veía el cenit, el horizonte, el ecuador, el azimut y los círculos de capricornio y cáncer. Confió en el instrumento puesto que había nacido en julio y esa coincidencia lo animaba". --- MARTHA CORSALINI. La Búsqueda.-




el imperdible de MARTHA CORSALINI

Publicado en Cuentos el 9 de Febrero, 2010, 17:42 por MScalona


 

 

  LA  BÚSQUEDA   -   

 

 

 

 

 

 

 

"…y quiero agradecer enormemente, en nombre de mi familia, la solidaridad que nos demostraron las muchísimas personas que, de una manera u otra, nos ayudaron a buscar a mi papá. Hago extensivo este agradecimiento a los bomberos voluntarios que colaboraron con la búsqueda. Gracias…gracias de todo corazón…"

 

El operador de la FM local subía el volumen de la consola y lanzaba al aire descaradamente el "viejo, mi querido viejo". Era viernes. El sábado anterior había comenzado todo.

 

Cuando bajó el sol, la humedad del atardecer perfumó de jazmines el rincón en dónde Alfredo, tomaba mates. Como un picaflor goloso tomó la bicicleta que estaba en el garaje y salió ávido por libar más. Supo que debía empujar el pedal izquierdo para darse el envión. Con actitud de autómata pasó la otra pierna sobre el caño y comenzó el pedaleo.

 

          Encaró rumbo al río.

 

Una telaraña de calles y bocacalles le provocaron el primer desconcierto. Bajar los pies, esperar que pase ese auto, volver a pedalear, bajar los pies, la luz roja en verde… debe ser verde, volver a pedalear. El aroma de jazmines se perdía, pero aparecía el olor de los paraísos. También era dulce, pensó.

 

En el bolsillo del chaleco de lanilla, llevaba el buscador de astros redondo y plano de latón con las caras pulimentadas. Veía el grabado de las coordenadas horizontales de la esfera celeste; también veía el cenit, el horizonte, el ecuador, el azimut y los círculos de capricornio y cáncer. Confió en el instrumento, puesto que había nacido en julio y esta coincidencia lo animaba.

 

La luna se empezó a asomar de a ratos, entre los árboles que abrazaban el camino de tierra al que había llegado. Sonaba, ahora, el concierto de esos bichitos, con los que tantas veces había jugado de niño. La música, la luna, el olor y el instrumento lo guiarían, pensó Alfredo, y se le ocurrió decir en voz alta mientras avanzaba: "no todos los caminos conducen a Roma".

 

Inés y sus hijos, caminaron por el centro de la ciudad, por las calles de los barrios de las afueras. Ante la aparición de cualquier ciclista se les aceleraba el corazón. Se detenían en cada baldío gritando su nombre. Inés llevaba en su cartera blanca, las pastillas de las ocho, las de medianoche y en la petaca, el tabaco con la pipa. Vio una casa en construcción por la calle 25 de Diciembre. Tratando de mantenerse en equilibrio, para no caer entre la maraña de pastos secos que aún seguían creciendo altos y llenos de púas, Inés se tocó el estómago. Temió tropezar con los restos de escombros abandonados por los albañiles, esquivó las pequeñas alimañas que aprovechaban la noche para aparecer. Sintió asco al tocarlas accidentalmente con sus pies, sus cuerpos eran suaves, fríos, húmedos.

 

Hacía rato que las obsesiones lo venían persiguiendo, se dijo Inés. Podó el árbol, aquel hasta dejar solo muñones en vez de ramas, en una continua ambición de cortar y cortar. Le ocultó entonces, la escalera y el serrucho. Cuidaba como a un niño, el auto Peugeot 404 bordó. Lo ponía en marcha, lo sacaba del garaje.  Cuando le desconectaron la batería, el sonido seco de no arranque, lo impulsaba a cargar bidones con nafta en la estación. Agregaba el combustible al tanque. Repetidas veces… el tanque rebalsaba.

 

En estas ocasiones, Alfredo retaba a su nieto Augusto, porque se le presentaba a caballo en la cocina. "No cambio el auto por el caballo" reía sarcástico Alfredo. Se tomaba el micro y escapaba a casa de su mamá. A Uranga. Ella sabría cuidarlo, consolarlo. Una vez en Uranga, tomaba el camino de arboledas entrelazadas, ese que parecía el túnel que  cruzó con su hija hacía treinta y ocho años, buscaba la casa baja, blanca, de puertas y ventanitas laterales de madera pintadas de marrón…pero no estaba. Se enojó con el otro hijo de Inés, cuando descargaron la arena para la construcción de la casa vecina, porque él, no iba a pagar lo que no necesitaba.

 

Ahora estaba otra vez en el camino-túnel.

 

En el preciso instante, en que la luna aparece en el horizonte, y tiene la misma longitud celeste con el sol…los caminos se encuentran. Lo sabía, porque lo había estudiado en Ciencias con la señorita Elena. Sacó la esfera del bolsillo nuevamente.

Todos los mapas contienen un sistema de coordenadas que facilitan la localización de puntos geográficos, y esta esfera, era como un mapa. Giró la araña adecuadamente y obtuvo en la lámina, las coordenadas del Lucero. Colgó de su dedo índice el instrumento y a través de dos pínulas, lo vio. Se bajó de la bicicleta, para evitar movimientos en el momento de tomar los datos.

 

Ahora había que calcular los meridianos y paralelos de acuerdo con el sistema babilónico de medición del tiempo y de los grados en donde un día es igual a veinticuatro horas y una revolución a trescientos sesenta grados. Una vez obtenidas estas dos cifras, encontraría el lugar: la casa de su mamá. Los meridianos van de polo a polo, recordaba en imagen casi fotográfica esa página del manual,  "meridiano: línea del mediodía". Había que medir hacia el este y el oeste.

 

"Los paralelos son círculos más pequeños que el Ecuador". El ángulo entre el Ecuador y el paralelo da la latitud. Él necesitaba ser exacto. Así que dividió el grado en sesenta minutos y el minuto en sesenta segundos. Lo inquietaba una laguna en la memoria ¿se podía calcular todo desde el Lucero…o debía ser la estrella Polar? Alfredo hizo un esfuerzo por visualizar aquella hoja de su libro de quinto grado… pero no recordó ese dato. El rocío de la noche, le humedeció la ropa y comenzó a sentir frío. Se acomodó debajo de uno de los árboles, apoyándose en su tronco y puso a resguardo también su bicicleta. Se adormecía de a ratos.

 

Se inauguraban esa noche, las instalaciones del Real, un club de la ciudad ubicado hacia el oeste, cerca de autopista. Muchos efectivos de la policía local, estaban asignados al control de la seguridad de ese evento. Cuando Inés fue a hacer la denuncia por la desaparición de su padre la atendió el único que quedaba en la seccional. Hasta más tarde no podría comenzar la búsqueda.

 

Inés volvió a su casa. Se recostó en la hamaca debajo de la parra y recordaba el diálogo que el día anterior había escuchado entre su padre y sus hijos. Estaban sentados en el zaguancito, pasaba caminando Carmela, la vecina.

 

-         Mirá qué culo, el de Carmela!

-         Eh, nono…¡qué boquita!

-         No, escuchame, así redondo, duro, poderoso… no cualquiera.

-         Jaja… mirá, mirá nomás que es gratis!.

-         No te creas: mirá nomás… eso fue mío. Más de una vez…

-         No me digas!...contá, contá

-         Suave como una piel de durazno. Una fruta, nene. Si hasta siento las cosquillas como en aquellos momentos.

-         Pfffff… mirálo al viejo! De calladito!

 

Inés, mientras escuchaba, recordaba aquél día en que bailando delante del televisor, había recibido un bofetón por provocadora. Una chica decente, no se mueve de ese modo. En su juventud, e inclusive hasta ahora, Inés disfrutaba bailando. No era discreta en sus movimientos. Más bien, espontánea. Se olvidaba del entorno. Se perdía con la música… no veía ni siquiera a su compañero. Bailaba con placer, desde pop, rock, hasta cumbias o pasodobles. No la había inhibido aquella actitud medio tiránica.

 

Cuando conoció a  Raúl…se vestía en casa de Teresa. Botas blancas hasta las rodillas, jardinero minishort, blusa de gasa transparente con motivos coloridos de pop art. Aros enormes, argollas plateadas, cadenas y pulseras que seducían con sus ruiditos metálicos cuando se movía al bailar. Desde allí salían hacia Vieja Posta, hasta las seis de la mañana. Luego, nuevamente a la casa de Teresa, descambiarse y vestirse para su padre.

Ya había estado con Raúl. Escuchar ahora, las confesiones de Alfredo, la llenaban de estupor.

 

Amaneció.

Augusto con sus hermanos, consiguieron dos vehículos para rastrear los caminos aledaños. Continuaba la búsqueda en su segundo día. Decidieron pedir ayuda en la sede del Comando: no podían actuar hasta recibir la orden policial. Algunas personas desconocidas, aportaban informaciones sobre ancianos en bicicleta en el lado sur de la ciudad, o camino al puerto. También en la banquina de autopista. Se movilizaban hasta estos lugares, pero…no era Alfredo. Pidieron ayuda a la Prefectura…ya se iban a ocupar. Pasarían los datos a San Nicolás y Rosario. Es todo lo que podían hacer.

 

Enrique, compañero de trabajo de Alfredo, avisó que el domingo al mediodía, lo había saludado mientras esperaba la luz verde de un semáforo cercano a su casa. Le extrañó su mirada "perdida y desenfocada", dijo, pero continuó su camino y no dio importancia. Otro que aportaba datos diariamente era "el cartonero de Las Ranas"…tocaba timbre, cuando Inés o Luciano, su hijo adolescente, salían a la vereda, él estaba con las piernas entreabiertas, manitos en los bolsillos delanteros del jean… y decía:

 

-         Hoy no hubo novedad. Recorrí el barrio de punta a punta… y por hoy nada.

 

Entonces, hacía un pequeño gesto con su mano derecha todavía dentro del bolsillo, y la ahuecaba esperando la propina por la información. Luciano le ponía unos pesos cada vez.  Cuando los pajaritos comenzaron a gorjear en el campo, Alfredo se despertó. Tenía la lengua pastosa…había dormido casi toda la noche. Tenía la certeza de la dirección. Siempre hacia el este. Por donde sale el sol. Estiró sus piernas, tomó su bicicleta, y sacó del bolsillo el instrumento.

 

Había un signo, con dos circulitos ubicados uno sobre el otro. Era un número, lo sabía. ¿Pero cuál? Y ¿cuánto era?. Este contratiempo, pensó, me va a dificultar el cálculo. Recitó en voz alta: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve…. Y siguió hasta el ciento noventa y nueve. Ese signo con dos circulitos no aparecía. Se subió a la bicicleta y retomó la pedaleada del día anterior. El camino era ese. No importaba demasiado la cantidad. Una campesina, salió al encuentro abriendo la tranquera.

 

-         ¿Sabe por dónde está la casa de Catalina?

-         No conozco a ninguna Catalina. Por aquí no vive nadie con ese nombre.

 

      Vieja de mierda, pensó Alfredo. Ni siquiera sabe adónde está parada.

Y siguió andando. Se alejó con la sospecha de que quizás, la vieja, le quería robar la bicicleta. O el objeto que llevaba en el bolsillo. O esos papelitos con dibujos que llevaba escondidos en la ropa interior. Sabía que la gente hace cualquier cosa para tener algunos de esos. No se los iban a sacar tan fácil, pensó. Primero me tienen que desnudar.

 

 

 

                                                    *   *   *

 

 

 

-         ¿ Y cómo encuentran a las personas perdidas?

 

La mujer policía, que había acompañado a Inés y a sus hijos hasta la Comisaría local… sugirió que se cruzaran al bar hasta que se hiciera de día.

A las seis, llegó el intendente. El bar La Corte, estaba lleno de funcionarios que desayunaban antes de clickear las tarjetas de entrada al trabajo.

 

-         ¿ No será un caso de secuestro express?

 

A Inés le sonó a broma pesada. Lo miró fijamente:

-         No creo que los secuestradores sean tan boludos. No hay posibilidad de    pagar recompensa…. ¿por qué no le ordena a la gente de Defensa Civil que nos sugiera los pasos a seguir en la búsqueda?...

-         Eso lo he hablado. Deben organizarse, pensarlo…vio?

-         O sea… gracias.

 

No se podía hacer nada.

Juan, el intendente, había sido compañero de trabajo de Alfredo y Enrique

en la época en que los tres, tomaban el ómnibus en la garita de la Plaza 9 de Julio y hasta a veces, un cafecito en el bar de la sede del club Unión, para ir a Metcon. Eran obreros metalúrgicos de la sección de fundición. Ellos veían como ventajoso el hecho de trabajar con calorías, porque los beneficiaba una jubilación temprana. Se habían hecho amigos, conversaban sobre las muñecas y pelotas,  las sidras que tiraban desde el tren en la Estación Arroyo Seco, a tres cuadras del bar en el que ahora estaban sentados Juan, Inés, sus hijos y la mujer policía.

 

Juan guardaba en su ropero, esa versión de "La Razón de mi vida", en donde la foto de la Señora era impecable. Su primer amor. De eso solían discutir con Alfredo,  sobre la ausencia de mujeres líderes después de ella y que ésta nueva compañera del general…no le llegaba ni a los talones. Ahora, Juan era intendente por tercer período, representando a ese mismo partido. Se había jubilado a los cuarenta y cinco, en fábrica, y desde entonces, nunca salió del Palacio de las Palmeras. Se parecía en eso, al general…

 

La vida política, lo había cambiado un poco. Había aprendido a hablar con las eses, a usar la palabra "nocivo" de modo correcto, y que a las monjas no se les dice "señora"… y no se las besa… Ahora trataba de calmar a Inés… sin demasiados argumentos.

 

-         Tengo las manos atadas…

 

Le había confesado.

 

-         Hasta que no lleguemos a las cuarenta y ocho horas… no podemos hacer nada.

 

Las cuarenta y ocho horas, habían pasado hacía un día…pero Juan, no acertaba estrategias de búsqueda.

 

-         A veces pasan por algún puesto policíaco, se les pide documentos y…los encuentran.

-         No llevaba los documentos encima.

-         O denuncian a un desconocido que ronda determinado lugar…

-         Si. Comprendo- dijo Inés- El problema en él, es la memoria…

 

Mientras conversaban, Pato, el bombero voluntario de la cuadra, se aproximó a la mesa y  sugirió:

 

-         Si nos hacen copias con la fotografía de Alfredo, podemos distribuir en cada rincón de la zona su imagen… denunciándolo como desaparecido.

-         Ya organizo la impresión. Voy de Marcos y le pido copias, ¿cuántas? -dijo Augusto-

-         Mil copias, pibe. Hacete mil, que nosotros nos encargamos.

-         Y hago otras quinientas para repartir nosotros…

-         Buena idea – acotó Juan- busquen una foto en la que esté bien… cosa que la gente se comprometa.

-         Últimamente, siempre estaba mal… si vamos al caso. Hay que encontrarlo antes que padezca la falta de medicamentos.

-         Ustedes piensen, que salir a buscarlo, significa mover patrulleros, destinar efectivos, un gasto que desde la municipalidad no podemos afrontar. Y la policía… bueh… la policía no tiene un centavo.., y menos combustible.

 

Inés se quedó pensando, si no le estaban pidiendo eso que a veces se nombra como "colaboración voluntaria"… como el cartonero de Las Ranas. Pero su cabeza estaba ya rumbo a su casa, a la mesa de luz de María, pensando cuál de las fotos era la más adecuada. Canal Tres y Canal Cinco de Rosario, rechazaron el pedido telefónico de pasar la foto por la tele… era requisito imprescindible la orden desde la comisaría. Y la orden… no llegaba.

 

La gente del pueblo, que tenía caballos…comenzó a organizar para el día siguiente, un rastrillaje…desde Arroyo Seco…hasta Fighiera. Tomarían el camino que va hasta el río y partirían hacia el sur… Se agregarían, después se supo, los amigos de Augusto y sus hermanos en bicicletas, y hombres de a pie.  Las ruedas se frenaban entre los surcos de soja. Alfredo se había salido del camino. Tenía los pies hinchados, y le latía la sien…el sol de mediodía golpeaba duro a través de las ropas sucias. No llevaba su gorra con visera. Nunca la usaba cuando no salía de caza. Tampoco llevaba el arma, ni la cantimplora con agua fresca, ni los bocaditos de manzanas que le hacía María, cada vez que encaraba la aventura.

 

Así que, pensó Alfredo, suerte que ya estoy cerca de la casa de mi vieja.

Y comenzó a ver, muy lejos, la arboleda de plátanos que la rodeaban. Apresuró la pedaleada y las chicharras lo distrajeron un rato. Entre los surcos zigzagueaban, de vez en cuando, culebras marrones y verdes y algún perro ladraba distante. Se bajó de la bicicleta la apoyó cuidadosamente debajo del paraíso y se sentó en el canal de Savoca, que lleva hasta el río, la sobrecarga de agua de los campos.

 

Se pasó la tarde, estudiando las mudas de las chicharras, color cobre algunas, y doradas otras…con las patas aún en forma de garra, pero vacías...con los vientres ranurados, las alas como nervaduras de las hojas que estaban al lado de su pié izquierdo. Esas hojas, tenían unos pelos. Alfredo las acarició y un líquido irritante lo llenó de granos. No las volvió a tocar.  Al costado de las hojas, unos bichos chiquitos y negros, venían en fila, se subían por su pié y parecía gustarles la oscuridad que seguramente habría dentro de sus pantalones.

 

El agua del canal, corría con fuerza. Arrastraba hojas, animales muertos, bolsas de nylon cerradas y llenas de algo. Era turbia,  marrón y apestaba. El olor, al principio, le molestó… después se le antojaba parecido al aroma de la cocina de su madre en las épocas de carneadas. Se cocinaban los cueritos de cerdo para hacer el queso, la sangre para las morcillas, y la grasa reducida a chicharrón.

 

En todo eso pensaba, cuando el cielo se oscureció por la invasión de millares de aves pequeñitas y negras, que se reunían en las barrancas, más adelante… y se tiraban en picada libre hacia abajo. Hacían un gran bullicio con el aleteo… las miraba pasar…parecían haber encontrado el lugar exacto para descansar… ahora que el cielo empezaba a mostrar las primeras estrellas… otra vez. Todas iban en la misma dirección, que él ya había descubierto como la indicada. Si eran golondrinas…estarían reuniéndose en la arboleda del campo de su madre.

 

Se acurrucó usando el declive del terreno como almohada. Esa noche soñó que finalmente llegaba. Que comía chicharrones con pan y tomaba su tazón de leche recién ordeñada. Tomaba hasta hartarse. Hasta que la panza le dolía. Se tenía que aflojar el cinturón. Su mamá le acariciaba la cabeza, y le aconsejaba un corte de pelo. Las alpargatas nuevas junto al catre con su cuaderno… el sulky con el "Malacara" y el apero listo. Era un nuevo día… hoy la señorita Elena, les iba a contar más sobre el astrolabio y los navegantes de Colón.

 

Los jinetes ya habían pasado cuatro veces siguiendo la línea prolija de los surcos de zapallos. Estaban en la quinta de Susana. Le estropeaban los plantines de hierbas aromáticas y las plantaciones de portulacas que preparaba para vender en la temporada.

Mientras unos iban, otros venían, se enfrentaban esquivándose, y el cruce hacía más efectiva la búsqueda. No quedaba terrón de tierra sin ser explorado.  A la casa de Inés, llegó un oficial del Comando Radioeléctrico, diciéndole que sus efectivos estaban a total disposición. Inés debió firmar la conformidad en un papel en donde quedaba claramente expresa la hora y el día. La amiga de Gabriela, la hija mayor de Inés, partió en bicicleta hacia el cementerio. No vaya a ser, pensó…

 

El camino que lleva al San Roque, es también muy arbolado. Tiene tipas y olmos que, se entrelazan. Las golondrinas, lo eligen para reunirse, todos los veranos, antes de partir hacia Capistrano. Hay, a su izquierda, un canal profundo, con pastos verdes tiernos… y la sombra es tupida… un techo. Protege del sol, del viento, del brillo de la luna, de los murciélagos. El declive es pronunciado, se diría que es una cama mullida.

 

Allí lo encontró la chica. Recostado y frío. En el dedo índice tenía el reloj de bolsillo que le había regalado su padre cuando cumplió veintiuno. Estaba detenido en las "ocho". Su bici acomodada, recostada, como él, debajo de un paraíso…el único que se mezclaba con los otros árboles. Sólo

un paraíso entre las filas de tipas y olmos.

 

-         Gabriela! Aquí hay alguien!

 

Se acercaron los buscadores,  los que venían de a pie, a caballo, en bicicletas. También los hermanos de Gabriela.  Le avisaron a Inés, con una llamada a su celular. Llegaron los reporteros con sus cámaras, filmaron sin censura, lo que después se vio en canal seis.  Las ropas estaban desgarradas, sucias de barro, los anteojos a unos cuantos metros entre los surcos.

 

Desde allí se leía el bajorrelieve de la pared frontal del cementerio San Roque:

                  "Requiem in pace".

 

 

 

 

 

 

                                                              Martha  Corsalini

 

 

Este cuento fue elegido 3º en el concurso de cuentos de 1º año 2008, en marzo del año pasado.   Les recomiendo que lo impriman y lo lean con mucha atención, es un cuento modelo en cuanto al género (estilo, técnica, recursos),  pero lo más notable que tiene, es su lirismo, delicado y profundo, un gran principio de incertidumbre, donde todo el tiempo parece que vamos al cliché sensiblero, y sin embargo, todo el tiempo lo elude.  Te lleva hasta allí, a las puertas, y te saca, y encima te va corriendo cada vez más allá de lo obvio. Y como sucede en el gran cuento clásico, el final es sorpresa pero temido, presentido, anticipado levemente.  Y todo impregnado de una marca muy nuestra del taller:  el suave desaliento.  CHAPÓ  MARTHA

 


PEDRO LEMEBEL

Publicado en De Otros. el 8 de Febrero, 2010, 14:47 por MScalona



LOS DINOSAURIOS SON ETERNOS

(Frívolas, cadavéricas y ambulantes)

 

 

 

En el gueto homosexual siempre se sabe quién es VIH positivo, los rumores corren rápido, las carteras que se abren de improvisto, los papeles y remedios tirados por el suelo. Y no falta la intrusa que ayuda a recoger preguntando; ¿Y este certificado médico? ¿Y tanto remedio y pastillas? ¿Y estas jeringas niña? No me digas que eres adicta.

En estos lugares, donde anida fugaz la juerga coliza: organizaciones para la prevención, movimientos políticos reivindicativos, eventos culturales, desfiles de modas, peluquerías y discothéques, nunca falta la indirecta, la talla, el conchazo que vocea alaraco la palidez repentina de la amiga que viene entrando. ¡Te queda regio el sarcoma linda! Así, los enfermos se confunden con los sanos y el estigma sidático pasa por una cotidianidad de club, por una familiaridad compinche que frivoliza el drama. Y esta forma de enfrentar la epidemia pareciera ser el mejor antídoto para la depresión y la soledad, que en última instancia es lo que termina por destruir al infectado.

En uno de esos lugares, al calor delirante de la farra marucha, es fácil encontrar una loca positiva que acceda a contestar algunas preguntas sobre el tema, sin la mascarada cristiana algunas preguntas sobre el tema, sin la mascarada cristiana de la entrevista televisiva, sin ese tono masculino que adoptan los enfermos frente a las cámaras, para no ser segregados doblemente. Más bien jugando un poco con el aura star de la epidemia, así, revertir el testimonio, el indigno interrogatorio  que siempre coloca en el banquillo de los acusados al homosexual portador.

-¿Por qué portador?

-Tiene que ver con puerta.

-¿Cómo es eso?

-La mía es una reja, pero no de cárcel ni de encierro. Es una reja de jardín llena de florcitas  y pájaros.

-¿Barroca?

-No sé lo que es eso, puede ser, una verja llena de cardenales.

-¿Y adonde conduce?

-Al jardín del amor.

-¿Se abre?

-Siempre está abierta de par en par.

-¿Y qué hay en el jardín?

-Un asiento también de fierro, igual que la reja llena de…

-Pájaros y florcitas.

-Y también corazones.

-¿Partidos?

-Bueno un poquito, alguna trizadura por aquí, otra por acá, pero sin flechas. Eso del angelito cupido es cuento hétero, en vez de flechas, jeringas.

-¡Uy que heavy!

-¿Qué tanto? Si los pinchazos ahora me excitan.

-Bueno, estábamos en el amor. El jardín portador del amor. ¿No crees que te corres del tema?

-Siempre, nunca tienen que saber lo que estás pensando.

-¿En qué estás pensando?

-Yo no pienso, soy una muñeca parlante. Como esas Barbys que dicen I love you.

-¿Hablas ingles?

-El sida habla inglés.

-¿Cómo es eso?

-Tú dices Darling, I mist die, y no lo sientes, no sientes lo que dices, no te duele, repites  la propaganda gringa. A ellos les duele.

-¿Y a ti?

-Casi nada, hay muchas cosas por las que vivir. El mismo sida es una razón para vivir. Yo tengo sida y eso es una razón para amar la vida. La gente sana no tiene por qué amar la vida, y cada minuto se les escapa como una cañería rota.

-¿Es un privilegio?

-Completamente, me hace especial, seductoramente especial. Además tengo todas las garantías.

-¿Cómo así?

-Mira, como potador, tengo médico, psicólogo, dentista, gratis. Estudio gratis. A quien le cuento el drama se compadece y me dice al tiro que sí a lo que pido.

-Menos al amor.

-Bueno, a la gente le gusta que tú te mueras, se sienten más vivos, más seguros. Pero los portadores estamos más allá del amor. Sabemos más de la vida, pero por descuentos. Este mismo minuto, yo soy más feliz porque no habrá otro.

-Nunca hay otro para nadie.

-Pero no es lo mismo; tú veras nevar alguna vez si vas a Farellones o a otra parte donde van los ricos. Pero yo nunca porque puede que ya no esté. Y esa nieve se derrite siempre antes que yo llegue. Es un sueño que siempre tengo. Pongo la mano para recibir un copo y me cae agua.

¿Te fijas? Algo siempre está pariendo.

-¿Cómo una carrera contra el tiempo?

-Se me evapora el alma antes de llegar.

-¿Cómo la canción?

-Claro, pero sin música. Los deseos, las ganas. Ahí estamos tratando de agarrarlos.

-¿Y ser viejo?

-Bueno, ahí tienes otra garantía. Nunca seré vieja, como las estrellas. Me recordarán siempre joven.

-¿Y su encuentran el remedio?

-me muero igual, porque de aquí a que llegue a Latinoamérica, y a qué precio. ¿Te imaginas lo que va a constar? Como siempre, se salvan las ricas primero.

-Como el AZT.

-Sí, pero para mí, el AZT es como la silicona, te alarga y te agranda, te engorda, te pone unos tiempos más de duración. Hay travestís que se lo inyectan ellos solos.

-¿El AZT?

-No, la silicona. En la Sota de Talca, un travesti me dijo que estaba esperando la bencina para el avión. Y yo pensé que era el AZT. No niña, me dijo, es para las pechugas. ¿Y como lo haces? En una clínica supongo. Nada que ver, no tengo plata para eso. Me compro dos botellas de pisco, me tomo una, cuando estoy raja de cura con un gillete me corto aquí. Mira, abajo del pezón. Ahí no hay muchas venas y no sangra tanto. ¿Y? Cachay que las siliconas como jalea. Como estas lágrimas de mar que hay en la playa. Bueno, te la metes por el tajo y después con una aguja con hilo te hacís la costura. ¿Y la otra botella de pisco? Te la echai en la herida y se tomai el resto. Quedai muerta de cocida, después el peso de la silicona cae y te tapa la cicatriz, no se nota. ¿Vei?

-Eso era en Talca. ¿Hay mucho sida por allá?

-Igual que en todas partes. Ahí supe que los travestis le dicen la sombra.

-¿Cómo?

-Se pegó la sombra dicen. Es bonito fíjate. Es como la sombra de los ojos. ¿Te fijas que todos los que tenemos sida, tenemos un a mirada matadora?

-Sin regreso…

-¿Te fijas que algo se va cuando dejas de mirarme? Algo se rompe. Mírame.

-Te estoy mirando.

-No, no me estás mirando a mí, estás mirando mi muerte. La muerte tomó vacaciones en mis ojos.

-¿Por qué tanta poesía? ¿Te ablanda el drama? ¿Es más soportable?  

-Mira, yo no hablo de poesía, más bien de poseída.

-¿Y escribes?

-A veces, en esos días abochornados cuando está a punto de llover. Me gustaría que estuviera lloviendo cuando… Cuando  me llegue  la hora pues, las flores duran más tiempo con el agua.

 

 

 

 

 

Frag. del libro ESE LOCO AFÁN

martes próximo, OCULTOS

Publicado en Sugerencias. el 7 de Febrero, 2010, 22:21 por MScalona

El amor es como aprender a coser

Publicado en General el 6 de Febrero, 2010, 12:42 por negrointenso

Quiero practicar

con precisión

el gesto perfecto de la ternura

un beso

la caricia y

el abrazo

sin que se vea el dobladillo de las intenciones

el borde de las metáforas

practicar y que surja

pero sobre todo

que parezca espontáneo

nunca  prolijo.

Dos más de Martha...

Publicado en homenaje el 5 de Febrero, 2010, 12:31 por MScalona
Corsalini- Marta by you.
Martha Corsalini       
----- Original Message -----
Sent: Saturday, February 06, 2010 11:28 AM
Subject: Re: SCALONA- murió Martha Corsalini

A Martha le decían siempre: "sos fuerte"... y ella se burlaba conmigo, cagada de risa, irónica me decía "¿ y quién quiere ser fuerte?".... Sin embargo, como en su cuento, con la boca cerrada hasta el final, sin melodrama, sin dar pie... lo último que dijo antes de ayer, fue ¿viste qué rápido se termina lo lindo y cuánto dura lo feo? Anoche íbamos a mirar juntas por enésima vez Billy Elliot... El salto final del ballet, el que dá el cisne...lo dio ella.
Amigaza, qué vacío...
                                               Sandra


Hablando esta mañana por Mail con CARLOS SANTINI, sobre Martha, yo le decía que cuando muere gente querida siempre, casi instintivamente me acuerdo de un verso simple pero muy profundo de Vicente Aleixandre (Premio Nóbel español, 1982) que dice:  "La vida es un dolor" .  Y obvio que no lo digo para bajón, menos por lugar común la muerte ni sensiblería fúnebre, sino casi traduciendo lo que decía la propia Martha:  ¿Viste que rápido termina lo lindo y cuánto dura lo feo...?     Pero también quiero rescatar algo misterioso. Yo siempre supe que Martha tenía una enfermedad terminal y avanzada, y vino así un año completo al taller... es más, viajó todo un año hasta Rosario, todas las semanas ida y vuelta y escribió LA BÚSQUEDA  (las 10 páginas del concurso) más enferma aún.  Y en todo ese tiempo se la veía serena y firme en sus cosas... yo siempre estuve muy conmovido porque viniera así, porque para ella fuera tan importante cumplir con este deseo y misión... Y me da un poquito de orgullo dentro de la pena...   Marce

----- Original Message -----
Sent: Saturday, February 06, 2010 11:28 AM
Subject: Re: SCALONA- murió Martha Corsalini

A Martha le decían siempre: "sos fuerte"... y ella se burlaba conmigo, cagada de risa, irónica me decía "¿ y quién quiere ser fuerte?".... Sin embargo, como en su cuento, con la boca cerrada hasta el final, sin melodrama, sin dar pie... lo último que dijo antes de ayer, fue ¿viste qué rápido se termina lo lindo y cuánto dura lo feo? Anoche íbamos a mirar juntas por enésima vez Billy Elliot... El salto final del ballet, el que dá el cisne...lo dio ella.
Amigaza, qué vacío...
                                               Sandra


Hablando esta mañana por Mail con CARLOS SANTINI, sobre Martha, yo le decía que cuando muere gente querida siempre, casi instintivamente me acuerdo de un verso simple pero muy profundo de Vicente Aleixandre (Premio Nóbel español, 1982) que dice:  "La vida es un dolor" .  Y obvio que no lo digo para bajón, menos por lugar común la muerte ni sensiblería fúnebre, sino casi traduciendo lo que decía la propia Martha:  ¿Viste que rápido termina lo lindo y cuánto dura lo feo...?     Pero también quiero rescatar algo misterioso. Yo siempre supe que Martha tenía una enfermedad terminal y avanzada, y vino así un año completo al taller... es más, viajó todo un año hasta Rosario, todas las semanas ida y vuelta y escribió LA BÚSQUEDA  (las 10 páginas del concurso) más enferma aún.  Y en todo ese tiempo se la veía serena y firme en sus cosas... yo siempre estuve muy conmovido porque viniera así, porque para ella fuera tan importante cumplir con este deseo y misión... Y me da un poquito de orgullo dentro de la pena...   Marce

INSCRIPCIÓN 2010

Publicado en General el 4 de Febrero, 2010, 23:09 por MScalona

los  primeros  T R E C E  

INSCRIPTOS   2010

CLAUDIA   MALKOVIC

SILVINA   POTENZA

MARCELA   GONZÁLEZ GARCÍA

HUMBERTO  CAPRICCIONI

ADRI      JAWORSKI

GRACIELA  CEVALLO

PAOLA     PAZCEL

VIVIANA   FLORES

NATALIA   MASSEI

EDUARDO   OROÑO

LUISA     MARQUÍNEZ

MIRÉN     MADARIAGA

AGUSTÍN   ROIG 




 

Como ven, chicas-os, este año la inscripción empezó temprano y veloz. Como siempre prefiero laburar con el bocaAboca, les recomiendo que si tienen conocidos, contactos, amigos, interesados en el taller, les avisen para inscribirse, porque las vacantes son 24 y ya inscribimos 9 en 5 días, y aún no salió en diarios ni mailing o afiches…

 

toda la data está en el LINK TALLER LITERARIO de mi página web:

 

www.scalonamarcelo.com.ar

 

o me consultan por mail a

 

info@scalonamarcelo.com.ar

marceloscalona@express.com.ar

 

o        teléfono  0341-440.7046

lunes a viernes   9 a 12 – 16 a 20 hs.

 

Los talleres iniciales serán jueves de 20 a 22,15

y viernes  de 18,30 a 20,45 hs.

El costo mensual es de $  150,00.-     Marce

Murió MARTHA CORSALINI

Publicado en homenaje el 4 de Febrero, 2010, 20:15 por MScalona


EL PELIGRO DE LAS PALABRAS

 

 

                                                


 

     Debía ir a su casa para despertar a su hijo por lo urgente del trámite. Lo llamó varias veces con el celular pero no contestaba, sólo se oía la voz impersonal avisándole que el abonado no estaba disponible.

Salió del trabajo con el tácito permiso de su superior inmediato. Para hacer más rápido y por la generosidad de una de sus compañeras, se montó en la bicicleta y se alejó por el camino más corto. Quería regresar pronto.

     Entre pedaleo y pedaleo se sentía feliz de recibir el aire fresco en su rostro y de que echara hacia atrás su cabello sin importarle que enmarañara los rulos apretados y descoloridos.

       A pesar del tiempo desde que no usaba una bicicleta se alegró de poder hacerlo con seguridad y soltura. Llegó a su casa, encontró a su hija ya levantada y con el celular apagado. Le repitió las recomendaciones necesarias para que el papeleo se realizara en forma correcta. Temía que el Dr. Terraza, un abogado joven de la ciudad, pudiera encontrar algún detalle que los comprometiera legalmente. Este afamado doctorcito, el terror de la ciudad, se encargaba de resolver casos raros, que llevaba a juicios y que, con métodos poco ortodoxos, le dejaban grandes ganancias mientras que a sus clientes los arreglaba con pequeñas tajadas.

Después de recordarle otra vez las precauciones, se puso en marcha para regresar al trabajo. En la esquina dudó un instante entre seguir o no de contramano. Al fin se decidió por hacerlo, aunque no por la calle principal donde el tráfico era de alta velocidad.

Iba despacio y casi pegada al cordón. El chirriar de la cadena junto al golpeteo del guardabarros flojo producían un ritmo semejante al de una canción infantil que recordó y comenzó a tararear despreocupada.

Al llegar a la mitad de cuadra vio un camión estacionado al que el dueño le estaba colocando la lona para tapar la carga, como hacen siempre cuando se preparan para salir de viaje. La estiraba con una caña india en cuyo extremo superior le habían hecho un corte en forma de gancho como una V corta, y al inferior lo habían  transformado prácticamente en una punta de lanza.

Sin abrirse demasiado, solo lo suficiente para esquivar al camionero -que de espaldas seguía con su trabajo-, vio como la caña le quedaba enganchada en el borde de la lona y dando un tirón seco hacia abajo trató de zafarla.

En ese preciso instante  ella pasaba junto a él. La caña, que se le antojaba como un gran palo, golpeó su muslo derecho, resbaló y siguió hacia la otra pierna donde detuvo su curso al chocar con el fémur a la altura de la arteria femoral. El dolor tan intenso sumado a la sorpresa del golpe hizo que mientras se quejaba con voz apenas audible por la falta de aire, transpirara copiosamente.

La fuerza con que el camionero desprendió la lona, la envió sin control hacia el otro cordón frenando así la marcha. Se bajó de la bicicleta en cámara lenta. Sentía que ese dolor agudo comenzaba a extenderse por todo el cuerpo, por cada uno de sus órganos, estrujándole el estómago hasta las náuseas, subiéndole por las sienes y la nuca hasta sentir que se desmayaba.

Comenzó a inspirar por la nariz y largar el aire por la boca. Evitó así vomitar y superar el mareo. El camionero se le acercó sorprendido y la miraba abriendo sus ojos azules escondidos tras una abultada nariz ganchuda que le daba aspecto de pajarraco.

-         ¿Qué le hice? ¿Qué le paso?

-         Nada…  nada, estoy bien –mintió.

-         ¡Cómo no la vi! ¿Dónde le pegué?

-         Aquí, aquí. – dijo señalando la zona inguinal donde la pollera rasgada daba muestras de lo ocurrido.

-         ¡Qué desastre! A ver…

-         No se desespere- dijo con voz desfalleciente- La culpa es mía, yo iba en contramano.

       Trataba así de tranquilizarlo pues parecía un accidente preparado como esos de los que se ocupaba el Dr. Terraza.

-         ¡No, no! Yo debía haber mirado. Pero ¿dónde le di?

-        

Su timidez le impedía levantarse la pollera para mostrarle.

         Al darse cuenta, el camionero fue en busca de su esposa.

Aprovechó ese momento para subirse otra vez a la bicicleta, pero al levantar la pierna venciendo al dolor, sintió que algo cálido y pegajoso le corría por el muslo. Dedujo que era sangre. Debía tener un tajo, pero ¿de qué tamaño? Aún no había podido fijarse. Decidió volver a su casa en el momento en que la mujer llegaba a la carrera tomándose la cabeza con ambas manos.

-         ¿Qué pasó? ¿Se siente bien? ¿Quiere que llame a una ambulancia?

-         No, no se haga problemas. Me voy a mi casa y yo llamo a la emergencia. Mi hijo trabaja allí.

            Y caminando con dificultad regresó con la bicicleta a la rastra. Entró, se levantó la pollera y vio como un surco de sangre rojo oscuro le llegaba hasta la rodilla partiendo de una herida de labios abultados que parecían sonreírle con malicia.

           Despertó a su hija. Su celular había quedado sobre el escritorio.

-         Por favor llamá a Leandro  que venga rápido. Un tipo, un reverendo hijo de mil putas, me dio con un palo y me parece que me tienen que coser.

-         Sí, ya lo llamo. Pero ¿por qué te pegó? ¿Cómo fue?

-         Si te cuento, si lo cuento, nadie me lo va a creer. ¡Sólo a mí me pasan estas cosas! Después te digo. Ahora dejame que me duele mucho; y avisá en el trabajo.

           A los 10 minutos llegó la ambulancia con un médico y dos enfermeros. Su hijo no estaba entre ellos, había tenido que hacer un traslado. Sentada junto a la mesa la auscultaron, le limpiaron la herida, la vendaron y le dijeron que debía ser suturada. Como vieron que casi no tenía color en las mejillas y apretaba los dientes soportando el dolor, le dieron un calmante oral.

-         Con esto no vas a sentir nada, es un calmante como para caballos pero tómalo tranquila. Ahora nos tenemos que ir a ver a otro paciente. Dentro de unos minutos volvemos y la llevamos a coser ¿de qué médico prefiere ir?

-         Del Dr. Alberto –murmuró mientras le empujaban con suavidad la cabeza entre las piernas para evitar que se desmayara.

Al ratito llegó su hijo mayor asustado.

-         ¿Qué te pasó? Estaba sentado en un bar después de terminar todo el papeleo, y cuando me vieron los enfermeros me dijeron a los gritos, que un tipo te dio con un palo. ¿Te tienen que coser?

            Detrás de él, y completando el cuadro familiar, entró apurado Leandro con los enfermeros que venían a buscarla.

-         ¡Vieja! ¿Quién te dio con un palo? ¿Cómo fue?

-         Fue realmente de película, si te lo digo no me vas a creer.

-         ¿A ver? ¡Uh, pero qué cagada! Vamos, vamos ya de Alberto.

En el trayecto le contó.

-         ¡Uh, parece que fuera un caso como los de Terraza!

En el barrio, en el bar, en el trabajo todos comentaban lo sucedido. Cada uno cambiaba el tono o le agregaba algo de su propia cosecha. Todo se iba haciendo cada vez más grande y más grave hasta que alguien nombró al Dr. Terraza y otros se encargaron de que llegara a oídos del camionero.

-         Si esta mujer habla, el cuervo te hace un buraco…

-         Pero si ella iba en contramano.

-         Sí, y vos no tenías que hacer eso en la calle. Rogá que no abra la boca, que si no…

              El camionero comenzó a desesperarse. Si la mujer hablaba, si se iba del abogado ese, perdería todo: su casa recién estrenada, el camión nuevo, todo comprado con sus únicos ahorros. ¡Qué desastre que podrían hacerle! Cuanto más lo pensaba, más se enloquecía buscando una solución para parar este embrollo.

              De la silla de ruedas la pasaron a la camilla. El Dr. Alberto comenzó a suturarla mientras la escuchaba atento aunque ya le habían comentado lo disparatado de este accidente. Es que ella necesitaba decirlo, ponerlo en palabras, escucharse a sí misma contarlo para poder creerlo. A ella también le parecía una mentira.

              Como el médico notó su gran nerviosismo, además de la anestesia local le dio un tranquilizante sublingual. Este relajante, más el que le habían hecho tomar los enfermeros, más todo por lo que pasó: sorpresa, susto, dolor, ansiedad (al saberse ahora protegida y segura), hizo que comenzara a aflojarse, a tener necesidad de dormir.

               Sus párpados parecían tener decisión propia y no dejaban de intentar cerrarse a pesar del esfuerzo que hacía para mantenerlos abiertos. No podía entender bien lo que Alberto le decía, y, cuando lograba descifrarlo, sólo podía articular algunos monosílabos para responderle. ¡Justo ella que no paraba nunca de hablar!

                Ya se dejaba atrapar por esa nebulosa que la envolvía cuando logró distinguir al doctor que salía de la habitación diciéndole que sólo le faltaba recetarle un refuerzo de la antitetánica, y que descansara un rato mientras volvían los de la emergencia.

               Así intentó hacerlo, cuando con los ojos entrecerrados pudo ver que por la otra puerta entraba un enfermero con un guardapolvo blanco medio ajustado, corto de mangas, que realmente le quedaba chico. Esbozó una sonrisa, se notaba que para él debía ser, por lo menos, un talle más grande. Seguro que no le pertenecía.

                 También notó que se le acercaba con una jeringa en la mano. Sus neuronas, aunque medio perezosas, lograron captar algo que la angustió. No entendía por qué. Trató otra vez de enfocar la mirada, ahora en la cara de ese hombre que se le arrimaba para inyectarla. Esa cara, eso ojos azules y fríos, esa nariz abultada, ¿cuándo y dónde los había visto? ¿por qué le producían este miedo sordo y profundo? No podía encontrar las respuestas aunque buscara, revolviera en su mente.

                    Trató de decirle que ya el doctor había terminado, pero no llegaron a materializarse las ideas en palabras, y, antes de hundirse desesperada en ese sueño intenso que había ganado la batalla, sintió como la punta fría de una aguja se apoyaba en su boca y pinchaba sus labios.

                         Primero el superior y luego de empujar con firmeza la barbilla hacia arriba para poder cerrarlo, le clavaba el inferior. Sintió como se deslizaba el hilo lacerando la carne y sin poder moverse, como se tensaba y anudaba con tirones rápidos. Y lo sintió en cada puntada que le daba, una, dos, tres veces más; mientras lágrimas de dolor, estupor y resignación corrían por sus mejillas junto con gruesas gotas de sudor hasta humedecer la camilla.

                          Y sintió también como sus suspiros finales se escapaban por los huecos que dejaron cada una de esas desparejas puntadas, en su fallido intento por abrir la boca por última vez.

 

 

 

                                                                        Martha I. Corsalini.

 

  

 

 


morocuLTos, lastuesday

Publicado en General el 4 de Febrero, 2010, 13:05 por MScalona
Deep Inside 004 by you.

Francisco  Kuba

http://algunosescritos.wordpress.com/


Treinta y uno a la noche. Fiesta. Veinticinco cuerpos saltan en un seis por cuatro, suena a decibeles inadmisibles un continium de minimal tecno. El año nuevo puja por salir y la gente se choca a un ritmo descarnadamente sexual. Nadie quiere saber nada con el año viejo. Yo, creo entender, en un ataque de supuesta lucidez, que vivimos de sembrarle promesas al futuro. Por suerte afuera la tormenta confunde las cosas, las desarma. No me gusta el sentido, a veces escucho lo que pienso y me doy asco. Ezequiel dice que se muere de a poquito, y se encoje mientras lo repite. Andrés dice que la pasemos lindo y se despide con una sonrisa, la misma que tiene pegada desde que ella acepto acompañarlo de vacaciones. Hasta ahí, me acuerdo. Después, me dijeron que seguí bailando, que traté mal a un tipo, pero que no pasó nada. Tengo flashes. Ella nunca vino. Me acuerdo de que alguien escribió en el vidrio: Yo quiero ser estrella como la chiqui.

del martes pasado en OCULTOS

Publicado en General el 4 de Febrero, 2010, 12:38 por MScalona
Deep Inside 002 by you.
Gabriel  Bortnik

Singularidades  -http://conngo.blogspot.com


                      


Las narraciones primeras explicitan el carácter único de cada evento en el Conngo. En estas tierras no hay siguiera uno para el dos, y mucho menos cada dos habrá tres.
Lo que sucede es único, sui generis. Jamás será el primero de una cadena de otros símiles con los cuales compararse luego. Cada pestañear es análogo a sí mismo.
De esto concluimos que el Conngo exagera cuando se juzga existente en tiempo y espacio. No podría sostenerse siendo algo aquello que nunca fue más que fugaz.
Algunos flashes eventuales, sin embargo, son recordados como más incógnitos que otros.
Citaremos algunos:
  • Un lunes amaneció domingo.
  • La boca que murió por un pez.
  • Aquel árbol que se mudó a los suburbios.
  • El Conngoccino con sabor a miel.
  • Los versos del poeta conngues que nublaron la vista
  • Descripción del Conngo que escupió en la cara.
  • La singularidad que se pretendió constante.

MONTERROSO

Publicado en De Otros. el 3 de Febrero, 2010, 13:11 por MScalona


 

      El  Eclipse

 

 

 

 

 

Cuando Fray Bartolomé Aráosla se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de Los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis-les dijo-puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente  y Bartolomé sorprendió la incredulidad  en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

 

 

 

Dos horas después el corazón de Fray Bartolomé Aráosla chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna reflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirán eclipses solares y lunares que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

 

 

 

 

                                                   AUGUSTO  MONTERROSO,

 

                                                      Guatemala, 1922-2003  


De Gelman a Tomás Eloy

Publicado en homenaje el 3 de Febrero, 2010, 10:26 por MScalona


Golpes

Por Juan Gelman

A Tomás Eloy Martínez
In memoriam


Un presagio se fija
en una rama sorda.
Hay que llorar para dormir.
La presencia de límites
hiere al corazón.
Miles de cosas adulteran
la garza escrita en la pared
de aquellos que se queman.
El dolor entra en exteriores
de sí mismo, su instante
perdió la luz y los nervios
pensantes se acuestan
en lo que ama como padre.
Son novedades extrañas,
no hay Dios por exceso de Dios.
En palabras sin habla
el amor se refugia, dialoga
con lo no visto ni tratado.
Son las costumbres de la infancia.
Un tironeo atrás atrasa
el primer signo del espanto.
Te veo en una mesa con manteles
que puso la noche y escalones
que suben al vino. Ahí se queda
el ánima purgada, las
preguntas que no se quieren ir,
sin piedad, sin horario. 

                                  


                

Tomas Eloy

Publicado en De Otros. el 1 de Febrero, 2010, 11:10 por fmaini

LITERATURA › EL AUTOR DE LA NOVELA DE PERON MURIO AYER A LOS 75 AñOS

La pasión según Tomás Eloy Martínez

El escritor y maestro de periodistas mezcló sus dos formas de narrar con resultados notables en La novela de Perón y Santa Evita. Trabajó en La Opinión y Primera Plana y fue el creador del primer suplemento literario de Página/12, Primer Plano.

 Por Silvina Frier
Los azares del periodismo lo acercaron con insistencia al tema de la muerte. Hacia mediados de los ’60 advirtió, en Hiroshima y Nagasaki, que “un hombre puede morir indefinidamente, y que la muerte es una sucesión, no un fin”, según señaló en el prólogo de uno de sus mejores libros, el anfibio Lugar común la muerte, publicado durante su exilio en Caracas, en 1978. El escritor y maestro de periodistas Tomás Eloy Martínez murió ayer a los 75 años, tras una larga pulseada contra el cáncer. De niño, cuando tenía menos de diez años, escribió su primer cuento para burlar el castigo de sus padres, que le habían prohibido leer. Poco a poco el joven encontró en la ficción una forma de rebelión extrema. Por la imperiosa necesidad de ganarse la vida empezó a foguearse en La Gaceta de Tucumán, la ciudad donde había nacido en 1934; pero pasó por muchas redacciones como el semanario Primera Plana, la revista Panorama; dirigió el suplemento cultural del diario La Opinión y creó el primer suplemento literario de Página/12, Primer Plano.

Su fama de joven impetuoso y obstinado se confirmó con una anécdota que le contó a este diario cuando hace dos años publicó Purgatorio (Alfaguara), en la que exploró por primera vez los años de la última dictadura militar. El narrador de su última novela confiesa en un momento que le hubiera gustado ser poeta. A Tomás, qué duda cabe, también. ¿Quién no empezó escribiendo poemas? A los 14 años, como era un chico “muy osado”, se presentó a un concurso de poesía en Tucumán. “Y les gané a poetas extraordinarios, a los que admiraba y admiro mucho ahora –recordaba en esa entrevista–. Por suerte me pararon en ese camino, alguien que quizá no se acuerda de esta historia. Terminé un libro de poesía y me presenté a un concurso cuando tenía 17 años. Conocía muy bien a María Elena Walsh y le conté que iba a presentar un libro al concurso. Ella me dijo: ‘Mirá que yo soy una jurado muy rigurosa’. ‘Mejor’, le dije. Presenté el libro y no gané, lo ganó otro poeta, cordobés. En esa época me parecía que mi libro era mejor que el libro del cordobés. Y le dije: ‘María Elena, ¡premiaste a un poeta que me parece menor!’”. Muchacho bravo, nunca dejó de admitir que Walsh fue la responsable de que “un mal poeta” abandonara a tiempo la poesía.

Martínez llevó hasta las últimas consecuencias su convicción de que la escritura periodística es un acto de libertad. Cuando era director de la revista Panorama, en 1972, recibió la orden de publicar sobre Trelew sólo la versión oficial de los hechos que desembocaron en el fusilamiento de dieciséis guerrilleros, en agosto de ese año. La falsedad de la versión oficial era tan evidente que supo que no podía cometer esta falta de respeto con el periodismo. “Si bien no desmentí la versión oficial, escribí que si en este acto se ha derramado sangre sin un juicio justo iba a correr sangre. Lamentablemente, ese vaticinio resultó después cierto”, contó el escritor, que fue despedido por única vez de un medio periodístico por “daño a la empresa”. El periodista viajó a Trelew para averiguar de primera mano qué había pasado realmente. “Me encontré la primera manifestación pública contra el régimen militar de ese momento. Unas 12 mil personas se levantaron contra la toma de prisioneros dentro del pueblo y formaron una especie de comuna.” La pasión según Trelew, publicado en 1974, fue quemado durante la dictadura en una plaza de Córdoba y prohibido durante mucho tiempo. En 1975, amenazado por la Triple A, debió exiliarse en Caracas, donde fundó El Diario. “Al condenarme al exilio tuve que trabajar como un alfarero, peor, como un carpintero, escribiendo libros que firmaban otros para poder sobrevivir y mandar algún dinero a los hijos que tenía aquí”, se quejaba el escritor al repasar su vida en Venezuela.

Su primera ficción, La novela de Perón (1985), arrancó como un trabajo de investigación periodística “muy acucioso”, que nació de la necesidad de “enmendarle la plana a Perón”, como confesó el año pasado, cuando se presentó la Biblioteca Tomás Eloy Martínez, la reedición de toda su obra que viene llevando a cabo la editorial Alfaguara. El escritor se dio cuenta de que Perón le estaba ocultando hechos importantes de su vida. “Estaba usándome para construir su monumento personal”, evocaba Martínez. “Me dije que tenía que explorar qué había detrás de todo esto que Perón contaba y dónde estaba lo cierto y lo que no era cierto.” Toda esa exploración está narrada y referida en Las vidas del general (2004). “Cuando empecé a escribir La novela de Perón, durante el exilio, tenía una discusión cotidiana con un matemático que vivía enfrente de casa, Manuel Sadosky. Yo le decía que mi desafío era revelar la verdad en la misma dirección con que Sarmiento escribió el Facundo. El Facundo que ahora conocemos es el de Sarmiento y no el Facundo real; yo quería que el Perón que conocieran las generaciones futuras fuera el de mi novela. ‘No querés poca cosa vos’, me decía Manuel. Perón devora todo porque tiene su propia ley de gravedad. Pero me bastaba con que mi novela lo desafiara”, subrayó el escritor, que dirigió durante muchos años el programa de Estudios Latinoamericanos de la Rutgers University, de Nueva Jersey, y fue uno de los referentes de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por su entrañable amigo Gabriel García Márquez.

Críticos y lectores suelen encasillar automáticamente a los escritores, sin importar que en el oficio de la escritura muchos, como Martínez, derramen la vida, los sueños, las energías. Aunque ya estaba con Santa Evita en la cabeza, antes de que se publicara (1995), prefirió avanzar sobre su novela tucumana La mano del amo (1991), para evitar que lo consideraran “un peronólogo, o peor que eso, un peronista, con todo respeto por el peronismo”, ironizaba el escritor, que en 2002 recibió el premio Alfaguara por su novela El vuelo de la reina. A este reconocimiento literario se agregaron el premio Ortega y Gasset de periodismo en 2009 que otorga el diario El País, donde fue columnista, y su incorporación en junio pasado a la Academia Nacional de Periodismo.

Martínez conservaba quizá un resabio de amargura por “cierta falta de reconocimiento como escritor”, como si con cada novela tuviera que rendir una “prueba de calidad” por “cometer el pecado de ser un excelente periodista”. Estaba convencido de que las mejores críticas a sus libros venían de Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Francia e Italia. Curiosamente, en la lista no estaba la Argentina. “Como he sido crítico, también sé que muchas veces se lee con el hígado, con las simpatías y antipatías personales”, decía el autor de Réquiem por un país perdido (2003) y El cantor de tango (2004). “Ahora me da lo mismo cómo leen, ya no me importa, pero sé que me van a leer con el hígado, con los riñones, con el buen o malhumor del día. Es decir que van a leerme como me quieren leer”. El hombre que se lanzó a la aventura de escribir uniendo dos grandes ríos que son afluentes de un mismo mar, el periodismo y la literatura, deja un puñado de libros inolvidables.

más novedades editoriales...

Publicado en General el 31 de Enero, 2010, 22:07 por MScalona


LA EDITORIAL CORDOBESA  "RAÍZ DE DOS" está preparando

una Antología de Narrativa titulada DOS CIUDADES

,Córdoba-Rosario, con textos de autores de los

dos lugares, a presentarse en Rosario en abril del

corriente: 

Sergio Gaiteri ; Reyna Carranza ; Cristina Loza ;

Federico Falco ; Daila Prado ; Jorge Cuadrado ;

Reynaldo Siettecase ; Osvaldo Aguirre ; Cecilia Muruaga ;

Angélica Gorodischer ; Rafael Ielpi ; Marcelo Scalona 

y Delia Crochet .-

Scalona = Homo Sapiens

Publicado en General el 31 de Enero, 2010, 21:59 por MScalona

Un panorama diverso y renovado

                                        

                             

El panorama de la narrativa y poesía santafesina tendrá nuevos títulos en 2010. Editorial Ciudad Gótica anuncia colecciones de poesía, narrativa, ensayo y poesía joven y tendrá su apuesta máxima con la Obra reunida, de Jorge Isaías, en tres tomos de 350 páginas, con la versión completa de Crónica gringa. El libro aparecerá junto a una muestra homenaje al escritor, al cumplirse 40 años de la publicación de su primer libro, La búsqueda incesante (1970).

Ediciones Diatriba, en Santo Tomé, tiene preparado La manguera, poemas de Cecilia Moscovich, y proyecta una selección de textos del blog de Rocha (www.rochaestaloca.blogspot.com) y la reedición de Resiste, volumen que reúne tres libros del poeta sanjustino D. J. Buenmozo. A su vez, Ediciones UNL publicará Panorama de poesía de jóvenes santafesinos, compilado por María Angélica Hechim.

La rosarina Papeles de Boulevard anuncia tres libros de poemas: Visiones fugitivas, de Ana María Cué, Oficio mudo, de Alicia Acquaviva, y Blues de escena, de Virginia Gazze. "Estamos trabajando sobre futuras ediciones de otros autores y considerando otros proyectos que daremos a conocer en el transcurso de este año", dicen los editores.

Homo Sapiens presentará la colección "Rosario, Ciudad y Orilla", dedicada a la narrativa local, con dirección de Marcelo Scalona. Estuve, de Miguel Sedoff, será el primer título.

A su vez, Fundación Ross continuará la colección Semillas de Eva, que dirige Gloria Lenardón, con Tres relatos y un infortunio de Lourdes Vázquez y la antología Cuando narradoras latinoamericanas narran en Estados Unidos, en dos volúmenes.

Este año se presentará una nueva editorial en Rosario, dirigida por Beatriz López, con asesoramiento de Gloria Lenardón y Marta Ortiz en el área de literaria. El plan prevé publicar textos de literatura, política, historia y sociología. En abril se presentará la colección Narrativas contemporáneas.


a teru...

Publicado en Nuestra Letra. el 31 de Enero, 2010, 12:37 por Gonza!

Busco, inspiración. Ese golpe suave en el cuerpo que duela tal cual mil catapultas apuntadas al pecho. Ganas esas de tomar del cuello al arte, destruir las formas, los conceptos. Necesito de ese temblor del suelo, de esa magia grisácea que me lleve al otro lado, a ese país de espumas blancas donde las letras brotan, y el camino es claro, y la duda amiga, aliada. Me he perdido yo mismo esperando esa noticia que llegue, el anunciar, la promesa de que pronto acometerá el milagro, el alerta, esa tormenta inculta que se porfía.

Y el tiempo nos muere de a uno los pasos, el avance me es lento y te busco en esta lluvia de verano, pido a gritos el estallido irrumpa, y avanzo solo, empapado en esta rítmica verticalidad que arrolla,  y sean musas, pido, las que broten como gotas, se fundan, (el camino es tan largo), los pasos: tan muertos están todos, busco, inspiración que demuela mis piernas, y derrita mis letras, y me encuentre en esa zona ambigua de formas, de rastros donde al fin me enfrento a mi mismo, y soy yo de nuevo, tan torpe vagando, en esta lluvia que aprieta, y azota, y afirma, y ya no duele.

  
Autores
Lorena Aguado, Carlos Bagnato, Tomás Boasso, Ma.Paula Cerdán, Gabriela Gervasoni, Carlos Descarga, Pablo Javkin, Analía Lardone, Verónica Laurino, Lilian E. Marín, Marcelo Scalona, Daniel Valdez, Roberto Vince, Omar Maya, Juan J. López Puccio, Pilar Almagro Paz, María Laura Isaia, Laura Corti, Adolfo Villatte, Luciano Galimberti, Nicolás Doffo, Mirta Pujol, Celeste Galiano, Ramiro García, Fabián Trovatto, María L. Martínez, Pablo Castro, Alicia Catania, Silvia Tombolini, Iberia Oñate, María S. Barta, Fernando Sauro, Gabriel Bortnik, Gonzalo Ruzafa, Mabel Savarino, Mariano Aliau, Sandra Fabi, Martha Corsalini, Alejandro Caponi, Carolina Musa, Mirta Guelman, Francisco Kuba, Claudio Berón, Susana Paganini, Celina Russo, Patricia Barchesi, Carlos Santini, Patricio Magnano, Silvia Ríos, Rubén D. Musante, Ariadna Machain, Fernando Artana, Felicitas Maini, Gerardo Bussi, Romina B. Zampa, Ayelén Coduri, Bruno Preatoni, María C. Rivarola, Norma Pérez, Mayra Rodríguez, Flavio Luciani, Florencia Oviedo, Germán Gómez, Ricardo Parma, Damián Fornaso.-